viernes, agosto 19, 2022

LOS DOS PRIMEROS CONCIERTOS DEL FESTIVAL ARGERICH

               Martha Argerich vuelve a 81 años al Colón tras varios años de ausencia. Se recuerda esa magnífica etapa con Daniel Barenboim en la que el Festival lo manejaba él. Ahora es ella la que armó 8 funciones (la segunda repetida) desde el viernes 12 hasta el viernes 19 de agosto, trayendo a su ex marido Charles Dutoit y a dos pianistas aquí desconocidos, Sergei Babayan y Dong Hyek Lim. El concierto inicial tuvo un Colón atestado de gente. Ella tocó una obra que se escuchó en sus manos varias veces en Buenos Aires Ciudad: el Concierto para piano y orquesta en Sol mayor, M. 83, de Maurice Ravel.

               El Colón no siempre la albergó: siendo muy joven la puse en la tapa de mi revista Tribuna Musical Nº 4, de agosto 1965; ella tenía 25 años. Comenté su concierto del 19 de junio, donde su amado Schumann fue representado por la Toccata y la Fantasía; luego la Sonata Nº 3 de Prokofiev y terminó con dos obras de Chopìn: la Barcarola y la Sonata Nº 3. Accedió a que le haga una entrevista y en ella mostró claramente su personalidad tan franca y cordial. Algunas frases: "yo no creo en las escuelas; hay que probar un poco de todo". En cuanto a profesores suyos: "Para Gulda las cosas se resolvían dentro de un plano musical práctico; Madeleine Lipatti se situaba dentro de una poética general. Creo que ambas cosas son necesarias". En cuanto a su repertorio: "Tengo un gran entusiasmo por los románticos, que antes me resultaban difíciles. En cambio, no hago Mozart, Debussy o Ravel con la frecuencia de hace unos años". "Siento un amor especial por la música de Prokofiev. Concilia el cantábile con el ritmo percusivo y debe ser ejecutado con brillantez". En cuanto a trabajar con orquesta: "desgraciadamente nunca se tienen los ensayos necesarios para lograr una visión de conjunto sólidamente coordinada". "Creo que nunca se termina de progresar, y que los conceptos interpretativos van cambiando con los años". Y fue exactamente así. La gran lástima es que dejó de dar conciertos para piano solo y a grabar discos de ese tipo; menos mal que algunos han quedado. Lo sorprendente es que, habiéndose dedicados desde entonces a tocar con otra persona (con un pianista o con un violinista o con un cuarteto), se la considere una de las grandes pianistas de toda esta inmensa carrera. Pero hay algo muy importante: "desde 1998 es la Directora Artística del festival Beppu en Japón; en 1999 creó el Concurso Internacional de piano y el Festival Martha Argerich en Buenos Aires" (en el que colaboré) y en junio de 2002 el Progetto Martha Argerich en Lugano". Con razón, cuando fue injustamente maltratada por la Filarmónica por razones gremiales, no vino a Buenos Aires durante muchos años; pero luego, a través de conciertos en otras ciudades, como Rosario, fue acercándose a la Argentina. Y luego, ese Barenboim que fue luego maltratado por el Colón la llevó al CCK, pero antes del mal rato trabajó con ella en el Colón. Hay que agradecer a la actual dirección que reciba este Festival Argerich. Último comentario reminiscente: mi amigo Antonio Pini, que después fue dos veces director artístico del Colón (lo acompañé en la primera vez), estaba en la embajada argentina en Praga y tuvo lugar el Prazske Jaro, un Festival muy atrayente, que entre otras magníficas noches musicales ofreció un concierto dirigido por Dutoit donde Argerich tocó un concierto; Pini los invitó a tomar un café después del concierto y tuvimos una grata charla (ya que yo estaba cubriendo el Festival para mi revista).

               Tras este largo introito, voy al primer concierto de este año. En realidad Argerich tocó varias veces en Buenos Aires el Concierto de Ravel, siempre con excelente resultado, y en general la orquesta acompañó bien. Lamento decirlo pero esta vez (me resulta incomprensible en un especialista raveliano como Charles Dutoit: su completo "Dafnis y Cloe" con la Orquesta de Montreal es de calidad antológica) me resultó floja la intervención de la orquesta con frecuentes fallas y un sonido intermitente particularmente mediocre en el primer movimiento. Ella tocó admirablemente, sin embargo, en el estilo que se le conoce, salvo que algunos fragmentos en los que Ravel apacigua la brillante y difícil música fueron tocados demasiado pp. El segundo movimiento, lento, en el que durante un largo rato el piano toca solo, fue expresado con gran belleza, y luego la orquesta, sobre todo el corno inglés, mejoró. Y el deslumbrante tercer movimiento, lleno de jazzísticos detalles, fue pasable en la orquesta y perfecto en las manos de Argerich.

                Por supuesto hubo un enorme aplauso y ella dio una pieza fuera de programa pero tocada a 4 manos: "Laideronnette, Impératrice des pagodes" ("Feíta, Emperatriz de las pagodas"), Nº 3 de la Suite "Ma Mère l´Oye" ("Mi Madre la Oca"); la obra completa es bastante más larga. La música es más bien rápida y levemente china; el tempo de Argerich fue muy rápido, demasiado; pero lo interesante es quién tocó el piano en la zona grave, y resultó que se trata de su nieto de 13 años, David Chen, curiosamente vestido con la camiseta de la Selección Argentina de futbol…Pero Chen es hijo de Lyda Chen-Argerich, la hija mayor de Martha, que es violista, y del pianista Vladimir Sverdlov-Ashkenazy. El niño ganó concursos de piano y estuvo en festivales de Martha; estudia en Ginebra. Su abuelo Chen es de origen chino.  Y bien, el niño tocó satisfactoriamente y supo combinarse con su abuela.

               Con la Sinfonía Fantástica de Berlioz se reivindicaron tanto Dutoit como la Orquesta. Es bien sabido que esta muy difícil sinfonía es extraordinaria; un punto álgido del progreso orquestal y fundamental para cualquier orquesta sinfónica del mundo. Dutoit tiene ahora 85 años pero se maneja como si tuviera 60, clarísimo en sus indicaciones y experto en el estilo. Fue en suma una versión memorable, para recordar, y ponerla en mi experiencia con las versiones de Van Otterloo (1962, con la Orquesta del Colón), Cluytens con la Orquesta Nacional de Bélgica (la ví en Bruselas en 1967), Markevich con nuestra Filarmónica (en 1968) o Barbirolli con su Orquesta Hallé en Buenos Aires (también 1968); y muchas otras a partir de 1970. Pero uno no se cansa de escuchar, si la interpretación es la adecuada, esta maravilla de 1831.

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               El segundo concierto tuvo lugar el sábado 13 a las 20 hs (el que yo ví) y se repitió al día siguiente a las 17 hs. Las dos obras elegidas no pudieron ser más divergentes: la Partita Nº 2 en do menor, BWV 826, de Johann Sebastian Bach, con Martha Argerich; y "La historia del soldado", KO299, de Igor Stravinsky, obra muchas veces vista en Buenos Aires.

               Bien se sabe que es poco habitual que Argerich toque sola el piano, pero por alguna razón de gusto propio (ella es muy fiel a las cosas que le atraen y con las que se siente cómoda) esta obra de Bach la toca con cierta frecuencia y la grabó en 1979 en Philips y Deutsche Gramophon. La obra ha sido grabada por famosos del piano (Schiff, Badura-Skoda, Gould, Horszowski) y del clave (K. Richter, Leonhardt, Kirkpatrick). Hay una particularidad en la manera de Argerich de  no tomarse ningún respiro de una pieza a la otra: las 6 son tocadas como si estuvieran  unidas. Son: Sinfonia (lento-rápido), Allemande, Courante (lo toca muy rápido): Sarabande, y muy pegados, Rondeau y Capriccio, muy brillante. La ejecución fue impecable, manteniendo firme el ritmo y el fraseo de cada pieza. Nada hizo notar que tiene 81 años. El público pidió algún extra, pero no lo hubo, salvo un chiste de 2 segundos: tomó ese tiempo tocando el piano antes de irse sonriendo.

               El KO299 me intriga, no me figura en mi grabación ni en el catálogo R.E.R. de grabaciones. El texto es de Charles Ferdinand Ramuz y lo vi en Buenos Aires en francés con Tatave Moulin dirigida por Washington Castro (creo que en 1954) y de vuelta con Moulin dirigida por Calderón, posiblemente en castellano porque figura Labat, en 1966. Y un grupo europeo lo interpretó en 1967 en dos versiones en el mismo concierto: narrada y bailada, y con el Música Nova Ensemble (pienso que alemana).  Desde 1970 se dio bastante seguido y recuerdo un año en el que tres versiones se presentaron con distintos artistas.

               Debo ser franco: en la versión que se vio quedé bastante conforme con la parte musical pero no con la hablada y actuada, particularmente porque varios gritaban de un modo muy desagradable. La obra tiene 2 partes; la primera con 5 fragmentos, algunos con música y otros sin, hablados. Es muy larga la relación del Soldado con el Diablo, que le da un libro que le dará riqueza a cambio del violín que toca el Soldado. La Segunda Parte va desde el VI (Marcha del soldado) a la XIV, Marcha triunfal del diablo. Musicalmente lo más positivo es cuando el Soldado baila con la Princesa: Tango, Vals y Ragtime. La traducción al "argentino" estuvo bien realizada por Gabriela Massuh. La dirección escénica y dramaturgia es de Rubén Szuchmacher y es el culpable del estentóreo griterío, no sólo del Soldado (Peter Lanzani) y el Diablo (Joaquín Furriel), sino también de la Narradora Annie Dutoit Argerich (que narra en buen "argentino" pero en varios momentos grita. Lo lamentable es que Lanzani y Furriel son muy buenos actores y podrían utilizar de modo más saludable el micrófono, ya que se mueven hábilmente. Hay unas sillas y una pantalla que parece de cine pero sólo es utilizada para que el Soldado y el Diablo desaparezcan y aparezcan, con algunos matices de color (Gonzalo Córdova). La coreografía de Marina Svartzman es simple porque la Princesa puede ser bailarina pero el Soldado es actor. Cumelén Sanz básicamente baila (el mérito del Soldado es haberlo logrado ya que la Princesa estaba enferma) y habla muy poco, por suerte sin gritar. Me parece una exageración, teniendo en cuenta que Dutoit es un especialista de la obra casi desde el principio de su carrera, que haya un Director Musical Asistente (Santiago Santero) y un pianista preparador (Rodrigo De Caso).

               Ya que los 7 ejecutantes tienen amplia práctica, y Dutoit vino con frecuencia al Colón, naturalmente el estilo de la música y el buen nivel obtenido son lógicos, y es justo mencionarlos.

Elías Gurevich, violín (el que más toca); Elián Ortiz Cárdenas, contrabajo; Mariano Rey, eximio clarinetista; Gabriel La Rocca, fagot; Fernando Ciancio, trompeta (tiene momentos brillantes en la partitura); Matías Bisulca, trombón notable; y Christian Frette, percusión (de una familia famosa por esta especialidad).  

En suma, lo musical fue mejor que lo hablado; lástima. La obra sigue siendo típica del momento tan difícil en que se creó: 1917, plena guerra, Suiza neutral.

Pablo Bardin

 

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viernes, agosto 12, 2022

NADINE SIERRA, ADMIRABLE SOPRANO DE ESTADOS UNIDOS


               Pronto la vamos a tener en "L´elisir d´amore", con notables colegas. La conocí durante el Covid como una de las valiosas sopranos del Met, ya que esa institución hizo disponible una selección de las óperas presentadas en sus grandes temporadas. Y ahora pude admirar el sábado 23 de julio el talento de Nadine Sierra, en un recital donde la acompañó el pianista Kamal Khan, que fue quien la descubrió. Una sola molestia: no me gustan los cambios de programa, sobre todo cuando no se comunican, y eso ocurrió. La Primera Parte debía comenzar con la gran presentación de Norina en "Don Pasquale" de Donizetti: "Quel guardo il cavaliere", y en cambio tuvimos "Je veux vivre", el simpático vals de Julieta en "Roméo et Juliette" de Gounod. Si bien tras haberlo cantado el pianista explicó el cambio, no mencionó los que luego hubo. Ella, muy bien vestida, cantó agradablemente el vals: grato timbre y buena técnica, con algún detalle agregado; y debería haber marcado más las "apoggiature" abundantes.

               La "biografía" en el programa de mano es muy incompleta y esencialmente informa lo que cantó recientemente: apariciones "en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, Ópera de Las Palmas, la Ópera Estatal de Berlín junto a Daniel Barenboim, el Metropolitan ("Met"), la Ópera Nacional de Bordeaux, La Fenice de Venecia, la Ópera de San Francisco". Y en recitales, "la Sinfónica de Dallas, la Orquesta de Filadelfia con Yannick Nézet-Séguin y la Academia Nacional de Santa Cecilia con Antonio Pappano" (que nos visitó). Menciona nada menos que 7 casas de ópera y 3 orquestas sinfónicas y apenas estamos en Julio 2022. Y además figuran personajes que cantó en la temporada 2021/22, pero esto sería sólo en 2021: "La Traviata" en el Maggio Musicale Fiorentino (Mayo), Gilda de "Rigoletto" en la Ópera de París (después del verano) y en La Scala, que generalmente no empieza antes de Diciembre; y Lucia en el San Carlo di Napoli, la Ópera de Munich y el Metropolitan. Además recitales en la Filarmónica de Berlín, la Konzerthaus de Viena, la Sala Gaveau y varias más. En suma, un trabajo vertiginoso desde Mayo del año pasado hasta ahora en el Colón. Tuvo premios en 2017 y 2018 (este último en el Met) y grabó 2 discos para Deutsche Grammophon.

               En cuanto al pianista Kamal Khan, es según la "biografía" del programa indio-estadounidense y también dirige orquesta. "Ha actuado en todo el mundo"; sólo cito algunos lugares: en New York, el Met, Carnegie Hall; en Washington, The Kennedy Center. En París, el Palais Garnier. Figura el Colón (no aclara cuándo). Los teatros de Rio y Sao Paulo. En Méjico el Teatro Bellas Artes y el Festival Cervantino. En Japón, Tokyo y Osaka. Varios lugares en Corea y China, y en Sudáfrica dos casas de ópera. Entre los cantantes a los que acompañó figuran Domingo, Marcelo Álvarez, Hvorostovsky, Terfel, Justino Díaz, Juan Pons, Sherrill Milnes, Hermann Prey, Renata Scotto. Y en otro plano fue pianista con el violinista Joshua Bell. En suma, una intensa carrera.

               Nadine Sierra nació hace 34 años (está cerca de los 35) en Fort Lauderdale (cerca de Miami). Informa Cecilia Scalisi en La Nación: "de madre portuguesa y de padre ítalo-portorriqueño con rastros africanos, mayas y aztecas". Dice Sierra: "Corren por mis venas gotas de sangre de todas partes del planeta". Kantal Khan es "su mentor, coach y maestro de canto desde los 14 años, la guía ineludible con la que Nadine continúa estudiando y perfeccionándose porque ´Nunca siento que mi trabajo está terminado´". "´Todo lo que yo sé me lo ha enseñado Kamal. Llevo 22 años trabajando mi repertorio con él. Cantaré algo en portugués por mi madre y en castellano por mi padre´ ".  

               Después de Gounod una elección muy interesante: "Arpa gentil che fida" de "Il viaggio a Reims" de Rossini. Obra difícil y amplia, pudo verse en el Teatro Argentino en una buena versión pero no en el Colón. Tengo la espléndida grabación dirigida por Abbado. Verdadero muestrario de artistas de primer rango.  "Arpa gentil" está cantada en la grabación por Cecilia Gasdia. Quiero mencionar ahora una gran falla en este concierto: la carencia de los textos en su traducción castellana, como se ha visto en otros conciertos. Por cierto, se apreció la belleza de la música rossiniana y del canto fino y elegante de Sierra. Pero la mayor parte del público no vio la ópera en La Plata ni la tiene en CD. Y bien, tras un sexteto en el escenario, los 6 escuchan el arpa y la voz de Corinna (soprano); claro está que en el Colón no escuchamos un arpa, pero sí un fino arreglo para piano. He aquí mi traducción del italiano (el álbum tiene italiano, alemán, francés e inglés, pero no castellano). "Arpa gentil, fiel compañera me eres, unes a mi canto el sonido de alegría y amor. En la inflamada mente se agolpan las ideas; de las Musas siento el fuego en mi corazón. Arpa, une al canto el sonido de la alegría y el amor. Se desvanecieron las nubes. Adentro reina la dulce calma: de alegres días el alma prevé el bello fulgor. Espero que renazca un día la Edad de Oro, y que una dulce amistad fraterna reine para siempre en el corazón de los humanos. La Cruz, símbolo de paz y de gloria, brillará". Texto de Luigi Balocchi.

               Me llamó la atención que una artista tan ligada al arte italiano cante los Lieder de Richard Strauss, pero lo hizo con notable calidad en 5 de las célebres canciones. "Allerseelen" ("Día de los difuntos"), forma parte de las 8 canciones del op.10, con textos de Hermann von Gilm, y es la última de esta serie escrita en 1885, cuando era muy joven (19 años). Normalmente lo cantan barítonos, o tenores, pero sonó bien cantada por Sierra, muy concentrada. "Ständchen" ("Serenata), es rápida y simpática; se trata de la Nº 2 de los 6 Lieder op.17, texto de A. F. von Schack; 1886 (22 años); si bien suelen cantarla los barítonos, va muy bien en una voz fresca y joven de soprano. Hace poco me referí a "Morgen", en la versión orquestal, pero originariamente fue para voz femenina, Pauline De Ahna, mujer de Strauss; es su op. 27, de 1894 (28 años); la versión de Sierra fue conmovedora y asombró su expresividad; texto de John Henry Mackay. El "Wiegenlied" ("Canción de cuna"), es el Nº 1 de las 5 canciones del op.41, datado 1899, texto de Dehmel; interpretación fina y cálida, con notable capacidad para sostener largo tiempo la última nota. Y "Cäcilie", texto de J. Hart, op. 27 Nº 2, intenso y brillante, muy bien cantado.

               Sin decir una palabra, se saltearon una obra de Joaquín Turina y fueron directamente a Verdi y la extensa combinación de Violetta al final del Primer Acto de "La Traviata". Recitativo "È strano; Aria "Ah fors¨è lui"; recitativo "Follia!"; y aria "Sempre libera", por supuesto sin la lejana voz de tenor que hay en la ópera. Con un estado excelente de su voz y muy clara pronunciación, Sierra terminó la Parte I con gran impacto en el público.

               La Parte II debía empezar con los "Cuatro madrigales amatorios" de Joaquín Rodrigo, muy gratos y de notable lucimiento; sin mencionar que lo eliminaban, pasaron a "Depuis le jour" ("Desde el día"), la atrayente aria de Louise en la ópera así llamada de Gustave Charpentier. Ciertamente no me hizo olvidar a Ninon Vallin o a Montserrat Caballé, espléndidas; sin embargo, fue un buen canto, aunque con un francés de mediana calidad.

               Y ahora sí se escuchó a Turina: "Homenaje a Lope de Vega", en 3 cantos: "Cuando tan hermosa os miro", "Si con mis deseos" y "Al val de Fuente Ovejuna". No conocía esta obra y me resultó un placer escucharla, compuesta con elegancia y buen gusto. Muy bien cantada y tocada, un pequeño error de ella al iniciarse el tercero en unos segundos fue solucionado y también allí se la escuchó muy desenvuelta y con un tono castizo. Regina Resnik la grabó en 1968 con el pianista Richard Woitach (Sony). Turina (1882-1949) los compuso en 1935; es su op. 90.

               De España a Estados Unidos, con dos obras de Leonard Bernstein, aunque cambió el orden; empezó con "Somewhere", la tan expresiva canción de María en "West Side Story", que por supuesto es con orquesta; y luego, una canción nueva para mí, que me resultó muy lograda: "A Julia de Burgos". Típica de su estilo, es parte de la "Songfest", "obra celebratoria del bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos" (Gustavo Fernández Walker). Resulta que Julia de Burgos era una poetisa de Puerto Rico defensora de sus derechos.

               También cambió el orden de dos piezas brasileñas. Empezó con "Engenho novo" de Ernani Braga (1888-1948), una pieza áspera, parte de las "Cinco canciones del Nordeste Brasileño", con las síncopas del Baiao. Hay grabación de Bidú Sayao (1947), pero allí aparece como 7 canciones. La "Melodía sentimental" de Villalobos lo es en efecto, melódica al máximo; con buena razón Sierra la cantó con dulzura.

               Volviendo a España para cerrar el concierto. Fue a la vez divertida y difícil "Me llaman la primorosa" de "El barbero de Sevilla" de Jerónimo Giménez (1854-1923), nada que ver con la de Rossini y muy graciosa. Sierra comunicó a la perfección los chistes y lució su voz a pleno. Esta zarzuela es de 1901 y el fragmento que escuchamos está grabado por Isabel Rey con la English Chamber Orchestra dirigida por nuestro compatriota Enrique Ricci. Giménez es conocido por "El baile de Luis Alonso", y con buena razón: es muy grato. Por supuesto, Kamal Khan fue un muy sólido pianista durante todo el concierto.

Cuatro piezas fuera de programa ante el entusiasmo del público. No habíamos escuchado Puccini: ahora se apreciaron muy buenas versiones de "Sì, mi chiamano Mimì" de "La Bohème" y "O mio babbino caro" de "Gianni Schicchi". Y en el medio, una canción justamente muy conocida de Guastavino, "La rosa y el sauce", texto de Silva; y un fragmento de "Kismet", un "musical" basado en música de Borodin. La semana próxima la veremos en Donizetti.

Pablo Bardin

                

               

SEGUNDO CONCIERTO DE LAS SONATAS PARA PIANO DE BEETHOVEN

               Este segundo concierto de la integral de sonatas para piano beethovenianas se demoró unos minutos debido a que Pepe Cibrián terminó una presentación algunos minutos más tarde de las 20, pero no fue mucho: Martha Noguera inició su programa casi a las 20, 15. El concierto no resultó largo pese a una peripecia a la que luego me referiré.

               Se inició con la Sonata Nº 2 op. 2 Nº 2, en La mayor. Está en 4 movimientos de considerable dificultad (como en la Nº 1 del op. 2, que comenté hace 2 semanas, el lenguaje beethoveniano ya es inconfundible tan joven). Al igual que las otras 2 del op. 2, tiene 4 movimientos; su duración es considerable (25 minutos), como la Tercera (28 minutos); en cambio la primera es más breve (19 minutos). Las tres están dedicadas a Joseph Haydn, muy respetado tanto por Beethoven como por Mozart. Empieza la Nº 2 con un Allegro vivace en 2/4 en forma sonata; el tema principal resulta alegre, con abundantes tresillos y subidas y bajadas. La segunda melodía está marcada "espressivo", en corcheas. Luego retorna el material rápido para concluir la exposición; ésta se repite antes de pasar al desarrollo, en donde las manos se cruzan y aparecen ff inesperados; durante más de 2 páginas la música se siente dramática antes de llegar a la reexposición; la breve coda es pp. El segundo movimiento contrasta profundamente: es un Largo appassionato bastante extenso. Al inicio los acordes están acompañados por la mano izquierda con staccati; la música mantiene su sentido dramático y varía su estructura, apareciendo algo bien de este compositor: los sfp (sforzando piano). Termina pp. Lo habitual en esa época era que el tercer movimiento fuera un Menuetto; no así en esta sonata, que nos da un Scherzo liviano aunque Allegretto y con silencios; el Trío es corto y melódico antes del retorno del Scherzo. La Sonata finaliza con un Rondó grazioso con una melodía principal que se basa en el contraste entre un primer compás que va rápidamente desde notas graves hasta las agudas y luego hace escuchar una grata melodía hábilmente expresada. Pero el contraste es grande; se recordará que el rondó tiene esta forma: ABACA. EL B en este caso cambia de tonalidad y es dramático y "staccato sempre". Tiene una considerable extensión en su imaginativa manera de ir variando el material. Vuelve A con brillantes pasajes y pasa algo desconcertante: A está tan cambiado y extenso que hay un pasaje al que podría considerarse un C antes de la coda que termina piano.  La interpretación de Martha Noguera me resultó adecuada en tempi y flexibilidad; sólo advertí que en ciertos momentos pareció que alguna nota faltó.

               Gran salto a la Sonata Nº 28 en La mayor, op. 101. El Beethoven plenamente maduro y ya cercano a la inmensa Sonata "Hammerklavier". Su primer movimiento es muy melódico: "Más bien rápido y con la más profunda expresión". Sin duda uno de los movimientos más sensitivos del compositor, refinado, bello. En total contraste, el segundo movimiento, "Vivace allá Marcia" ("Lebhaft. Marschmässig") , es bastante violento; los primeros 8 compases se repiten, y luego 3 compases llevan a un amplio desarrollo siempre sobre el mismo ritmo. Sigue el equivalente al Trío en un Scherzo, con música más serena y en otro ritmo, y en tempi suaves. Y luego vuelve el Vivace allá marcia. Pero lo más notable es el extenso final, que liga al Tercer movimiento con el Cuarto. Empieza "Adagio ma non troppo, con affetto" ("Langsam und sehnsuchtsvoll"), 2/4, una cuerda; 20 compases serenos en "piano", y luego sin compás un florido juego del piano lleva al 6/8 y se vuelve a escuchar la melodía del primer movimiento; en apenas 4 compases llegamos a un extenso trino, Allegro, 2/4, y se inicia el muy desarrollado cuarto movimiento (9 páginas); de modo sui generis, se nota una influencia bachiana. Las primeras 2 páginas se repiten, y en ella hay una fuga al principio tradicional pero luego muy distinta, convirtiéndola en una amplia variedad de elementos derivados de la fuga hasta que se llega a la enorme estructura de las restantes 7 páginas, también sobre esa fuga pero con una variedad superlativa e intensa; las semicorcheas dominan. Se llega a la coda, de una página: dos acordes ff; silencio; 2 acordes p; silencio; y en p y pp se juega con la melodía de la fuga. Un ritardando de 4 compases y a tempo termina con 3 compases ff. Sólo en los minutos finales se notaron dos problemas en la ejecución: una muy breve parada no escrita, y una repetición de varios compases que pareció un momento desorientado. Y luego los compases finales fueron correctos. Lo que entonces sucedió fie inesperado: ella le dijo a la audiencia que el piano no estaba respondiendo y si alguien podía ayudarla. Un amigo de largo tiempo probó el piano y le resultó sin problema. Ella lo aceptó y siguió tocando las restantes sonatas…y tocó muy bien esas otras, aunque debo resaltar que, salvo esos detalles al final, la Sonata Nº 28 tuvo una buena interpretación.  

               La Sonata Nº 24, en fa sostenido mayor, op. 78, sólo tiene 2 movimientos y dura 8 minutos. El primer movimiento se inicia con un Adagio cantábile brevísimo (4 compases) y sigue un "Allegro, ma non troppo" sumamente grato, con una melodía muy elegante. La Sonata está dedicada a la Condesa Therese von Brunswick. No es fácil de leer, ya que el fa sostenido mayor tiene 6 sostenidos, pero la música es liviana y bella, en 36 compases que se repìten. El siguiente desarrollo con su coda llega hasta el compás 107 y tiene la curiosa característica de también tener repetición. Casi todo es p salvo algún f y ff. El Allegro vivace en 2/4 es rápido, fresco y divertido, aunque nada fácil; se caracteriza por un breve tema de pregunta y respuesta y varios pasajes de 2 semicorcheas contestadas por otras 2 en la mano izquierda. Noguera lo resolvió sin dificultad aparente y con el carácter adecuado.

               No voy a dar detalles sobre la Sonata Nº 14, en do sostenido menor, op. 27 Nº 2. Tiene para empezar ese triste claro de luna lento (Adagio, expresado impecablemente por Noguera. Es una de las 2 sonatas "quasi una fantasía" y está dedicada a la Condesa Julie Guicciardi. Ese adagio sostenuto se toca siempre "piano". El segundo movimiento, Allegretto, es distinto en su carácter, un intermedio de apenas una página; no es un Scherzo pero sí trae un Trío y apenas dura 2 minutos y medio. El Presto agitato final es dramático en todo momento y muy arduo, con sus semicorcheas fulgurantes en la mano derecha mientras las blancas acompañan, alternándose con una expresiva melodía en blancas en la derecha y semicorcheas acompañando; toda la primera parte se repite. La segunda parte mantiene la velocidad y el sentido dramático. Tras un largo período hay dos compases de fusas que llevan a la coda: un virtuosístico episodio lleva a un compás Adagio, y el Tempo I lleva al fortissimo en dos últimos acordes. Y bien, el trabajo de Martha Noguera fue impresionante y no en balde provocó un cerrado aplauso de varios minutos. Le auguro que en su tercer concierto se halla amigado con el piano o le hayan realizado algún cambio positivo.

Pablo Bardin

               

CONCIERTO DEL MEDIODÍA CON AMALIA PÉREZ Y MARCELO BALAT


               Por razones que ignoro (quizá ligado a que tocó el Concierto Nº 1 para flauta de               Mozart con la Sinfónica Nacional días antes) el concierto de Amalia Pérez con el pianista Marcelo Balat se postergó una semana…pero los piqueteros acamparon delante de la Casa Rosada, cerca del CCK, donde en -2 funciona la sala de cámara. Resultado: habitualmente llego desde Palermo en 20 minutos, pero el 10 de agosto me tomó 1 hora y pagué el doble al taxista. Y gracias a que muchos utilizan el subte justo delante de la entrada al CCK, había bastante gente y empezaron a la hora (las 14). La primera obra se estaba tocando: "Bilitis", transcripción para flauta y piano de los "Seis epígrafes antiguos" de Claude Debussy realizada por Karl Lenski, con títulos como "Para una tumba sin nombre" o "Para agradecer la lluvia matutina". Lamenté no escucharla; Pérez y Balat seguramente eligieron bien, son artistas de gran sensibilidad. Los epígrafes están basados en una obra anterior de Debussy, "Trois chansons de Bilitis", de los nada menos que 143 poemas de Pierre Louÿs; inventó a Bilitis como "una poetisa contemporánea de Safo quien habría vivido en la isla de Lesbos" (Claudia Guzmán).

               Charles Widor (1844-1937) es famoso por sus obras abundantes para órgano, pero también escribió para otros instrumentos, como la Suite para flauta y piano, op. 34, en 4 movimientos: "Moderato", "Scherzo: Allegro vivace", "Romance: Andantino" y "Final: Vivace". Muy grata y bien escrita, mi catálogo R.E.R. 2000 informa que hay 6 grabaciones, incluso de Peter-Lukas Graf y James Galway. Widor es famoso por sus 10 sinfonías para órgano, pero también creó muchas canciones y algunas obras religiosas.  La Suite es de 1898 según el R.E.R., pero Guzmán da un dato distinto: 1877. Como es lógico, Widor la concibió para el gran flautista Taffanel. Los 4 movimientos tienen un considerable encanto, siendo el Vivace de considerable virtuosismo. Los dos artistas forman parte de la Sinfónica Nacional: Pérez como flautista principal y Balat a cargo del piano y la celesta. Son de muy alto nivel y podrían estar en cualquier gran orquesta de Europa. Me dio gran placer escucharlos.

               Si la obra de Widor no la conocía, en cambio hace mucho que tengo grabaciones de una sonata de Sergei Prokofiev que tiene dos formas: flauta y piano, op. 94, y violín y piano. Es asombrosa la cantidad de música que escribió en plena guerra, 1943; no sólo esta sonata, también la magistral música para la esencial película de Eisenstein, "Iván el Terrible", y en total contraste, ese ballet de total encanto, "Cenicienta". Y estaba escribiendo, naturalmente, la ópera "Guerra y Paz" sobre la novela de Tolstoi. Esta sonata tiene 4 movimientos: "Moderato", "Scherzo", "Andante" y "Allegro con brio". Si bien es una obra dominada por la calidad melódica y con serenidad en parte del "Moderato" y en el "Andante", tanto el Scherzo como el Allegro final tienen escritura brillante. Pero además aparece en el primer movimiento el segundo tema, que Guzmán retrata así (y estoy de acuerdo): "el sombrío sarcasmo de aquellos pasos de marcha que se plantean cual una danza de la muerte". La interpretacíón fue magistral por ambos artistas, que se entienden perfectamente no sólo en lotécnico, también en la comunicación del significado de la partitura.

               La pieza extra fue el Nocturno de Lily Boulanger, fina e impresionista, dada impecablemente por los artistas.

               Las circunstancias hicieron que un grupo grande llegó tarde y tuvo que esperar para entrar; yo me senté cómodamente en la última fila, donde se ve y escucha muy bien.

Pablo Bardin

MÚSICA RUSA FAMOSA EN LA FILARMÓNICA


               Había mucha gente en el Concierto 12 de la Filarmónica de Buenos Aires; quizá por las

obras rusas elegidas o porque iba a tocar el Segundo concierto para piano de Rachmaninoff una célebre pianista, Khatia Buniatishvili; pero se enfermó y debió ser reemplazada. Nuevo para mí, llegó un pianista, Simon Trpceski. Y la otra obra fue la Sinfonía Nº 6, "Patética", de Tchaikovsky, su despedida del mundo. El director fue una valiosa figura, el limeño David del Pino Klinge. El programa de mano ya estaba impreso con la biografía de Buniatishvili. El cambio fue anunciado antes del concierto pero antes recibí un envío de la Prensa del Colón donde se explicaba que la pianista iba a ser reemplazada por Trpceski pero no daba ningún dato sobre su carrera. Estuve buscando en Internet y he aquí ciertos datos. Nació en Skopie, Macedonia, 42 años. Debut en 2001 en el Wigmore Hall de Londres. Ganó certámenes en Reino Unido, Chequia e Italia (2001-2003). BBC Radio 3: New Generation Scheme, 2005. Gira: orquestas de New York, San Francisco, Los Angeles, Singapur, Hong Kong y Toronto. Estocolmo, Bergen, Gotenburg, Helsinki. Quedó muy contento con el concierto en el Colón.

               Antes de seguir conviene dar algunos datos sobre el director de orquesta en el programa del Colón. Se formó en Madrid, Munich y Bologna. Galardonado en 1987 en el Concurso Internacional Arturo Toscanini. Algunas orquestas que dirigió: Sinfónicas de Munich, Colonia, Filarmónica de Württemberg, Filarmónica de San Petersburgo. Invitado habitual en los países sudamericanos; especialmente la Sinfónica de Chile. Exitosas giras con la Orquesta de Georgia (1991-97 y 2006-2009). Fue Director Artístico de la Sinfónica Nacional de Chile (1996-2006); trabajó con la Sinfónica de Caracas (2008-2015) y en Argentina varios años al frente de la Sinfónica Provincial de Rosario a partir de 2015 y Director artístico de la Universidad Nacional de Cuyo (1993-2000). Además ha sido Académico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile (2001-2013). Es, en suma, un artista sudamericano de primer rango.  

               La versión del Concierto Nº 2 de Rachmaninoff, que tuvo su primera audición en noviembre de 1901 y fue un gran éxito tras el injusto fiasco de su Primera sinfonía, estuvo de acuerdo con un factor poco común: con frecuencia la melodía es cantada por la orquesta y no por el piano, aunque siempre tiene mucho que hacer y muy difícil. Tengo las grabaciones de sus cuatro Conciertos para piano con el propio compositor y la Orquesta de Philadelphia con Stokowski y Ormandy y realmente son versiones antológicas. No olvidar que una obra esencial del compositor, la Sinfonía Nº 2, tiene magnífica orquestación y dura unos 50 minutos, y está cercana al Concierto Nº 2 (data de 1907; el Concierto Nº 3, importante y arduo, es de 1909). Del Pino Klinge cree en la plenitud sinfónica del Concierto Nº 2 y logró un sonido amplio y poderoso de una Filarmónica explayada; por su parte el pianista tocó con intensidad tanto cuando complementa a una orquesta que manda o cuando el que domina es el piano. Pero en el tercer movimiento, Allegro scherzando, el piano adquiere una especial brillantez y se equipara con una orquesta que sigue siendo una compañera en todo momento. En suma, una versión muy vital que fue recibida con entusiasmo por el público. Trpceski tenía prevista una pieza extra, la célebre Vocalise de Rachmaninoff, en la versión para violoncelo y piano; supongo que fue José Araujo pero estuve en la última fila, no pude ver fácilmente; sin embargo creo haber escuchado esa admirable afinación y belleza de timbre que lo caracteriza.

               Me llamó la atención que del Pino Klinge haya expresado al público el sentido que tiene la Sinfonía Nº 6 de Tchaikovsky, ya que no es habitual en obras tan conocidas presentarlas; no obstante, la explicó con claridad y síntesis. Su interpretación reveló que la comprende a fondo y la orquesta respondió de un modo muy convincente. En el primer movimiento tras los primeros minutos lentos y tristes, la tremenda explosión del compositor que revela su angustia; en el segundo, esa sensación de escuchar un vals cuando Tchaikovsky realizó un cambio notable; no está en 3 por 4 sino en 3 más 2; y los minutos finales son melancólicos. Lo que siempre me sorprende es el tercer movimiento, con su tremendo volumen, una super-marcha que termina a lo grande., muy bien lograda por director y orquesta; pero algo esencial pudo ser evitado: casi siempre el público aplaude entusiasmado al final; no esta vez porque los brazos del director quedaron en posición de seguir sin cortar, y así fue: de ese modo el "Adagio lamentoso" se escuchó como corresponde, indudable despedida de Tchaikovsky, y fue conmovedor. Gran aplauso al final ante una obra maestra en buenas manos y una orquesta concentrada.

Pablo Bardin

RETORNÓ JAVIER CAMARENA, ESTA VEZ CON ALYSON ROSALES

               Javier Camarena es uno de los mejores tenores de la actualidad, y el público no olvida su concierto en el Colón de hace 5 años. Este año está anunciado para la reposición de "L´elisir d´amore" de Donizetti a partir del martes 2 de agosto, dos meses (demasiado) después de la primera función de "Nabucco". Habrá 4 funciones para los abonos con Camarena, Sierra y Ambrogio Maestri y 3 con elenco argentino, todo desde el 2 al 10 de agosto. Será la cuarta ópera del año. Se agregó el concierto de Camarena fuera del abono denominado Grandes intérpretes, donde ya vimos a Plácido Domingo, Nancy Fabiola Herrera, Roberto Alagna, Sondra Radvanovsky y Nadine Sierra. Y ya está anunciado el contratenor Jakub Jozef Orlinski para el lunes 8 de agosto. A ello se añadió otro gran tenor pero iniciando el abono del Mozarteum el lunes 9 de mayo: Piotr Beczala. O sea, 4 tenores de gran categoría entre mayo y el fin de julio (aunque Domingo ahora es barítono). El concierto del sábado 30 de julio fue agregado, y el hecho de que el Colón me envió hoy 31 una larga explicación de una cena armada por el Director General Jorge Telerman

que se realizó después del concierto con la presencia de Camarena, Rosales y el pianista Ángel Rodríguez pero también del Jefe de Gabinete Felipe Miguel, del Ministro de Cultura Enrique Avogadro, del Secretario General de Relaciones Internacionales Fernando Straface. Y el menú fue preparado por Germán Martinegui. Que una cena en la zona del Primer Piso pudiera ser peligrosa (incendio) no pareció afectar a nadie. De paso, tanto Telerman como Miguel quisieron dar a entender que buscaban apoyo para enviar a artistas del Colón a las provincias.

               Camarena fue presentado por arreglo con Elisa Wagner/ICP. El pianista Ángel Rodríguez ha trabajado muchas veces con Camarena. Fue idea del tenor traer al Colón a una joven soprano chilena, Alyson Rosales, que resultó ser una revelación muy positiva. La Parte I se inició con dos fragmentos de "I Capuleti e i Montecchi", la ópera de Vincenzo Bellini que cuenta el drama de Romeo y Julieta no según Shakespeare sino sobre un autor italiano; la obra se presentó en 1830 en el Teatro La Fenice de Venecia con libreto del famoso Felice Romani. Buenos Aires la vio por primera vez en el Teatro de la Victoria en 1852; el Colón sólo la presentó en julio de 1971 con Renata Scotto (tuve el honor de tener una entrevista con ella), Renzo Casellato (Romeo) y Umberto Grilli (Tebaldo). Y es precisamente con la bella cavatina de Tebaldo que se presentó Camarena, tras mencionar su alegría de estar dando un recital en el Colón y de presentar a la notable soprano Alyson Rosales. Tebaldo (Primer Acto) está enamorado de Giulietta y lo confiesa ante Capello con una bella cavatina, "È serbato a questo acciaro" ("Está reservado a este acero"), con un texto que si bien se promete vencer con la espada a Romeo pronto piensa en Giulietta. El tenor hace un gran trabajo ya desde la primer aria del programa; tiene 46 años y su voz y estilo están en pleno: un refinado belcantista. A su vez Alyson Rosales impresionó muy bien en su dramática combinación de recitativo, "Eccomi in lieta vesta" ("Heme aquí en alegre vestido") y aria "Oh! quante volte" ("¡Oh! ¡Cuántas veces!"). Comenta Rodolfo Biscia en el programa de mano: "Cuya triste melodía reproduce la de un aria de ´Adelson e Salvini´, primera ópera del compositor". Antes del recitativo hay varios minutos orquestales muy atrayentes; algo se pierde en piano pero Rodríguez supo darle fineza y exacto tempo al tenor y la soprano. Ella se cree condenada ya que cree muerto a Romeo y no acepta casarse con Paris. Toda esa música es de principios de la Escena IV y llega a los 13 minutos (es lenta y expresiva).  Buena idea la de Camarena al combinar dos pasajes fundamentales de un Bellini de categoría. Tengo la espléndida grabación dirigida por Giuseppe Patanè con Beverly Sills (Giulietta), Janet Baker (Romeo) y Nicolai Gedda (Tebaldo).

               Como se recordará, "Spirto gentil", aria de "La Favorita" de Donizetti, tuvo inmenso éxito con Alfredo Kraus cuando se presentó la ópera en 1967 (gran versión con Cossotto, Bruscantini y el director Bartoletti). La última reposición fue en 1995 con Ramón Vargas, Gloria Scalchi y Hvorostovsky. La de Camarena fue superior a Vargas pero no llegó a los niveles memorables de Kraus.

               Pasamos a Verdi con el famoso dúo del Cuarto Acto de "La Traviata", "Parigi, o cara, noi lasceremo", donde ambos quieren creer que ella se recuperará y podrá convivir con Alfredo. El perfecto ajuste de Camarena y Rosales fue un gran placer: no sólo sus voces son las adecuadas para esta obra sino que en los pasajes donde cantaron juntos la exactitud de la melodía (un Verdi genial) no pudo ser mejor. Sin duda no sólo el tenor fue de primer orden: ella también (su timbre es muy bello y su musicalidad, auténtica). La Primera Parte cerró con una grata melodía de "I Lombardi alla prima crociata": "La mia letizia infondere" ("Mi regocijo quiero infundir"). El Colón sólo la presentó en 2005, dirigida por Bonynge y con un reparto heterogéneo. El tenor es Oronte y está enamorado de Giselda, doncella cristiana que está confinada en un harén en el palacio de Acciano, tirano de Antioquía. Se lo cuenta a Sofía, esposa de Acciano que en secreto se convirtió al cristianismo. Estuvo muy bien cantado por Camarena, con noble timbre y mucha expresión.

               La Segunda Parte empezó con recitativo y aria de "Le roi d´Ys" de Édouard Lalo. Biscia lo resume así: "Es la alborada que canta el caballero Mylio el día de su boda con Rozenn, una de las hijas del rey, poco antes de que las aguas sumerjan la ciudad de Ys". Su obertura es muy interesante y se ha tocado con alguna frecuencia, pero la ópera no fue representada en el Colón. El aria sucede al principio del Acto Tercero, cuando Mylio está por casarse con Rozenn. En la ópera su canto está acompañado de Coro; aquí escuchamos por supuesto sólo al tenor y con piano, pero la melodía es atrayente; tras un breve recitativo, el aria "Vainement, ma bien aimée"("Vanamente, mi muy querida"), cuenta en 4 estrofas que se casará con Rozenn. Camarena lo cantó con suavidad y dulzura. Olvidaba mencionar que esta vez el público pudo ver la traducción de los textos con el sistema tradicional: una pequeña pantalla a considerable altura. También que para los recitales se cubre la zona de la orquesta y se instala allí el piano.

               Camarena tiene buen dominio del idioma francés, y ello se confirmó tanto en Lalo como en Massenet. Escuchamos de "Manon" el monólogo de Des Grieux: el caballero está instalado en un lugar sagrado donde se ha recluido; el recitativo "Je suis seul" ("Estoy solo") lleva a una famosa aria, "Ah! Fuyez, douce image" ("¡Ah! Escapad, dulce imagen" de Manon); es un aria intensa bien resuelta por Camarena, muy musical aunque su voz es algo liviana para este personaje. Tuvimos en el Colón al Des Grieux Ideal: Nicolai Gedda (1970).

               Volvimos a Julieta con el recitativo y aria del "Roméo et Juliette" de Charles Gounod: "Dieu! ¿Quel frisson court dans mes veines?" ("¡Dios! ¿Cuál estremecimiento corre en mis venas?"); "Amour, ranime mon courage" ("Amor, reanima mi coraje"). Se trata del primer cuadro del Cuarto Acto, cuando el Hermano Laurent le dio una poción después de haberla casado con Romeo; al tomarla parecerá muerta pero tras unas horas despertará. En el recitativo, sola, teme que la poción no funcione y no podrá evitar casarse con Paris; en la extensa aria se asusta, cree ver al fantasma de Tybalt pero finalmente toma la poción: "Romeo, es por ti que la tomo". El final será trágico porque el mensaje del Padre Laurent no llega a Romeo; él la cree muerta y toma un veneno; ella se apuñala y mueren juntos.  La música del recitativo y aria es muy intensa y se pudo comprobar que el talento de Alyson Rosales es auténtico.

               No me atrajo la "Habanera" de "Carmen" en un arreglo para piano solo de Rodríguez, porque si bien es virtuosístico también resulta ser excesivo; hubiera sido mejor que no lo hubiera tocado pero pienso que los minutos de descanso de Rosales le fueron necesarios porque la Parte II cerró con las célebres arias del Primer Acto de "La Bohème" pucciniana: "Che gélida manina" (Rodolfo), "Sì, mi chiamano Mimì" y a dúo, "O soave fanciulla" ("Oh suave muchacha"), con ambos cantando; los últimos segundos estarán fuera del escenario y cantarán el Do agudo como triunfo de su amor. Los dos cantaron con calidad y se complementaron; un grato fin para el concierto.

               Las piezas extras fueron 5 y las cantó sólo él, evitando las óperas. "A vucchella" de Tosti, canzonetta con texto de D´Annunzio cantada suavemente; la cantidad de grabaciones es enorme; menciono a Caruso, Pavarotti, Schipa, pero también Tebaldi. Siguió un bolero mejicano, "Franqueza" (no sé quién es el autor), donde naturalmente se sintió muy cómodo. Luego, como tributo a Buenos Aires, un tango famoso, "Volver" ("con la frente marchita"), muy bien expresado.  La cuarta pieza fue una canción mejicana célebre, "Muñequita linda", de María Grever (1894-1951); la grabó Domingo. Es muy agradable y Camarena estuvo en lo suyo. Y finalmente, "Malagueña" (creo que de Lecuona), en la que hizo una demostración asombrosa de hasta qué agudo puede llegar y cuántos segundos aguanta en una nota determinada. ¡Llegó al Fa sobreagudo!

               No voy a citar las "biografías" del programa de mano porque son muy débiles, sobre todo la de Camarena. Sólo quiero mencionar dos cosas: que Rosales estudió en Stuttgart y que Rodríguez acompañó a muchos brillantes artistas: Pavarotti, Domingo, Villazón, Sierra, entre otros.

Pablo Bardin


LA SINFÓNICA NACIONAL PRESENTÓ UN VARIADO PROGRAMA

               El viernes pasado la Sinfónica Nacional presentó un programa variado en la Ballena. El director fue Ezequiel Silberstein, bien conocido por la orquesta y artista de considerable tarea en el Colón. Tuve acceso a la programación del año de la Sinfónica y este concierto no aparecía.

Valió la pena, ya que hubo una obra de Alberto Williams que probablemente esta vez se volvió a interpretar desde cuando se estrenó en 1944: "La bendición de los anillos", que forma parte de "Aires de la pampa" (ignoro cuáles otros fragmentos forman parte de esa partitura). Teniendo en cuenta que no se dan programas a los que asisten a los conciertos de la Sinfónica, bienvenida la breve pero útil charla de Silberstein, no sólo sobre Williams sino también en cuanto a las otras dos creaciones que escuchamos: el Concierto Nº 1 para flauta de Mozart, y la Tercera sinfonía de Brahms. La música se inició a las 20,10 y terminó a las 21,35. Muy fuerte aplauso final, pero programa corto.

               La producción de Williams fue enorme y ya que este año la carencia de medios hace que la música europea del siglo XX brille por su ausencia, útil e interesante que escuchemos algunos de los abundantes inventos del compositor argentino más fecundo. En cierto modo, lástima que pudimos apreciar sólo una parte de una obra más larga, ya que "La bendición de los anillos" apenas duró 7 minutos y el programa total 65 minutos. Se inicia con una noble melodía cantada por las cuerdas (A); sigue una reacción intensa y bastante ruidosa (B); vuelve A con escasos cambios, y finaliza con B´ (B prima) agregando campanas y simbolizando la alegría de ese casamiento. Yo tuve una excelente ubicación central (creo que fila 15) pero los fortissimos me llegaban con demasiada garra (como también ocurrió con la Sinfonía Nº 2 hace unas semanas), y si bien creo que Williams era un compositor que apreciaba los grandes contrastes y orquestaba con amplitud, también pìenso que la acústica de la sala lleva a una exageración de los bronces y la percusión.   

               Con la segunda obra tuvimos un fuerte contraste: el Concierto Nº 1, en Sol mayor, para flauta y orquesta, K. 313, de Mozart. Si bien alguna vez dijo que la flauta no era un instrumento favorito la realidad es que sus dos conciertos reflejan un pleno conocimiento del instrumento (aunque él no lo tocaba) y la música es buen Mozart; ya se sabe lo que eso implica. Fue escrita en Mannheim a principios de 1778 (23 años) para el flautista de la orquesta que en esa época era considerada la mejor. De paso, el Concierto Nº 2, K.314, se basa en el Concierto para oboe también hecho para la orquesta de esa ciudad. Volviendo al Nº 1, está orquestado para 2 oboes, 2 trompas y cuerdas. No sé por qué había también 2 flautas en la versión. Amalia Pérez es la eximia primera flautista de la Sinfónica y naturalmente hizo una versión muy clara y límpida. Creo que las improvisaciones de la flauta a fines del primer y del segundo movimiento no son de Mozart, pero me parecieron de adecuado estilo. La escritura mozartiana para las trompas es bastante aguda y domina las partes orquestales. Pérez tocó fuera de programa una breve pieza para flauta sola de Claude Debussy: "Syrinx", de 1912, ejemplo de su música más experimental; muy buena la interpretación.

               Las cuatro sinfonías de Johannes Brahms son extraordinarias, pero la Tercera se toca menos que las otras, quizá porque los minutos finales no son rápidos. Silberstein hizo una inteligente referencia sobre sus valores. La Tercera está en Fa mayor; el compositor la terminó en 1883 y es su op. 90. Tenía 50 años, en plena madurez. Un primer movimiento con temas atrayentes e intensos, un segundo de suaves melodías casi schubertianas, un tercero con un expresivo tema principal expresado por los violoncelos, y un cuarto dramático y poderoso pero que en vez de terminar trágico se serena y termina lento. Me es imposible olvidar que Barenboim dirigió las 4 sinfonías en la Ballena y lo eligió dejando de lado al Colón; también, fueron grandes versiones y la distribución de la orquesta no era la habitual; con él no pasaba que la percusión dominara o que los violines quedaran en segundo plano. En esta versión hubo mucho de bueno, Silberstein conoce a fondo la sinfonía y la interpreta fielmente; si embargo en varios momentos los violines fueron tapados por los bronces y la percusión; ¿será que con la actual manera de colocarlos dominan en demasía?  

               Una queja mía: cuatro cosas me molestaron: el nutrido aplauso donde no corresponde (después de cada movimiento tanto en Mozart como en Brahms); llevar bebes o niños de 2 años; había una niña mal controlada por los padres justo detrás de mí; sacar fotos durante el concierto (los dos que estaban al lado mío, por ejemplo); entrar o salir de la sala durante la música. En suma, no se debería creer que ir gratis a un concierto permite cualquier absurdo.

Pablo Bardin    

lunes, julio 18, 2022

JOONAS AHONEN NOS TRAE A IVES Y SCHÓNBERG

                Joonas Ahonen es un pianista finlandés notable que se especializa en las músicas más arduas de los siglos XX y XXI, como quedó claro en este concierto en el Colón. La obra de fondo fue la fundamental Sonata Nº 2 de Charles Ives, pero antes se escucharon dos partituras: una de considerable importancia, la Suite para pìano op. 26 de Arnold Schönberg; la otra (en 1ª audición, aunque el programa de mano no lo aclara) de Bernhard Gander, nacido en 1969: "Peter Parker". Escuchando sus interpretaciones de lapidaria fuerza no deja de asombrarme que haya grabado con instrumentos de época Tríos de Fanny y Felix Mendelssohn. Grabó para BIS (sólida empresa sueca) las dos sonatas de Ives. También obras tan disímiles como las Variaciones Diabelli de Beethoven y el "Pierrot Lunaire" de Schönberg. Y el Concierto para piano de Ligeti. Aparte de las grabaciones, sus actividades de concierto también son disímiles: miembro del Klangforum Viena, que nos visitó hace varios años (no me consta si estaba Ahonen) pero también del Rödberg Trio, de repertorio clásico y romántico. Visitó como pianista la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa y la importante Sinfónica de la BBC. Realizó conciertos con la violinista Patricia Kopatchinskaja en los Festivales de Lockenhaus y de Gstaad, el Festival Internacional de Edimburgo, la Scala de Milán y el Konzerthaus de Viena. Estrenó obras para piano y conciertos para el mismo instrumento. En suma, Ahonen lleva una carrera valiosa y es bienvenido aquí, como lo probó el entusiasmo del público en este concierto.

               Desconozco el origen del piano que tocó pero respondió a las grandes exigencias del pianista en todo momento. Creo útil e interesante el haber empezado por la Suite para piano op.25 de Schönberg, ya que se trata de su primera obra dodecafónica, elaborada durante varios años (1921-23) y paradójicamente evocando el Barroco bachiano: "Präludium; Gavotte; Musette; Intermezzo; Menuett; y Gigue". Sólo dura unos 15 minutos. Naturalmente tuvo fuerte influencia en sus discípulos Berg y Webern y tiene grabaciones abundantes: 2 de Gould, 1 de Helffer, 1 de Pollini y otras 5. Por mi parte, me impresionó en mi adolescencia, ya que la escuche en las manos de Orestes Castronuevo (28/10/54) y en mis 20 años, de nuevo Castronuovo (14/7/59). Si bien años más tarde Schönberg fue más flexible en cuanto a su invención del dodecafonismo, a propósito es estricto en su op. 25. Si se mira al piano, están las 7 notas blancas y las 5 negras; sobre esa base el compositor arma su docena en el Präludium; luego añade 3 variantes a la serie elegida: la inversión en espejo; la forma retrógrada (desde la 12 a la 1) y la inversión de la retrógrada. No es fácil entender cabalmente todo esto, pero si lo pensamos captar totalmente a Bach en "El arte de la fuga" o en "El clave bien temperado" (donde por primera vez se utilizan las 24 opciones) también es difícil. Ahonen es muy preciso en todo lo que toca pero con una tendencia al fff en ciertos momentos que me resultan innecesarios.

               Aparentemente a Bernhard Gander le gusta el cine. Su "Peter Parker" se refiere "al alter ego de El Hombre Araña y retrata sus metamorfosis mediante endiabladas figuraciones del teclado", según Rodolfo Biscia en el programa. Cita lo que dice Gander: "La obra es como un libro de comics con diversas aventuras". "También aludió al virtuosismo lisztiano que la pieza demanda". En efecto, la obra es muy exigente y Ahonen la tocó brillantemente; a mí me resultó vacía en cuanto al contenido musical. La breve biografía dice: es "discípulo de Beat Furrer" y "ha compuesto obras por encargo de prestigiosas agrupaciones como Klangforum Wien", y es obvio que allí la conoció Ahonen. En la actualidad músicas violentas como ésta se escuchan en numerosas asociaciones de música contemporánea como Ensemble Modern, Ensemble Intercontemporain, Arditti Quartet, todos conocidos aquí) u orquestas interesadas en la vanguardia o salas con esa apertura por ser especialistas desde hace muchas décadas como Donaueschinger Musiktage o Biennale München.

               Y pasamos a la obra de mayor interés: la extraordinaria Sonata Nº 2,"Concord, Mass. (Massachussetts), 1840-60", o sea que es un homenaje a grandes figuras de esa época que vivieron en Concord.. Son 4 movimientos sui generis; la obra fue terminada en 1919 tras varios años elucubrándola, la revisó ya viejo en 1947 y allí le hizo dos agregados a mi juicio discutibles: unos 20 segundos (¡) de una viola; y un minuto y medio de una flauta sobre el final sereno, grato pero más una variante que una obligación. El catálogo R.E.D. 2000 lista nada menos que 10 grabaciones por artistas poco conocidos y no hay esos agregados en ninguno. Aquí se escucharon desde un palco bajo: Diana Gasparini en viola y Patricia Da Dalt en flauta. Al final, siguiendo una manía de este año (antes no ocurría) los 3 recibieron un ramo de flores; ¿por 20 segundos en el caso de Gasparini? No tiene lógica, pero sí corresponde decir que ambas tocaron bien esa música extra.  

               Concord es un pueblo. La presentación sin firma sobre Ives  hace un ñlstado de recursos que vale la pena reproducirlo aquí: "La politonalidad, clusters y disonancias libremente empleadas, microtonalidad, estructuras polimétricas, e incluso introduce un elemento de aleatoriedad". También Biscia da informaciones útiles con respecto a la Sonata "Concord": "En 1921 financió la impresión de una vasta sonata para piano y repartió copias a unos 200 músicos y críticos. Acompañaban al envío sus ´Ensayos ante una Sonata´. Hubo que esperar hasta 1938 para la primera impresión pública de esta sonata maximalista. En la Argentina fue Margarita Fernández quien la estrenó en 1968 en el Club Americano. A partir de 1984 Susana Kasakoff la incorporó a su repertorio." Se trata "de una obra cíclica, donde un tema recurrente- llamado ´de la Fe Humana´- enlaza los 4 movimientos. Además el compositor se apropia del motivo inicial de la Quinta Sinfonía de Beethoven, que retorna velado" varias veces.

               "Dedicado a Ralph Waldo Emerson, el movimiento es un atípico allegro de sonata que presenta al menos 7 temas y 8 episodios de desarrollo"; es aquí donde aparecen innecesariamente los 20 segundos de viola. La cantidad de temas es abrumadora y cuesta seguirlas. Era Emerson un poeta, ensayista y filósofo que, aunque nació en Boston y estudió en la racionalista Harvard, se instaló en Concord con ideas románticas que defendieron el derecho a ser uno mismo; Thoreau lo apoyó, Carlyle en Inglaterra y varios en Francia. Dice Mosco Carner en "The Modern Age", de The New Oxford History of Music: "Ives escribió programas para cada movimiento. Su música es intensamente fuerte, con una estructura que obedece sus propias leyes orgánicas; no hay nada que se le parezca en la literatura del piano. Poderosas disonancias alternan con tranquilos himnos. Es la impresión de todo lo que sabía de Nueva Inglaterra en pensamiento y en sonido". Su música no se conoció hasta 1930. Y en Buenos Aires se fueron conociendo gradualmente sus obras sinfónicas en manos de Maazel (Orquesta de Cleveland) y Rostropovich (la de Washington). La Segunda Sinfonía se escuchó una sola vez y la ardua Cuarta hace pocos años (necesita dos directores simultáneamente). Volviendo a la Segunda Sonata, la segunda parte nos lleva a Nathaniel Hawthorne, un escritor de gran trascendencia (baste mencionar "The house of the seven gables" -La casa de las siete paredes laterales"- publicada en 1851, y "The scarlet letter" –"La carta escarlata"-, de 1850, dos libros de profunda intensidad que leí en inglés en mis años jóvenes). Él también vivió en Concord. Dice Biscia: "un scherzo que conjuga síncopas de ragtime con delicados clusters pentatónicos" (lamentablemente hubo gente que interrumpió aplaudiendo); música notable pero que a mí no me sugiere al escritor. La tercera parte, "The Alcotts", "ofrece un cálido retrato del filósofo Bronson y su hija Louisa May, la creadora de ´Mujercitas´. Si bien leí en castellano esta obra, no perdí las varias películas que hubo sobre este tema y que tuvieron mucho éxito. La música es muy atrayente y variada. Por último, "Thoreau" (Henry David Thoreau), famoso por su libro "Walden, o La vida en los bosques", es muy serena y bella incluso sin el agregado de la flauta, que queda bien y ayuda la imagen pastoral, pero igual esa sensación se siente sin la flauta (muy bien tocada por Da Dalt, siempre refinada).  Hace ya bastantes años que no escuchábamos esta obra esencial de Ives y Ahonen es un pianista de primer orden. El público apreció obra e intérprete.

Pablo Bardin 

               

miércoles, julio 13, 2022

NOTABLE PRESENTACIÓN EN LA FILARMÓNICA DE HERNÁNDEZ SILVA


               En el libro Teatro Colón 2022 figura como director del concierto Nº 10 Alpesh Chauhan, al que no conozco. También es nuevo para mí quien lo reemplazó, el venezolano Manuel Hernández Silva. Quedó la pianista letona Arta Arnicane. Se mantuvo el programa sin cambios: dos obras de Beethoven y una de Schubert, con una característica: están cerca en el tiempo.

               "Las criaturas de Prometeo" es algo raro en la vida de Beethoven: un ballet (op.43) sobre argumento del coreógrafo Salvatore Viganó, que estaba a cargo del Ballet de Corte en Viena. La obra completa es bastante extensa, 1 hora y 10 minutos. Recuerdo que Yehudi Menuhin trajo una síntesis cuando vino a dirigir una orquesta en Buenos Aires; también que con una versión grabada presencié una visita de un ballet alemán. Tengo una versión completa en vinilos de los años 50 (Walter Goehr) y me resulta una obra simpática aunque con pasajes de mero enlace. Pero la Obertura tuvo éxito y aquí se ha tocado con frecuencia en conciertos sinfónicos. Recuerdo con placer las de Van Otterloo en Buenos Aires y Kempe en Praga. La interpretación que logró Hernández Silva fue cálida y bien controlada, con gestos muy comprensibles, y la Filarmónica respondió con mucha atención tanto en el comienzo lento como en la brillante música rápida. La obra es de 1801, la época del Tercer concierto para piano y de la Segunda Sinfonía. El Burgtheater dio 15 funciones en 1801 y 13 en 1802; más tarde en la vida del compositor, silencio.

Si bien el director es caraqueño, se graduó en el Conservatorio Superior de Viena. Ganó el Concurso Forum Junger Künstler (Foro de Jóvenes Artistas) de la Orquesta de Cámara de Viena (que vimos varias veces en Buenos Aires, traída por el Mozarteum), dirigiéndola en la Konzerthaus de Viena y la Brucknerhaus de Linz. Actualmente es director titular y artístico de dos orquestas españolas: la Filarmónica de Málaga y la Sinfónica de Navarra. También lo fue de la Orquesta de Córdoba y la llevó a Viena. Como venezolano fue invitado a dirigir a la Sinfónica Simón Bolívar durante 5 temporadas (la conocimos bien). Además de la Sinfónica de Viena, dirigió 3 orquestas alemanas, 5 checas y viajó abundantemente: Armenia, Israel, Seúl, Hartford (USA), Puerto Rico, Bogotá, Chile, México. Además desarrolla una intensa actividad docente. Su visita a nuestra ciudad reveló ser muy convincente.

               Confieso no saber que Arta Arnicane es una muy buena pianista letona hasta que la escuché y leí su breve currículum. Nació en Riga en una familia de músicos. Si bien Letonia es un país que produce talentos y ella estudió en la Academia Letona de Música, se perfeccionó en el Conservatorio Real de Escocia y en la Universidad de las Artes de Zürich. Uno de sus profesores fue  Homero Francesch que hemos visto en años recientes.  Tuvo un galardón en la Primavera de Praga (que conocí bien décadas atrás) pero también en la competencia Vianna da Motta (2001), portuguesa, y el Premio Iturbi (2010), que supongo español. Toca en dúo con su marido, el violoncelista Florian Arnicans; grabaron sonatas de Chopin y Ernö von Dohnanyi. Se presenta como Arnicane, pero no se aclara su apellido pre casamiento.

               Nos ofreció el Concierto Nº 2 de Beethoven, en Si bemol mayor, op. 19, que en realidad es anterior al Nº 1. Beethoven lo compuso entre 1794 y 1795. Santiago Giordano cuenta algo interesante: "tres veladas consecutivas en el Burgtheater en las que el joven Beethoven se presentaba como compositor en una gran ´academia´ organizada por Haydn en beneficio de las viudas de los muertos en alguna de las tantas guerras a las que por entonces hacía frente el imperio tambaleante". El 29 de marzo de 1795 tocó el Concierto K. 466 de Mozart y su propio Concierto op. 19. Es una obra de gran atractivo en la que se siente la influencia de Haydn: un Allegro con brio que es en efecto lleno de vida y muy grato; un Adagio extenso y refinado; y un "Rondó. Allegro molto", fresco y rápido. Pocos días antes de este concierto escuché al siempre joven Wilhelm Backhaus grabándolo septuagenario y admirablemente. Arnicane y Hernández Silva hicieron un bello trabajo, muy bien controlado y fino; sólo creo que el Rondó final fue un poco demasiado rápido aunque siempre fresco y alegre. Lamento decir que no identifiqué la obra fuera de programa que nos ofreció la pianista; sólo puedo decir que me pareció una pieza lenta beethoveniana muy serena y tocada con evidente buen gusto.

               La Sinfonía Nº 6, en Do mayor, D. 589, de Franz Schubert, no es de las más conocidas; de las primeras 6, salvo la Nº 1, menos lograda, el ranking de las mejores es la Nº 5, la Nº 4 (llamada "Trágica"), y las Nos. 2 y 3 sin duda interesantes; sin embargo la 6ª tiene valores considerables. Tengo la grabación vienesa de Münchinger y la Filarmónica de Viena; me ha dado mucho placer desde hace medio siglo. Lo asombroso es que esas primeras 5 son de un   adolescente, desde los 14 a los 19 años; lejos está la Inconclusa y no se sabe cuál es la 7ª que se perdió. Schubert no fue un niño prodigio pero sí un adolescente que merece considerarse así. Baste considerar que algunos de sus mejores Lieder son de entonces. Inició la Nº 6 a 20 años (octubre de 1817) y la terminó a los 21 (febrero de 1818; nació el 31 de enero de 1797). No es una obra "muy inferior", como injustamente la denomina Maurice Brown en su artículo del Grove sobre Schubert. Es verdad que está atraído por Rossini en esa etapa, cuando también creó las Oberturas en Estilo Italiano, pero también está la base de Haydn y Mozart. En el primer movimiento una breve introducción Adagio lleva a un allegro en forma sonata con dos temas,  siendo el primero dedicado a las maderas. Sigue un Andante bastante extenso; coincido con Giordano, que menciona "el clima sereno y optimista". El tercer movimiento, a diferencia de los anteriores, es un Scherzo de influencia beethoveniana marcado Presto, pero el Trio "più lento" hace un contraste bastante firme antes del regreso del Scherzo. El Allegro moderato final es muy vital aunque algo repetitivo. Tuve la suerte de ver dos espléndidas versiones en mi época formativa: Hans Rosbaud con la Orquesta de Amigos de la Música (septiembre 1952) y en una visita a Londres (febrero 1957) Beecham con la National Symphony. Y ahora que soy octogenario me interesó esta muy buena versión de un director serio y hábil y la Filarmónica que respondió muy bien (escuché a la Filarmónica con Kinsky en octubre 1968). Los movimientos del director siempre fueron claros y expresivos. Más allá de la gente que aplaudió entre movimientos, hubo entusiasmo del público, con razón.

Pablo Bardinb 

martes, julio 12, 2022

VALIOSO CONCIERTO DIRIGIDO POR MANFRED KRAEMER EN LA BALLENA

               El muy interesante concierto de la Sinfónica Nacional dirigido por Manfred Kraemer en

la Ballena se había programado hace algo más de un mes, pero debió pasar a otra fecha debido a la lamentable muerte de un veterano ejecutante de corno muy querido por sus colegas, ya que falleció ante la orquesta. Se entiende, entonces, que la nueva fecha tuvo el preludio hablado de una artista de la Orquesta Sinfónica Nacional, que se refirió con gran afecto al talento y bondad del cornista, muy aplaudido por la audiencia. Me disculpo de no dar nombre y apellido del difunto, ya que no hay programa de mano en estos conciertos.

               Manfred Kraemer es un gran violinista y director argentino, que previo a la pandemia dividía su tiempo entre su Córdoba natal y especialistas europeos del Barroco.  Su programa estuvo dedicado a Johann Sebastian Bach, su hijo Carl Philipp Emanuel Bach y Franz Joseph Haydn. Johann Sebastian Bach escribió entre 1717 y 1723 las 4 Suites para orquesta BWV 1066 a 1069, escritas en Weimar, ciudad no protestante; de allí que sean años en los que Bach se dedicó a obras sinfónicas y de cámara que no fuesen religiosas. Las Suites tienen fuerte influencia francesa en sus fragmentos. La Nº 3, en Re mayor, tiene el número de catálogo BWV 1068 (de 1066 al 1069). Está instrumentada para 2 oboes, 3 trompetas, cuerdas y timbales. La influencia francesa es evidente: "Ouverture" (lento y solemne, rápido y retorno del lento, más breve); "Air" (Aria sobre la cuerda de sol), "Gavotte", "Bourrée" y "Gigue". Las trompetas barrocas tienen escritura muy aguda y brillante; el Aria es muy melódica y la toca el concertino (Kraemer). Las restantes son danzas eficaces y muy gratas. Es impresionante la cantidad de grabaciones de esta suite, y recuerdo en concierto la de Karl Richter y Maurice André con la Orquesta de Amigos de la Música (1964). La que ví en la Ballena tuvo el privilegio de tener a Kraemer como director y concertino.

               Carl Philipp Emanuel Bach es el más importante de los hijos de Johann Sebastian. De inmensa productividad (unas 700 obras), nació en 1714 y murió en 1788. Escuchamos una de sus obras más conocidas: la Sinfonía Nº 1 en Re mayor, Wq (Wotquenne) 183-1. Fue Wotquenne el primero en realizar un intento de catálogo a principios del siglo XX. En el diccionario Grove se mencionan 49 sinfonías. Un Mozart de 8 años tocó con Carl Philipp en Londres y le tuvo gran admiración (mutua) y arregló 3 conciertos de los 37 compuestos por el hijo de Johann Sebastian.  Las 4 sinfonías escritas en 1775-76 son de un hombre maduro (61-62 años) en la plenitud de su estilo tardío. Escuchamos la primera de esas 4 (por eso Nº 1 no significa la primera de todas sus sinfonías). Escuché una Sinfonía en Re mayor en 1963 por Lamberto Baldi dirigiendo la Orquesta d la Asociación Wagneriana pero no me consta que haya sido la Wq 183-1. Mirando las grabaciones en CD del catálogo R.E.D. 2000 me encontré con varias grabaciones de esta sinfonía: Orquesta Bach de Munich, dir. Karl Richter (1961); Orquesta C. P. E. Bach, dir. Hans Haenchen; Orq. de Cámara de Salzburgo, Y.K. Lee; y OAE, dir. S. Kuijken. O sea que es música apreciada y conocida, con razón porque resulta en efecto atrayente. Los 3 movimientos sólo duran un cuarto de hora, rápido- lento- rápido, que se escuchan con verdadero placer. La Sinfónica Nacional tocó muy bien bajo la hábil dirección de Kraemer.

               El concierto terminó con la penúltima sinfonía de Franz Joseph Haydn: la Nº 103, "Redoble de Timbal", en Mi bemol mayor, que se inicia de manera muy original con, en efecto, un poderoso redoble de timbal que lleva a una parte inicial Adagio; sigue el Allegro con spirito con dos melodías: una popular croata y otra similar a un vals, para entonces en formación (Johann Strauss Padre aparecerá  décadas más tarde); pero el final es muy curioso porque vuelve el redoble de timbal y el Adagio antes de un final breve y rápido. El segundo movimiento es un extenso Andante; hay un tema doble variado 2 veces y en la coda aparece un período dramático, pero al final la música se tranquiliza. El Minué tiene influencia escocesa (Haydn arregló muchas canciones de ese origen) y el Trío es sereno y cortés. El Finale: Allegro es típico del buen humor haydniano: numerosos incidentes engendrados por un motivo del fagot al inicio. Me resultó muy lograda la interpretación de Kraemer y la orquesta le respondió  con cuidado, entendiendo el espíritu haydniano.

Pablo Bardin

DOS CLÁSICOS Y UNA SINFONÍA DE WILLIAMS POR LA SINFÓNICA NACIONAL

               Un concierto poco habitual ocurrió el viernes pasado en la Ballena. La Sinfónica Nacional dirigida por Valeria Martinelli combinó a dos clásicos (Michael Haydn y Mozart) con una notable y curiosa Sinfonía Nº 2 de Alberto Williams. La directora hizo una buena tarea en los clásicos. Como se sabe, el público de estos conciertos no es informado de cuál es el programa. Nos llega un porcentaje escaso de la inmensa producción de Joseph Haydn, pero de su hermano Michael es un acontecimiento que podamos escuchar en vivo y en concierto una obra suya. Agradecido entonces por poder gustar una partitura para coro y orquesta: "Laudate pueri". Michael Haydn vivió entre 1737 y 1806 y según Mozart (gran amigo) "era un "excelente maestro de contrapunto". La música de iglesia de Salzburgo llegó a su pico en las obras de Michael Haydn, quien entró al servició del Arzobispo en 1763 y allí quedó por el resto de su vida. Según el diccionario Grove su producción religiosa es fenomenal: "28 misas, 2 Requiems, 114 graduales, 67 ofertorios, 11 Vísperas, 1 Salve Regina, 8 Responsorios, 3 Tenebrae, 1 Regina Coeli, varios oratorios y cantatas". Poco de todo esto fue publicado durante su vida. En el catálogo R.E.D. 2000 figuran 115 obras suyas pero no el "Laudate pueri" que escuchamos en el concierto que comento. Y me queda una duda: según el programa confidencial que me llegó también iban a cantar un Requiem pero no fue así; sería útil enterarme del porqué. Sea como fuese, los 12 minutos que se escucharon fueron realmente gratos; orquesta pequeña pero amplio Coro de niños leyendo partituras de modo muy límpido y seguro. Me indigna la carencia de datos; ¿Tanto les molestaría poner un cartel muy simple en el foyer anunciando dirección y exacta denominación del Coro?

               Pasamos a la magnífica Sinfonía Nº 35, "Haffner", en Re mayor, K 385 (1782). Siempre es un placer escucharla, pero se me ocurrió: ya que interpretaron una obra de Michael Haydn ¿no hubiera sido divertido escuchar la Sinfonía Nº 37, en sol mayor, K. 444? Sucede que sólo la introducción lenta del primer movimiento es de Mozart; casi toda la sinfonía es de Michael Haydn…Hay grabaciones de Marriner y Hogwood. Y la música es atrayente. La Nº 35 es por supuesto admirable y no hay melómano que no la tenga en su colección; las mías son de Toscanini, Karajan y Hogwood, y en vivo escuché muchas versiones. Baste señalar algunas de las 12 que presencié entre 1952 y 1967: Markewitch, Monteux, Beecham y Böhm. Grandes intérpretes con orquestas de esta ciudad y la Filarmónica de Viena visitándonos (Böhm).  En este caso, una buena orquesta y una directora muy correcta.

               La única sinfonía de Alberto Williams que pude apreciar en concierto fue la Nº 1; la dirigió Calderón en 1968 con la Filarmónica de Buenos Aires. Si se escuchó alguna más desde entonces creo que no fue en Buenos Aires Ciudad. Se escucharon de tanto en tanto las dos Oberturas de concierto, op. 15 y op. 17, con la fuerte influencia de César Franck. Ya "argentinizado" el compositor, presencié la Segunda suite argentina y "Las milongas de la orquesta" (obra muy simpática). Esto hasta 1970. Luego me casé y dejé de anotar lo que escuché…Pero juro que no escuché ninguna otra sinfonía. Compuso nada menos que 9 y su sentido del humor nunca estuvo más en evidencia que en su Novena; ¿cómo se llama? Los batracios…En cuanto a la Nº 2, Martinelli, sabiendo que no había programas, tras alegrarse por haber tenido ese lindo coro de niños para la obra de Michael Haydn, explicó los grandes rasgos de la Sinfonía Nº 2, "La bruja de la montaña", de 1910, cuando Williams ya tenía 48 años. En el catálogo R.E.D. 2000 sólo figura de él la Sinfonía Nº 7, "Eterno reposo", op. 103 (1937) por Leaper dirigiendo la Orquesta de Gran Canaria (me consta que son muy buenos, los escuché con otro programa en Madrid). Sucede que la directora es cordobesa y la bruja de la montaña también. El mal tiempo acompaña a la bruja y ésta pretende raptar a un niño, pero se encuentra con rivales muy fuertes: las monjas que cuidan a ese niño. La música tiene dos estilos de total diferencia: violenta con mucha percusión y bronces en fff o suaves melodías de cuerdas acompañadas por campanas (muy frecuentes), obviamente las monjas. En 4 movimientos quizá demasiado largos, da a entender que la furia de la bruja es vencida por la del mal tiempo al extremo de (creí entenderlo) ser atacada por rayos y granizo (este último es muy abundante en Córdoba, lo sufrí en mi último viaje a Alta Gracia hace 8 años). La orquesta rindió muy bien salvo algún momento falseado de la primera trompa fuertemente exigida, y la directora fue  convincente en su interpretación. Fuerte aplauso al final. Ya en 1910 Williams tenía notable dominio orquestal. Me dio ganas de presenciar otras sinfonías suyas.

Pablo Bardin

               

lunes, julio 11, 2022

SONDRA RADVANOVSKY EN EL COLÓN, ACONTECIMIENTO VALIOSO

               Sondra Radvanovsky es una gran soprano del Met y tiempo atrás comenté su presencia en la gran trilogía de Donizetti abarcando a las reinas célebres de Inglaterra y Escocia. El libro del Colón sobre este año dice: "La prima donna del bel canto protagonizará un fascinante recital en el que encarnará a 3 grandes reinas del siglo XVI: la orgullosa María, Reina de Escocia, la apasionada Anna Bolena y la poderosa Elizabeth I, abordando extractos de la Trilogía Tudor de Donizetti". Lamentablemente esto no ocurrió: presenciamos en cambio un programa de canciones y fragmentos de ópera en italiano, sin duda interesante pero dejó al Colón sin un plan importante, ya que el Teatro sólo presentó "Anna Bolena" hace muchos años con Elena Suliotis: 1970. Quien se animó a presentarlas fue Adelaida Negri fuera del Colón. Al parecer, según me contó un amigo, ella quería una orquesta para las reinas; por supuesto es deseable pero lo mismo puede decirse con respecto a todas las arias de ópera que cantó. Tuvo un buen pianista, Anthony Manoli, aunque no siempre el arreglo pianístico me convenció.

               No me pareció una buena idea iniciar el programa con (como escribió Margarita Pollini en Clarín) "3 de las canciones y arias antiguas de Alessandro Parisotti" (elegidas por él, fueron muy cantadas por los estudiantes en Buenos Aires): "Amarilli, mia bella", de Giulio Caccini" (madrigal de hombre, aquí cantada por Deller, contratenor, 1957, y una mezzo, Merriman, 1958), grabada por Schipa, Hvorostovsky y Jacobs, pero también por Baker y Bartoli; "O del mio dolce ardor", de la ópera "Paride ed Elena" de Gluck, grabada abundantemente por hombres (es Paride el que canta): Bruson, Gigli, Battistini, Carreras, Hvorostovsky, pero también Tebaldi, Berganza, Klose, Jo, Berger; y claramente de hombre, "Danza, danza, fanciulla gentile", de Francesco Durante; aquí la cantó Souzay; la grabaron Pavarotti, Carreras, Hvorostovsky y  Bergonzi, aunque también Baker; es una pieza alegre y breve. Antes de cantarlas Radvanovsky se dirigió al público en inglés (lo hará repetidas veces durante el concierto) para quejarse (como cuenta Pablo Kohan en La Nación): "ingresó con una tablet en la mano, y explicando sus temores sobre el funcionamiento de ese adminículo, que toqueteó hasta que arrancó y que colocó sobre un atril". Lo siguiente fue importante: nada menos que "Piangerò la sorte mia", el aria de Cleopatra de "Giulio Cesare in Egitto" de Händel; aunque expresiva, la coloratura de Radvanovsky no tuvo la pureza de las cantantes barrocas.

               Pero con Bellini entró a lo que mejor hace. Dos canciones: "Per pietà, bell´idol mio", y "La ricordanza", ambas muy bellas. La primera es definida "aria de cámara" y tiene texto del famoso Metastasio; la han grabado hombres y mujeres; la segunda tiene texto de Pepoli, el libretista de "I Puritani". Y luego, una atrayente interpretación del aria más famosa belliniana: "Casta diva" de "Norma". Mi Norma es y siempre será la Callas, pero esta versión fue de primer orden (aunque extraño el coro acompañante).

               La Primera Parte terminó con dos Verdi estupendos en los que la cantante se lució profundamente: el aria "Tacea la notte placida" seguida de la cabaletta "Di tale amor", de "Il Trovatore"; y el impresionante "Pace, pace, mio Dio", Leonora en "La forza del Destino", que termina con esas trágicas "Maledizione". Aquí Radvanovsky confirmó ser una de las grandes voces de soprano de la actualidad: poderosa, con la habilidad de tomar una nota y llevarla de pianissimo a fortissimo y volver al pianissimo (lo hizo varias veces durante el resto del recital).

               Se había ataviado en un magnífico vestido blanco que llegaba hasta los pies; en la Segunda Parte se cambió a un traje negro con escote. Pasó al otro grande, Puccini: 2 canciones y un aria fundamental. Curiosamente, "Sole e amore" es un calco de "La Bohème", cantado con calidez. "E l´uccellino" ("Y el pajarito") es una canción liviana y alegre, muy bien interpretada por una artista que cambia de la comedia al drama en un minuto: no hay duda de que "Sola, perduta, abbandonata" es trágica al máximo en "Manon Lescaut" y ella le dio una intensidad tremenda (como la Callas en su grabación).

               Volvió a Verdi pero con canciones; de las 6 Romanzas, publicadas en 1838; tenía 25 años. Radvanovsky eligió la tercera, In solitaria stanza", texto de Vittorelli; y la quinta, "Perduta ho la pace" de "Faustp" de Goethe en traducción de Luigi Balestra. Un año más tarde presentó su primera ópera: "Oberto, Conte di San Bonifacio". Ambas canciones son muy expresivas y ya demuestran su talento; estuvieron muy bien cantadas y no está de más hacer notar que en las canciones el pianista se lució.

               Las dos arias finales fueron famosas y bien elegidas: "Io son l´umile ancella" de "Adriana Lecouvreur" de "Francesco Cilea, tierna imagen que Adriana hace de interpretar las magníficas obras teatrales de su época (siglos XVII y XVIII); aquí la cantante supo dar belleza y refinamiento a la música. En cambio terminó el programa con una versión ideal de "La mamma morta" de "Andrea Chénier" de Umberto Giordano; fuerte, poderosa, trágica, dio ganas de verla en la ópera completa.

               Cantó cuatro piezas fuera de programa. En la primera salió del italiano y escuchamos una bella versión de la gran aria de "Rusalka" de Dvorák, la Canción de la Luna, grabada en checo por tantas grandes artistas como Renée Fleming. Luego volvió a Puccini con dos arias bien distintas: "Vissi d´arte" de "Tosca" y "O mio babbino caro" de "Gianni Schicchi". Y finalmente, en inglés "americano", una célebre canción de Harold Arlen, "Over the rainbow", de la película "The Wizard of Oz" ("El mago de Oz"), que hizo famosa a Judy Garland. Un agradable final de un concierto que fue afirmándose hasta ser muy bueno.

Pablo Bardin