martes, mayo 19, 2020

ÓPERAS EN COMPUTADORA, CUARTA SERIE

                Esta vez voy a comentar una ópera de repertorio pero ausente de Buenos Aires desde 1994, "Tannhäuser" de Wagner, como fue ofrecida por Barenboim al frente de la Staatsoper Berlin; y creo útil  hacer además de la crítica  también un intento de entrar en esa época histórica tan compleja y tan mal reflejada en la puesta que comento.

 

TANNHÄUSER

 

               Después de las tres óperas iniciales, la primera madura de Richard Wagner fue "Der fliegende Holländer" ("El Holandés Errante", 1841) y la segunda "Tannhäuser" (1844). Se estrenó, como la anterior, en la Ópera de la Corte de Dresden; esto fue en Octubre 1845, pero tuvo una segunda versión en París en 1861, con fuertes cambios en la escena inicial en el Venusberg (Monte de Venus). En realidad el título completo, que ahora no se usa, es "Tannhäuser und der Sängerkrieg auf Wartburg" ("Tannhäuser y el torneo de canto de Wartburg" -sería error en este caso traducir "Krieg" como "guerra"), o sea la competición de los Minnesänger (cantores del amor), equivalente a los trovadores y troveros franceses que ensalzaron el amor cortés en el tardío Medioevo. Los Minnesänger, si bien toman la idea del "amor courtois", como lo define muy bien J.A. Westrup en la New Oxford History of Music "prefieren expresar reverencia a las mujeres en general en vez de pasión por una en particular. Como los franceses, unieron la poesía con la música y los manuscritos no son mensurales, de modo que pueden interpretarse con bastante libertad". Sus versos tienen la forma AAB: en "Aufgesang" y "Abgesang" (de entrada y de salida); da un ejemplo de Walther von der Vogelweide (circa 1170-1230), precisamente uno de los Minnesänger que figuran en la ópera. Luego cita una canción de Tannhäuser, nuestro protagonista (sólo da siglo XIII con respecto a cuándo vivió), de carácter más improvisatorio. Dado el argumento de la ópera, vale mencionar algunas líneas: "Que quien manda sobre todas las cosas me tenga en cuenta, para ser bendecido y poder expiar mi gran culpa. Que salve mi alma y me guarde del pecado. Que el infierno me pase por alto, que el puro me ayude, que pueda ser llamado uno de los seguidores benditos".

               El libreto de Wagner combina tres elementos: el amor como lo conciben los Minnesänger, la sensualidad orgiástica y mitológica de Venus, amante de Tannhäuser, y el duro peregrinaje a Roma desde Turingia y a través de los Alpes para obtener el perdón del Papa. Por cierto que la combinación del mito greco-romano con un cristianismo extremista en la época de las Cruzadas en una Turingia que es parte del Sacro Imperio Romano Germánico es un tremendo contraste simbólico, pero a la vez corporiza el mito como si fuera parte de la realidad. Tanto los nobles Minnesänger como los cortesanos y el mismo Landgrave creen en la existencia del Monte de Venus, pero el asunto va más allá: cuando Elisabeth conmina a Tannhäuser a unirse a los peregrinos que van a Roma lo hace porque sólo el Papa puede perdonar pecado tan grande, pero -y éste es el punto crucial- el Papa se horroriza a tal extremo que no le da el perdón. Meses después, extenuado, aparece Tannhäuser cuando los peregrinos de retorno ya pasaron; él quiere volver a los brazos de Venus, pero Wolfram, un Minnesänger de gran bondad que asistió a la muerte incomprensible de Elisabeth, la invoca ante Tannhäuser; él repite ese nombre y muere salvado ante una Venus derrotada. Es un argumento que ha envejecido en esta época cibernética e incluso en aquel otro mundo mucho más romántico pareció excesivo, pero la música wagneriana e intérpretes de categoría pueden todavía hacerlo viable si la puesta en escena respeta el libreto.

               Cuando cayó el muro de Berlín pude visitar muchos lugares de Alemania Oriental y naturalmente fui a Eisenach, para conocer la casa donde nació Johann Sebastian Bach, ahora Museo. Pero en esa zona de Turingia está la fortaleza de Wartburg, que domina Eisenach desde lo alto de su peñón. Llegué en coche y desde el estacionamiento hay 15 minutos de subida peatonal. La visita guiada en inglés dura una hora. Desde 1999 pertenece al Patrimonio Mundial de la UNESCO. El pórtico de la casa de entrada es del siglo XII; el primer patio, de los siglos XV y XVI. El segundo patio da acceso al Palacio, residencia de los landgraves; tres plantas con arquerías románicas del s. XIII. En él está la Sala de los Minnesänger, con un gran fresco realizado por Moritz Von Schwind en 1854 que representa la justa de los poetas cantantes. Más allá de la belleza de la sala, me sorprendió su tamaño, bastante menor de lo que suponía.  Hay otra sala más grande y vistosa donde suelen darse conciertos de cámara: la Festsaal.  Otro aspecto valioso es llegar por el camino de ronda a la habitación de Lutero, que pasó allí su exilio traduciendo el Nuevo Testamento (su ciudad favorita era Eisenach). En el Museo de Wartburg hay varios cuadros de Cranach. Y algo importante: la Elisabeth de la ópera existió: es la Santa Elisabeth de Turingia (Thuringen). La Collier´s Encyclopedia lo cuenta así: sólo vivió 34 años (1207-31). Nació en Bratislava, ahora capital de Eslovaquia, cuando la ciudad era húngara (Pozsony), hija del Rey Andrew II y la Reina Gertrudis. El Rey la ennovió a la ridícula edad de 4 años (sí, se hacían esas cosas por mera conveniencia política) con Ludwig, hijo del poderoso Landgrave Hermann de Turingia, y fue mandada a ser criada por su futura suegra, la Landgravina Sofía. En el Wartburg eran bien recibidos guerreros, poetas, músicos y artistas plásticos; aunque la vida cortesana fue puramente mundana, ella desde niña fue atraída por el cristianismo y fue generosa con pobres y sufrientes. A los 14 años se casó con Ludwig, y cuando éste sucedió a su padre como Landgrave ella se dedicó a la caridad. Su guía religioso fue el severo sacerdote Conrad de Marburg. En 1227 su amado Ludwig se unió a la Sexta Cruzada y murió en Otranto, dejándole tres hijos. Ludwig fue sucedido por su hermano Heinrich Raspe IV, quien la echó de Wartburg, aunque ella fue a vivir bien cerca, en Eisenach. Y allí formó parte del Tercer Orden Franciscano y se dedicó a la pobreza y a la caridad. Al año siguiente se fue a Marburg, donde fundó un hospital y su salud declinó fuertemente, llevándola a la muerte; fue canonizada por el Papa Gregorio IX en 1.235. (Curiosamente, nada se dice de sus hijos). Por cierto la Elisabeth de Wagner es muy distinta pero con un común denominador: su acendrada fe religiosa; y ella es compartida por el Rey, los cortesanos y los Minnesänger, con excepción de Tannhäuser (si bien hubo canciones exaltando las Cruzadas, la gran mayoría era sobre el amor puro y allí Wagner es fidedigno, pero agrega la fe).

               La obertura de "Tannhäuser" se toca muy frecuentemente y con razón: tras el inicio Andante maestoso en 3/4 con el Canto de los Peregrinos por los vientos, sigue la gran melodía de Tannhäuser arrepentido y luego vuelve el Canto de los peregrinos para ser interrumpido por un Allegro en 2/2  que nos lleva al mundo del Venusberg con música brillante y sensual luego coronado por el canto de amor de Tannhäuser, el muy dulce de Venus, el retorno del de Tannhäuser y luego la música sensual  inicial de la segunda sección. Y aquí es donde cambian las cosas: la versión de Dresden es muy distinta a la de París, que aquí interrumpe la Obertura y nos zambulle en el Venusberg por largo rato. La de Dresden sigue desarrollando la música sensual por un corto tiempo, ya en Molto vivace, pero cuando la intensidad del Venusberg va calmándose se perfila el canto de los peregrinos, que se hace cada vez más poderoso durante varios minutos hasta los acordes finales, recalcando el triunfo de la fe. En cambio, la de París no concluye la Obertura y se fusiona con la Primera escena del Acto primero, el Venusberg, mucho más corta en la versión de Dresden. La versión que comento data de Abril 2014 y es de la Staatsoper Berlin (Unter den Linden); no tengo en claro si en el propio teatro o en el Schiller, que recibió a la compañía durante la refacción del edificio. Daniel Barenboim dirigió al Coro y la Orquesta de la Staatsoper y Sasha Waltz hizo la coreografía y la puesta en escena. Musicalmente el criterio adoptado fue extraño: se sigue la versión de París fusionando, como expresé, parte de la Obertura con el desenfreno de la orgía sexual del Venusberg, mucho más largo que en la versión de Dresden, pero a partir del principio del largo diálogo de Venus y Tannhäuser se sigue la versión de Dresden, que será la utilizada de allí hasta el final. Es cierto que son pocos los otros cambios hechos por Wagner, apenas retoques de orquestación, pero hubiera sido más coherente atenerse a una versión o la otra.

               Antes de seguir quiero referirme a mi experiencia con esta obra: ante todo, nunca ví en vivo o en DVD la versión de París, pero sí la tengo grabada; mi criterio fue tener en vinilo (por supuesto después fueron CDs) buenas versiones de ambas: la de Dresden por el Coro y la Orquesta de la Deutschen Staatsoper Berlin dirigida por Franz Konwitschny (cuando Berlín no estaba unificada y esa ópera era de Berlín  Occidental) con Hopf, Fischer-Dieskau, Frick, Grümmer y Schech, 4 discos Electrola, 3 hs. 3´; la de París por el Coro de la Ópera del Estado de Viena y la Orquesta Filarmónica de Viena dirigidos por Georg Solti, con Kollo, Braun, Sotin, Dernesch y Ludwig, discos London 1974, 3 hs 8´.  Las versiones que vi fueron tres en el Colón y 2 en Alemania; las del Colón fueron en 1960 (dir. Leitner, régie Erhardt; Beirer, Waechter, Von Rohr, Brouwenstijn y Mödl; las grandes figuras fueron Brouwenstijn y Waechter); 1978 (Calderón, Reinhardt; Karl W. Boehm, Stewart, De Narké, Napier y Wagemann; sólo Stewart se destacó); y 1994 (Kulka, Oswald; König, Hynninen, Mazura, Gessendorf y Engert; buen nivel sin descollar ninguno); notables Leitner en la dirección y Oswald en la puesta. Vale mencionar que hubo sólidas versiones en alemán a partir de 1926; sólo cito lo más notable; en ese año, director Reiner, cantantes Schorr, Kipnis, Seinemeyer y Branzell (de lujo); 1935: Busch; cantantes Lorenz, Prohaska, Kipnis, Vane, Helm-Sbisá (Lorenz lo mejor); 1937: Kleiber; cantantes Lorenz, Singher, Andresen, Reich, Anny Konetzni; 1942:  Busch; cantantes Melchior, Janssen, Cordon, Bampton, Jessner (Melchior el mejor de todos los Tannhäuser, antes y después; Jansen, Bampton). Por supuesto, directores memorables y elencos en general de alto nivel. Alemania: 11/5/69: Festival de Wiesbaden; dir. Wallberg; cantantes Esser, McDaniel, Wollitz, Grümmer y Synek; notables Grümmer y McDaniel. Y en la Deutsche Oper de Berlín unos diez años atrás; no llevé registro y sólo puedo decir que el nivel musical fue muy aceptable. Puedo añadir que años atrás vi el "Tannhäuser" del Met que se volvió a dar en estos días, de puesta tradicional y sólida calidad musical. Las grabaciones además de las mencionadas son muchas, y en CD y DVD también hay versiones de teatro que perdieron su carácter protegido; p.ej., la de Melchior en el Met en los años 30, sin la calidad de grabación de épocas posteriores pero una rotunda prueba de la calidad vocal y musical de esa época); pero de 1942 es irresistible: Melchior, Janssen, Kipnis, Traubel, Thorborg; dir. Szell (Met). Tengo información hasta el año 2000 y creo recomendable la de Sawallisch (Bayreuth) con Windgassen, Silja, Wächter, Bumbry y Greindl (1962); hago notar dos que son versión París; no las conozco: Domingo, Schmidt, Salminen, Studer, Baltsa; dir. Sinopoli (1989); Beirer, Wächter, Frick, Brouwenstijn, Ludwig; dir, Karajan (1963).

               La orquestación es normal: cuerdas habituales; maderas por dos más piccolo y clarinete bajo; bronces; arpa; sólo está aumentada la percusión: 3 timbales, triángulo, platillos, tambor, bombo y gong. Pero hay una muy importante banda interna: 2 piccolos, 4 flautas, 4 oboes, corno inglés, 6 clarinetes, 4 fagotes, 12 trompas, 12 trompetas, triángulo, platillos, tambor, castañuelas y arpa: 50 instrumentistas; me pregunto si le harán caso a Wagner, parece demasiado, aunque en la actualidad puede grabarse.

               Volviendo a la versión que comento, tuvo indudables valores musicales pero casi no toleré verla: Sasha Waltz convirtió a la obra en un ballet cantado y además la pasó del Medioevo a un siglo XX indefinido, quizás eduardiano. Cuando Waltz vino al Colón convirtió a "Dido and Aeneas" de Purcell en un ballet cantado y buena parte de la crítica la alabó; yo estuve en minoría aunque por las características de la obra me molestó mucho menos que este "Tannhäuser"; por supuesto fue un contrato de Lopérfido, siempre a la moda. Pero aunque caótica, esa puesta tuvo momentos de grata estética. Waltz debería limitarse al ballet contemporáneo de cámara: en este "Tannhäuser", fuera del caso especial de la orgía (sobre el cual volveré) todo el resto de la obra fue de una ridiculez oprobiosa, y por una vez fueron muchos los que la protestaron. Otro paso en falso de Barenboim, ya que es inadmisible su aceptación de algo tan flagrantemente erróneo y que afecta a los cantantes; él con su prestigio y autoridad no debe hacerse cómplice.

               Yendo a la versión París: cito de la Sinopsis de la grabación de Solti. "Se alza el telón para mostrarnos el interior del Venusberg (el Hörselberg, cerca de Eisenach) donde, según la febril imaginación del Romanticismo del siglo XIX, Venus buscó refugio al sobrevenir el eclipse de los dioses de la mitología clásica. Se trata de una escena de clima orgiástico donde no faltan ni los perfumes embriagadores ni las danzas frenéticas y sensuales ejecutadas entre tenues brumas evanescentes". Este segundo estreno ocurrió el 13 de marzo de 1861 y para entonces había ocurrido un gran cambio en la creatividad del compositor, ya que se había estrenado "Tristán e Isolda".  Además continuaba exilado del suelo alemán por haber participado en la insurrección de Dresden en 1849. París no lo había tratado bien en una anterior visita ya lejana; esta vez fue muy mezclada la recepción. Por un lado tenía el fuerte apoyo del Emperador Napoleón III, por otro las absurdas restricciones que la Ópera de París imponía a los compositores foráneos: traducir el texto al francés e incluir un ballet en el Segundo Acto, ya que la élite de los jóvenes del Jockey Club Royaliste sólo llegaban en el Segundo Acto: lo único que les interesaba era tener aventuras con las bailarinas. Conviene mencionar que previamente al estreno de la ópera Wagner había dirigido tres conciertos de su música con relativo éxito, pero habían entusiasmado al Emperador; es interesante consignar que Baudelaire se hizo amigo de Wagner. Wagner no pudo evitar la traducción al francés, y además la fusión de la Obertura interrumpida con la Bacanal no fue admitida. Se tocó la obertura entera seguida sí del Ballet del Venusberg, que Wagner logró imponer se representara en el Primer Acto. Pero hubo silbidos y las tres funciones fueron tumultuosas; recién en 1891 se repuso la obra en París. En 1867 se dio la versión de París en Munich, por supuesto en alemán; pero al parecer la fusión a la que me refería recién fue adoptada por Hans Richter en Viena en Noviembre de 1875; y ésta fue la versión que presentó Cosima Wagner en el Festival de Bayreuth. Con respecto al ballet del Venusberg, hay una diferencia grande entre Dresden y París: según mi partitura Eulenburg, 33 páginas la de Dresden, 74 la de París…Curiosamente en Dresden estaba Petipa como director de baile, cuyo estilo nada tenía que ver con lo que Wagner quería, y el compositor se quejó de una grotesca interpretación que ridiculizaba el frenesí dionisíaco de su música (así lo cuenta Ernest Newman); quería "algo más osado, más salvajemente pagano y sin embargo de gran calidad, que representara mejor la esencia báquica", y Petipa respondió: "caeríamos sin remedio en el can-can".  Si sentía Wagner lo expuesto en 1847, no es de extrañar la tremenda diferencia de toda esa música una vez que hubiera escrito "Tristán e Isolda"; y en efecto, es un trabajo magistral e innovador, de desenfrenada sexualidad reflejada a través de un medio sonoro. Pero claro está, es muy marcada la diferencia de estilo y me hizo pensar en los "Gurrelieder" de Schönberg, wagnerianos en la primera hora y atonales en la segunda.

               Y ahora sí a la interpretación. El septuagenario Barenboim tuvo una intensidad memorable en toda la música que lo requería sin perder la sutileza donde correspondía; logró un rendimiento extraordinario de la Orquesta y en grado algo menor del Coro, que debió tolerar demasiados disparates de régie. Wagner dio una explicación del ballet del Venusberg muy detallada; menciono algunas frases: "Entre una neblina rosácea de perfumes intoxicantes las ninfas, los efebos y sátiros viven una frenética entrega a los placeres sensuales. La Gruta del Amor ocupa un lugar preponderante. Al fondo, las náyades y las sirenas chapotean en un lago. Yacen muchachos jóvenes con copas en las manos. Cuando el telón se alza vemos ninfas bailando seductoramente para ellos y los jóvenes no tardan en emparejarse con ellas. Pronto se libran a manifestaciones orgiásticas aún más extravagantes. Los sátiros y los faunos se unen. Los cupidos envían sobre los bailarines una lluvia de flechas. Aquellos alcanzados se retiran a rincones resguardados donde se acarician tiernamente". Tanto el Renacimiento como el Barroco resucitaron la mitología grecorromana en múltiples cuadros y estatuas, con frecuencia de flagrante erotismo. En Francia fue más marcado y sólo fue interrumpido por el puritanismo del Terror y el fragor guerrero de Napoleón I, pero él fue seguido por "reyes buenos" como el Louis Philippe de "La Bohème", cuando se volvió a la vida licenciosa que se mantuvo bajo Napoleón III (basta recordar las operetas de Offenbach). En Alemania el amor al Medioevo fue esencial en el siglo XIX y la fantasía fue parte natural de la ópera romántica inaugurada por "Der Freischütz" de Weber; "Tannhäuser" es llamada ópera romántica por Wagner. Pero ello no quita que la mezcla del Venusberg con la acendrada fe de los Minnesänger del Wartburg fue una jugada muy audaz por parte de Wagner. La mitología romana es un calco de la griega, salvo que suaviza un tanto la crudeza de los mitos originales; sin embargo, en el campo de los grandes dramas Séneca es tan duro como Esquilo. Baco es algo más suave que Dionisos, que reaparece en pleno siglo XX en "Rey Roger" de Szymanowski, donde la libertad sin límites vence al cristianismo; y la crueldad dionisíaca es patente en "Las Bacantes" de Sófocles, en la que Penteo es descuartizado por su madre Agave, convertida en bacante y enloquecida por venganza de Dionisos; libertinaje no es libertad. No hay nada tan drástico en Wagner, pero sí una exaltación del acto sexual en sí mismo, siendo sólo algunos alcanzados por las flechas de Cupido.

               Ni en París ni en Munich se podía ser explícito en lo orgiástico, sólo sugerirlo. Los siglos XX y XXi permiten sugerencias bastante más marcadas sin llegar a la pornografía; es lo que se vio en esta coreografía. Wagner quería una escenografía amplia, con espacio para la danza; aquí fue lo contrario: una estructura ovalada de pocos metros ubicada en el medio de la escena y más bien lejana tuvo que albergar a bailarines en cueros cuya desnudez fue disimulada por un hábil manejo de las luces; no fueron muchos (no cabían) y sus movimientos atléticos y acrobáticos se fueron haciendo más explícitos siguiendo el inequívoco crescendo musical. En 2/2, Allegro, ff, se suceden varias melodías muy desarrolladas: los jóvenes se unen a las sílfides (sigo a Wagner, no a Waltz); llegan bacantes e invaden la escena, invitándolos a una orgía salvaje; minutos más tarde se añaden faunos y sátiros; las danzas se hacen más violentas, las bacantes llegan al delirio (se acentúa la melodía que va subiendo en el pentagrama cada vez más); más sátiros y esta vez con faunos, se añaden y persiguen a las ninfas; se llega a un fff marcado enérgico: las Gracias que acompañan a Venus se levantan asustadas, recurren a los Cupidos que flechan a las parejas más excitadas; nuevamente fff, los enamorados se van yendo acompañados por las Gracias. Se pasa a ¾, Molto moderato; todos los otros van desapareciendo hacia el fondo dentro de una bruma rosácea. Las Gracias vuelven al lado de Venus, que les agradece su intervención; allí finaliza la danza. Puede aceptarse o no la "modernización" de Waltz, pero en cambio es totalmente ajeno al espíritu del libreto añadir como lo hace después de los primeros minutos a Tannhäuser y a Venus para que participen del juego sexual; ellos son cantantes, no bailarines, pero además él es el amante exclusivo de Venus. Sobreviene en ambas versiones el canto lejano de las Sirenas, muy dulce: "Sobre esta playa la ardiente embriaguez del amor llenará vuestros corazones de alegría".

               Hay un buen motivo para la decisión de Barenboim de volver a Dresden de aquí en más: el dúo de Venus y Tannhäuser toma 70 páginas en versión Dresden y casi el doble, 134, en la de París. Tannhäuser ya en la versión Dresden canta mucho y con frecuencia en notas agudas, con insistencia en Sol y La; agregarle 64 páginas puede llevarlo a no tener resto para la crucial escena en la que cuenta su visita a Roma. El personaje es agotador; se necesita un Heldentenor que pueda cantar Tristan o Siegfried. Peter Seiffert vino dos veces a Buenos Aires con Barenboim para cantar Tristan; si mal no recuerdo, en 2016 a cantar el Segundo Acto y en 2018 la ópera entera; aquejado por un resfrío tuvo problemas en la primera noche; en la que yo vi logró cantarlo bien tomando agua con frecuencia y no dejé de admirar su entereza; no tenía cover. Según creo, tiene ahora 68 años; no sé si todavía cantaba hasta febrero de este año pero sin duda llegó la hora de su retiro. Once años atrás lo escuché en Viena cantando Lohengrin muy bien, y con mi memoria algo disminuida creo también que fue un par de semanas antes el Emperador en "La mujer sin sombra" en la Deutsche Oper Berlin, igualmente satisfactorio. Cuando Barenboim lo trajo en 2016 fue un riesgo y es evidente que le tiene mucha confianza; este Tannhäuser lo cantó en 2014, cuando tendría 62 años, sin duda demasiado para este personaje. También es verdad que en años recientes descuidó su físico y tuvo considerable sobrepeso, pero bien pocos Tannhäuser han tenido un peso normal: Melchior, Botha en el Met, Beirer, Hopf, Lorenz, todos fueron de peso excesivo; algo menos, Windgassen, o el propio Seiffert 20 años atrás y Kollo. Tannhäuser no es amante de cualquiera sino de nada menos que Venus; es además un Minnesänger; de modo que su apariencia sexagenaria no va con la parte. Su canto tuvo, es verdad, demasiado vibrato, pero su profesionalismo se hizo sentir ya que conoce a fondo la música y el texto, tiene buen timbre y es afinado.  No estoy muy al tanto de las últimas voces; pienso que un artista asentado pero todavía vigente podría ser Gould. Venus, por razones obvias, tiene que ser una mujer atrayente o tan hábil artista como para compensar (Christa Ludwig, Martha Mödl); la rusa Marina Poplavskaya es alta, de grácil figura y muy buenos medios, aunque la creo más soprano que mezzo; fue una interesante Venus. ¿Qué sucede en este gran dúo? Tannhäuser, que estaba dormido (olvidemos el disparate de la coreógrafa y volvamos a Wagner), se despierta y Venus le pregunta qué soñó. Él: "Recordé el sonido de las campanas; ¿cuánto hace que no las escucho? ¡Cuánto tiempo perdido sin ver el sol, las estrellas, las flores, sin escuchar el ruiseñor!". Ella: "¿Ya te cansaste de mi ternura y amor? ¡Corazón ingrato!, ¡te cansaste de tu divinidad?" (porque ella le concedió a un hombre común participar de lo divino; justamente es lo que encuentro excesivo: Venus no puede dedicarse a un solo hombre). "¡Toma tu arpa y ofréceme esos cantos de amor cuyo noble poder hizo ceder a la Diosa!" (lo cual da una significación enorme a la belleza de la música, que fue lo que la conquistó; me pregunto si no hay en ello narcisismo de Wagner, poeta y compositor; ¿habrá sido el motivo de imaginar este amor como tema operístico?). En efecto, la canción, muy bella, es acompañada sólo por arpa: tiene dos partes disímiles: la primera, Allegro, es un entusiasta agradecimiento a Venus por haberlo elegido; pero en la segunda, algo más lento, expresa: "pero para mí resulta excesivo tu amor; ¡de tu Reino debo partir, oh Reina, déjame partir!". Venus: "¿dónde quedaron

esos sentimientos que te inspiraron bellas canciones?  ¿Qué me reprochas si sigo amándote?". La segunda estrofa del Minnesänger, Allegro, es apasionada y agrega pizzicati de cuerdas: al principio la ensalza de modo inequívoco: "aquí sentí la magia de la mayor felicidad, los vanos placeres terrestres quedaron atrás"; pero agrega, más rápido: "recuerdo el aire fresco y puro del bosque, el canto de los pájaros, el cielo límpido; ¡déjame partir!". Y esta vez el enojo de Venus es grande: Vivace, 2/2: "¡Traidor! ¡Infiel!" y dialogan interrumpiéndose: él: "¡Te amo más que nunca! pero debo irme"; ella: "¡No, no puedes!", y en un restallante Si bemol: "¡Ah!". Venus: "Déjate enlazar en mis brazos y bebe el dulce néctar de mis labios". Un muy elaborado acompañamiento enmarca sus palabras y su canto se hace florido mientras el tempo se anima: "Dime, amor mío, ¿querrás dejarme?". Brevemente se escucha lejano el Canto de las sirenas. Pero ni siquiera tal despliegue de ternura cambia la determinación de Tannhäuser: Allegro, ff, "Mis cantos siempre serán para ti, tu gracia, tu belleza; la llama de tu amor estará conmigo; pero necesito volver a la vida en la Tierra; no puedo seguir siendo tu esclavo, necesito libertad. ¡Quiero volver a la lucha y enfrentar la muerte!¡Déjame ir!". Y esta vez la cólera de Venus no tiene límite: "¡Vete, pérfido, que se cumpla tu destino! Reencuentra a esos hombres fríos y tristes que enviaron a los alegres dioses a la tierra ocultando sus altares. ¡Busca tu salvación y no la encuentres nunca! ¡Vete a implorar a aquellos que combatías! Tu vergüenza será completa. Echado, maldito, pensarás: "¡Si pudiera recobrar su belleza, volver a su Imperio!".  Pero Tannhäuser retruca: "¡El amante que te deja jamás volverá a ti!". Ella: "¡Maldigo a todos los hombres! ¡Que el mundo sea un desierto y su Héroe un esclavo! Él: "¡Tu amado te deja para siempre!  "¡A través de la penitencia llegaré a ese puerto!¡Mi salvación está en María!". Y ante estas palabras Venus desaparece. Música intensa que dio el marco a posturas extremas, logró  llevar a Poplaviskaya a un alto nivel vocal y expresivo; Seiffert cumplió bien. Abrupto final tras el cual aparece Tannhäuser en el campo; la indicación del compositor es que se vea el Wartburg a lo lejos pero no ocurrió; se inicia la Tercera escena.

               Salvo la desaparición de lo poco que se veía del Venusberg, ahora sólo hay un espacio neutro. Y tenemos el único episodio espontáneo y alegre de la ópera: la melodía simple y bella del pastorcito "tocando" un caramillo (un corno inglés en la orquesta) primeramente y luego cantando sin acompañamiento: 10 compases instrumentales y 22 cantados. "Mientras mi corazón soñaba nacía la primavera, brillaba el sol sobre mi cabeza. ¡Llegó mayo!". Fue un placer la breve presencia de la soprano Sonia Graner. Vuelve a tocar el "caramillo", "Rápido y alegre", varias veces, pero se empieza a escuchar en la lejanía el Coro masculino de los peregrinos más viejos que se acercan caminando en el sendero del Wartburg. Una melodía solemne y simple en su armonía a 4 voces: "Voy hacia Ti, mi Jesucristo, esperanza de los peregrinos! ¡Te alabamos, Virgen dulce y pura! ¡Que el peregrinaje nos sea propicio!" Desde aquí el pastor deja de tocar y escucha con unción. "Me pesan mis pecados, ya no los soporto, no tengo descanso, elijo a conciencia penar." A partir de aquí entra un grupo numeroso a la escena (naturalmente el sonido se fue haciendo cada vez más firme llegando al mezzoforte). "¡Oh día de fiesta, nuestros pecados se perdonarán! ¡Bendito el que cree, Dios lo absolverá!". Y el pastor los saluda: "¡Oren en Roma por mí, pobre pecador!". Tannhäuser se arrodilla: "¡Señor, seas bendito! ¡Grandes son las maravillas de tu gracia!". El Coro vuelve a cantar y va saliendo de escena; según el libreto, delante de la imagen de la Virgen, aquí ausente. Cantan el mismo texto. Y lo repite Tannhäuser (la melodía de la Obertura).  Ya en pp se va esfumando el canto del Coro, sin nuevo texto.

 Quiero hacer aquí un compás de espera sobre lo extraordinario de una multitud de peregrinos en su mayor parte analfabetos y pobrísimos que en base a sólo la fe, acometían la enorme tarea de caminar muchos centenares de kilómetros, lo cual les tomaba meses, para llegar a Roma y luego retornar a sus respectivas casas; y ni siquiera sabemos de dónde vienen, ya que pasan cerca del Wartburg pero no se aclara cuál fue el punto de partida. La gente de pueblo tenía en esa época vidas cortas y duras y en esos peregrinajes se exponían a robos y asesinatos y además debían cruzar los Alpes; un porcentaje no llegará a Roma, otro no volverá a su hogar si lo tenía. Era una época de extremos en todo sentido; en lo religioso también: flagelantes, ermitaños, pero también obispos de gran riqueza y papas de muy diversa calidad. Políticamente los conflictos eran muchos aunque menos que en los varios siglos de invasiones de los bárbaros durante la Alta Edad Media (s. V al VIII); varios de esos inestables reinos, muy móviles, se convirtieron al cristianismo, y los abundantes concilios fueron condenando herejías. También imperaba la superstición, la creencia en la magia, la pésima higiene, la supina ignorancia médica. Wagner da una muy buena imagen del Landgrave de Turingia y de los Minnesänger, probablemente excesiva, y de su total sumisión al Papado en cuestiones de fe. Veamos: (datos de Enciclopedia Británica)): Landgrave (Landgraf): título de nobleza en Alemania y Escandinavia a partir del s. XII cuando los reyes alemanes decidieron resguardar su propia posición ante el avance de los duques (Herzoge). Los reyes nombraron "condes provinciales" (Landgrafen) sobre los cuales los duques no tendrían control y tendrían rango y autoridad equivalente. Más tarde los harían directamente dependientes de los reyes o emperadores. El primer landgraviado fue precisamente el de Turingia otorgado en 1130 por el Rey Lotario II a la familia Ludowing. El título sobrevivió hasta el siglo XX en el Estado (Land) de Hessen. Entre 1130 y 1247 Hesse dependió del Landgrave de Turingia (o sea, en este caso, de Hermann). En cuanto al Papa: el libreto no da su nombre; pueden ser Inocencio III (1198-2016) u Honorio III (1216-27). Es más probable que se trate de Inocencio III, de importante trayectoria; era la época de la división de los papas y hubo un antipapa Inocencio III nombrado por un grupo que se oponía a Alejandro III en Septiembre 1179 pero éste lo relegó en Enero 1180 a un monasterio. El verdadero Inocencio III tuvo gran actividad. Apoyó a San Francisco de Asís y legitimó la pobreza apostólica y la predicación itinerante. Además convocó el importante Concilio de Letrán de 2015. Se consideraba como el Papa de la rectitud moral y de la defensa de la fe. El Concilio produjo frutos esenciales: promulgó el dogma de la transubstanciación, prohibió la intervención clerical en los "juicios de Dios" de los torneos, impuso la obligación de cada cristiano de confesarse una vez al año y recibir la comunión en Pascua.; en cambio no consiguió que los prelados admitieran dar parte de su ganancia para sostener a la Curia. En lo político cristiano participó de numerosas situaciones y en varias no le fue bien; promovió la Cuarta cruzada pero ésta se vio deslucida por el desvío de los venecianos a Constantinopla y su ataque mercenario; y si bien trató de evitar las maldades de los franceses contra los albigenses no lo logró. Era lógico que tuviera fuerte relación con el Sacro Imperio Germánico Romano; la primera y la última palabra tenían que ver con la fe y con Roma, pero sus soberanos actuaban con cada vez menos escrúpulos, además de las complicaciones de relaciones familiares entre reyes de distintos países. Así, cuando los príncipes del Imperio no quisieron elegir al hijo de Enrique VI, Federico II, optaron por dos variantes: Felipe de Hohenstaufen (que el Papa no apoyó porque esa dinastía había cometido muchos abusos) y el Duque de Brunswick, que será Otón IV y era sobrino de Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra. Lamentablemente Felipe fue asesinado en 1208, e Inocencio III coronó Emperador a Otón IV. Pero éste pronto lo decepcionó pretendiendo parte de los Estados Papales y el Reino de Sicilia y el Papa lo excomulgó, así como amenazó excomulgar a Juan Sin Tierra cuando éste no admitió nombrar Obispo de Canterbury al elegido por el Papa; el Rey cedió pero le comentó que había firmado bajo presión la Magna Carta que limitaba los derechos reales, y el Papa se equivocó al anularla. En suma, Inocencio III fue un papa de estricta moralidad pero capaz de graves errores políticos. Los problemas continuarán: durante dos siglos se pelearán los güelfos (pro-papas) y los gibelinos (pro-Emperador), aunque tras la caída de los Hohenstaufen (1268) la tendencia será más de intereses comerciales que guerreros. Volviendo a "Tannhäuser", más allá de la flagrante fantasía del Monte de Venus, no es de extrañar que un papa estricto y puritano como Inocencio III pudiera considerar intolerable e imperdonable la confesión de años de orgías.

               Continuando con la ópera y ya sin otras interrupciones: las campanitas del pastor se van extinguiendo pero se empiezan a escuchar a cornos en Do (más cercanos), en Fa (más lejanos) y en Mib (todavía más lejanos), pero se van acercando, y Allegro en 2/2, "dialogan" formando acordes 11 cornos, hasta que el Landgrave contesta (total 12 cornos, como mencioné al referirme a la banda fuera del foso). Y así se inicia la Cuarta escena: el Landgrave y los Minnesänger comparten una partida de caza pero se topan con Tannhäuser rogando ensimismado. Los personajes y los cantantes: Landgrave Hermann: René Pape (bajo), Walter von der Vogelweide: Peter Sonn (tenor), Biterolf: Tobias Schabel (bajo), Wolfram von Eschenbach: Rene Mattei (barítono), Heinrich der Schreiber: Jürgen Sacher (tenor), Reinmar von Zweter: Jan Martinik (bajo). Los cinco Minnesänger llaman a Tannhäuser por su nombre: "¡Heinrich!", Allegro. Landgrave: "¿Eres tú, quien demasiado orgulloso habías dejado este lugar?". Biterolf: "¿Por qué volviste?".  "¿Paz o nueva guerra?". Wolfram: "¿Acaso hay orgullo en su rostro?". Los otros: "¡Bienvenido si vienes en paz!".  Landgrave: "¿De dónde vienes?". Tannhäuser: "Vengo de lejana tierra en la que no encontré reposo. ¡Seamos amigos y déjenme partir!". Todos le piden: "¡Quédate con nosotros!", pero contesta "¡Debo dejarlos!". Todos: "¡Nos buscabas! ¿Por qué irte?". Contesta: "¡No debo quedarme!". Pero en compleja maraña de voces todos insisten hasta que Wolfram le dice: "¡Quédate por Elisabeth!" y esto conmueve a Tannhäuser. Wolfram al Landgrave: "¿Puedo contarle la alegría que le espera?" y contesta el Landgrave "¡Cuéntale cuál fue el encanto tan poderoso! ¡Que Dios lo haga digno de recibirlo!". En un Andante Wolfram canta noblemente: "¿Qué encanto, qué santo poder te hizo concebir esos cantos de alegría y tristeza que conquistaban a esa casta muchacha? Cuando partiste ella se aisló y sigue estándolo. ¡Vuelve, tu voz se unirá a la nuestra y ese ángel que se exilia retornará!". Todos: "¡Cantemos unidos, seamos hermanos!". En entusiasta Allegro, Tannhäuser acepta: "¡Hacia ella! ¡Renazco, el Cielo me mira, las flores brillan, la fresca voz de la primavera me llama; vivo y respiro cerca de ella, mi corazón es finalmente feliz!". Y todos lo acompañan en exaltado y brillante final de acto: "¡Bendita sea la noble pasión que ha roto su arrogancia! ¡Ensalzada sea Isabel con nuestra inmortal canción!". Se escuchan cercanos los cornos de los cazadores y entran (figurantes) los monteros y halconeros. Con los mismos textos continúan entusiastas lo cantantes esta vez con la banda agregada, y en arduo Stretto final, llevado por Barenboim a tambor batiente aunque perfecto, los cantantes fueron muy profesionales y Seiffert no se arredró en ningún momento pese a la alta tesitura. Pero falta una sorpresa: la banda apoyada por la orquesta en tresillos atacó una llamada de caza, y por fin, sin banda, la orquesta a pleno tocó una magnífica melodía con la máxima exaltación. Pero…¿qué hacían estos señores vestidos elegantemente como cazadores eduardianos de 1910?   

               El Acto segundo se inicia con una brillante Introducción, Allegro en 2/2, llena de contrastes imaginativos y un arduo pasaje en tresillos de cuerdas; hacia el compás 70 se abre el telón y entra Elisabeth jubilosa. Se supone que estemos en la Sala de los Minnesänger y me pregunto si Wagner estaba bien informado sobre sus dimensiones; en efecto, este concurso anual era todo un acontecimiento pero como ya expresé, la sala es pequeña. La lógica indica que el Landgrave invitaba a un número acotado de los nobles más importantes de la Turingia de entonces, similar pero no igual que la de ahora. Y el Landgrave tenía un dilema: había en efecto una gran Sala de Recepción donde seguramente se socializaba y se cenaba; pero si el grupo invitado era numeroso sólo algunos podían estar en el Concurso; los otros podían charlar y cambiar ideas en el amplio Salón para el festejo posterior. Y ahora llegamos al dilema de Wagner: la gran Marcha, muy extensa, es magnífica pero imposible en el Salón del Concurso, y no creo que hubiera la capacidad técnica de presentar las dos salas en la Dresden de 1847, de modo que hay una incongruencia de fondo e irreversible. A Wagner le gustaba el espectáculo imponente en estas óperas tempranas. En la partitura curiosamente el compositor describe la Sala del Concurso como si el dilema no existiese. La "escenografía" de la puesta de Waltz fue casi inexistente. Elisabeth (Ann Petersen, soprano), alta, rubia, joven, entra en un espléndido vestido siglo XX y canta su aria, que tiene tres partes; en la primera, "Dich, teure Halle" ("Tú, noble sala"), da la bienvenida a ese amado recinto. "Allí revivirán las canciones, ¡y en mi corazón renace la esperanza!" Una reflexión melancólica en la breve segunda parte: "¡Cuando él partió qué desolada parecías! Perdí la paz y tú tu alegría": Desde allí en la tercera parte su exaltación es cada vez mayor y la música es ascendente: "Ahora mi corazón se agita jubiloso y tú, transformada, me pareces sublime", y Più mosso repite las frases iniciales, culminando en un si natural. Wolfram y Tannhäuser aparecen en el fondo y se inicia la Segunda escena. Wolfram le dice: "Acércate sin miedo", y se va. Tannhäuser se arrodilla ante ella: "¡Oh Princesa!". Ella tiene una reacción confusa, de ánimo trastornado: "¡Levántese! ¡Parta!". Él: "¡Dejadme prosternarme ante vos!", y ella esta vez dulcemente le pide que se levante en esa sala en la que él es Rey. "Os agradezco haber retornado; ¿por qué tan larga ausencia?". Él miente: "Estuve lejos, muy lejos de aquí; un olvido eterno separa lo pasado del presente. Había perdido la esperanza de volver a veros". Ella: "¿Qué os hizo regresar?". Él: "¡Un milagro, un prodigio!". Y ella entra en una larga digresión: "¡Desde el fondo de mi ser doy gracias a ese milagro!". Allegretto, 6/8: "Todavía estoy en un sueño. Antes los cantos y los premios eran para mí juegos muy gratos". Accelerando, 4/4: "¡Vuestra voz dio una nueva emoción a mi alma, a veces amarga y otras de insoportable dicha!". Más lento y en menor: "Cuando vuestra voz nos abandonó todo se hizo silencio". Dolorida: "¡Heinrich! ¿De dónde viene mi tormento!". En mayor y con entusiasmo interviene Tannhäuser: "¡Alabad al Dios del Amor que inspiró mis canciones!". En 2/2 y al unísono: "¡Bendita sea la hora que trae estas buenas nuevas y me permite veros de nuevo!". Mientras repiten sus palabras una y otra vez, se asoma Wolfram, los ve y canta: "¡Así se extingue la última esperanza de mi corazón!". Y nos enteramos de la inmensa bondad de Wolfram, que sacrifica su amor  respetando los sentimientos de Elisabeth, él que había sido quien convenció a Tannhäuser de quedarse en el Wartburg. Los dos enamorados siguen repitiendo el texto durante varias páginas más de exaltado canto. En varios momentos se abrazaron. Ahora él viste un inmaculado traje de noble eduardiano. Petersen tiene rango y buen timbre pero también demasiado vibrato; una buena Elisabeth, no más que eso. Seiffert, auténtico Heldentenor, pudo con todas las notas aunque sus años se sintieron en el evidente esfuerzo. Pobre Mattei, con anteojos y un traje poco feliz Waltz le quita toda presencia, pero como luego se comprobará, su canto es de primer orden, de gran barítono lírico. Brillante postludio mientras Tannhäuser abraza a Wolfram y ambos se alejan. Luego, Moderato, Elisabeth desde un balcón sigue a Tannhäuser con la mirada, y se inicia la Tercera Escena, en la que Elisabeth ve llegar al Landgrave y se apresura a verlo con gran afecto. Él sugiere que por un tiempo se ignoren los dulces secretos del corazón de su sobrina, que sean los cantos del Concurso los que hagan realidad tangible sus sentimientos. Y le avisa que muchos nobles de sus dominios vendrán porque saben que ella presidirá la reunión como Reina. El Landgrave está ataviado como si fuera Eduardo VII de Gran Bretaña (Rey entre 1902 y 1910) siguiendo la loca idea de la puestista que nunca pareció darse cuenta de la total incompatibilidad entre el libreto y lo que ella hizo en escena. Cinco trompetas anuncian el principio de la reunión mientras el Landgrave todavía está con Elisabeth.

               Doce trompetas inician la impresionante Cuarta escena. Durante los 8 minutos siguientes habrá sólo 8 líneas de texto coral. En CD hay una inmensa cantidad de grabaciones de fragmentos de esta ópera, y la Marcha tiene una docena de versiones en su original o en arreglos para banda; el 16/10/63, además de la ópera entera el Colón ofreció un concierto (creo que para la Wagneriana) en el que Leitner eligió fragmentos de la obra e incluyó la Marcha con el coro y orquesta del Colón; fue una sesión memorable. En el plano puramente musical también lo fue en esta función berlinesa: un Barenboim de asombrosa energía y garra, un sólido coro y una orquesta admirable dieron mucho placer auditivo. Escénicamente, todo lo contrario. Tras 23 compases introductorios, Allegro, se presenta la admirable melodía, más lenta, mientras entran los Condes, los Caballeros y las Señoras Nobles y saludan al Landgrave y a Elisabeth. Vimos un despliegue de vestidos de lujo, sin duda muy caros, blancos en su mayor parte, mientras los hombres parecían estar invitados a un festejo en Balmoral (palacio de verano de los reyes británicos). Y tras 16 compases, la gran melodía de la marcha, p, en los violines, y tras un crescendo, una segunda melodía muy rítmica y ff; tras un desarrollo, entra el coro de los caballeros a 4 voces: "Con alegría saludamos esta noble sala donde permanecen el arte y la paz donde resuena este canto: ¡te saludamos, Landgrave Hermann, Príncipe de Turingia!". Todo esto es retomado por las Damas nobles, y nuevamente luego por el Coro de los Caballeros, desde este momento en contrapunto los dos coros, para luego volver a cantar juntos en ff, y con apoyo de trompetas, gran final de los coros pero no de las trompetas, que son las que cierran. Pero a Waltz no le bastó, y mezcló bailarines de ambos sexos (los mismos que habíamos visto desnudos) con absurdas contorsiones modernistas que hubieran escandalizado a King Edward VII… Los coreutas se instalaron en los amplios palcos y los bailarines desaparecieron. Moderato y acompañados de una bella melodía de las cuerdas entran los Minnesänger, llevados a sus lugares por los pajes. Recitativo del Landgrave dirigido a los Minnesänger: "En esta sala habéis alegrado nuestros corazones con vuestras canciones"; Maestoso: "cuando nuestra espada estaba ensangrentada combatiendo por el honor de nuestro Reino alemán, cuando el furor del Güelfo fue controlado y evitamos la discordia, ustedes conquistaron otros laureles". Andante: "Ustedes conquistaron otros laureles con vuestros cantos de sincera fe alabando la virtud". "Ha vuelto un valiente cantor cuya ausencia nos afligía. De un puro amor penetrad el misterio y Elisabeth dará el premio a quien mejor lo comprenda". Allegro: "¡Queridos cantores, usad las cuerdas del arpa! ¡Probad vuestra suerte y agradezco de antemano vuestros nobles intentos!". Pape es uno de los grandes bajos líricos y naturalmente hizo una bella tarea, pero se lo sintió algo incómodo en la extraña régie que debió tolerar. Vuelve el Coro a alabarlo, y luego un episodio Moderato vuelve a la noble melodía de la entrada de los Minnesänger, mientras los pajes presentan a los cantores una copa de oro en la que cada uno pone un billete con su nombre; llevan la copa a Elisabeth que elige uno y se los da. Los pajes (4 niños cantores) leen: "¡Wolfram von Eschenbach, comenzad!".

               "El Concurso de los Minnesänger", titular en la partitura, comienza. Él, como todos, simula tocar el arpa, pero además se escuchan suavemente las cuerdas en notas largas. Primero alaba a los héroes valientes, sabios y alemanes y luego a la casta belleza de las mujeres. Luego mira a un solo astro y su alma emocionada se calma rogando. Su ojo se fija en un manantial encantado, y sin agitar su puro cristal con un deseo, su corazón ferviente estaría dispuesto a derramar su sangre en él. Así comprende Wolfram la esencia del casto amor. Esta canción es de particular simplicidad y belleza, ideal para un barítono lírico; Mattei la cantó con gratísimo timbre, impecable afinación y gusto refinado. Entusiasta recibimiento del Coro. Tannhäuser, dando ya síntomas de lo que luego ocurrirá, interviene dando su opinión, cosa completamente ajena al mecanismo del Concurso. Sin embargo se acompaña con el arpa, como si fuera su canción. "Alabo su virtud, pero sin anhelo no me acerco a la fuente, debo calmar mi sed ardiente sin vacilación, el manantial debe ser inagotable para extinguir mi exigencia. Así entiendo la verdadera esencia del amor". Extrañamente Elisabeth lo aplaude pero luego con timidez se sienta. Walther canta (cortado en París) y da la razón a Wolfram; "debes refrescar tu corazón, no tu paladar". Gran apoyo del Coro. Pero Tannhäuser retruca: "Tú afeas malamente al amor. Así se agota el mundo. Conviene gozar en regocijado impulso, y sólo en el goce conozco el amor".

Me pregunto: ¿por qué no intervino el Landgrave y le dijo que estaba violando dos veces el reglamento al polemizar con los Minnesänger? Es un punto débil del libreto. Biterolf toma el arpa y le espeta a Tannhäuser: "¡Tus cantos son una ofensa! Amor, aumentas mi coraje, y para evitar un ultraje vertería mi sangre". El Coro: "¡Bien Biterolf, toma nuestra espada!". Tannhäuser le contesta: "¿Cantas sobre el amor, lobo rabioso? ¡Tu vida no fue rica en amor ni vale un duelo!". El Coro se indigna, Biterolf desvaina la espada, el Landgrave interviene y pide paz. Sólidos trabajos de Sonn (Walter) y Schabel (Biterolf). Wolfram invoca al Cielo para que destierre la cólera y el pecado de este lugar venerado. "Tu fuego divino me inspira, de la estrella pura la luz es eterna!". Música inspirada admirablemente comunicada por Mattei. Tannhäuser, totalmente desaforado, exclama: "¡Gloria a ti, mi Diosa! ¡Feliz el que en ardiente embriaguez compartió la voluptuosidad de los Dioses! Ustedes, cuyas almas los ignoran, ivayan al Venusberg!". Todos le contestan: "¡Infame! ¡Huyamos de él!". Las Damas asustadas se van. Los Minnesänger: "¡Nos dijo un secreto infernal!" "¡Se dio al Venusberg!" "¡Claven la espada en su cuerpo! "¡Que sea llevado al infierno!". Elisabeth se interpone exclamando: "¡Parad!". Reaccionan los atacantes: "¿Elisabeth la casta defiende al pecador?". Ella: "¡Atrás! No le tengo miedo a la muerte. ¿Qué son las espadas frente al golpe mortal que golpeó mi corazón?". Todos: "¿Tu corazón pudo venderse? ¿Defiendes al que te traicionó?". Ella: "¿Le será robada su salvación?". Todos: "No merece ninguna esperanza. ¡Que muera y guarde su pecado!". Ella: "¡`Sepan qué es lo que el Cielo quiere! ¿Acaso no puede tener remordimiento y hacer penitencia? ¡Y yo, la virgen cuya llama se extingue, que lo amaba con toda mi alma, con júbilo él quebró mi corazón! ¡Que él pueda creer todavía que nuestro Salvador se inmoló también para librarlo del mal!". Tannhäuser, ahora desesperado, exclama: "¡Ay de mí, miserable!". Todos: "¡Comprende, pérfido traidor, lo odioso de tu crimen! ¡Le debes la vida a este ángel! Si no puedo perdonar al culpable debo respetar las leyes del Cielo!". En enorme concertante se añaden Tannhäuser y Elisabeth; él pide piedad. Asombrosa complejidad durante varios minutos. Muy sensible y bien fraseado el trabajo de Ann Petersen, y Seiffert en plena forma durante todo el Concurso. El Landgrave toma la palabra: "Velando un pasado detestable se ocultó entre nosotros el hijo del pecado. Que parta y que para él quede cerrado este recinto al que él ensució, ya el Cielo parece amenazarnos". Dice a Tannhäuser: "Para escapar a la pena eterna queda un camino: se reunieron peregrinos, van a Roma a hacer penitencia". Todos agregan: "Adhiérete a ellos, que tu pecado se borre con santo arrepentimiento, comunícate con el Elegido de los Cielos. Si te es inflexible, ¡no vuelvas nunca aquí! ¡Teme mi venganza, esta espada te castigará!". Simultáneamente Tannhäuser canta: "¡Oh Cielo, tu clemencia me abandona! ¡Como penitente sincero, me golpearé el corazón, caeré en el polvo, contrito de mi goce!". Y Elisabeth a su vez: "¡Señor Dios de bondad, haz brillar tu luz en esta obscuridad! Mi corazón se sacrifica y te lo ofrezco. ¡Señor, toma mi vida! ¡Ya no es mía!". Y así sigue durante varios minutos. Súbitamente se escuchan las voces lejanas de jóvenes peregrinos. Todos lo oyen y exclaman, acompañando a Tannhäuser: "¡A Roma!". La orquesta cierra solemnemente este extenso acto. "Tour de force" para todos, requiere mucho ensayo, gran profesionalismo y ante todo, un director de fuste: Barenboim volvió a probar su concentración, dominio técnico y garra comunicativa en un gran trabajo. Y, menos mal, fue mejor en esta "etapa" la tarea de Waltz.

               A diferencia de los actos anteriores, intensos y con mucha música rápida, el Tercero, mucho más corto, es predominantemente lento. La Introducción ("Einleitung") tiene un título: Peregrinaje de Tannhäuser. Andante assai lento, 4/4: Tras un diálogo de los vientos con un esbozo melódico, sigue un breve tema dialogado de las cuerdas, pp. Ambos diálogos se contestan varias veces y luego los vientos llegan a un calderón. Lo interpreto como la llegada a Roma y los diálogos, entre Tannhäuser y otros peregrinos; son severos, como seguramente fue el viaje. Un crescendo con cuerdas arremolinadas lleva a una solemne melodía ff de los bronces: seguramente la presencia del Papa, no en el Vaticano que no existía, sino en la Basílica San Giovanni in Laterano, que todavía es la catedral de Roma y del mundo. Fundada por Constantino, destruida por los Vándalos, restaurada entre los siglos V y VIII, demolida por un terremoto en 898, reconstruida en 904 y embellecida por varios papas, entre ellos Inocencio III. Después de esa etapa, nuevo incendio en 1308; hacia 1650 Inocencio X encargó a Borromini su total restauración; es la que ahora visitamos. En la Basílica atendía Inocencio III a los peregrinos, aunque vivía en el Palacio de Letrán (Laterano) al lado. Y contiguo está lo que queda de la Scala Santa, presuntamente la que subió y descendió Jesús el día de la Pasión; Santa Elena la transportó a Roma; contiene una capilla ojival, la Sancta Sanctorum, único vestigio del palacio primitivo. Volviendo a la Introducción, un segundo crescendo, esta vez con trinos, lleva a la repetición ampliada de la solemne melodía, y ésta a un arrebatado climax, tras lo cual se llega a un silencio. Claro fin de la presencia ante el Papa. El retorno se inicia con la bella melodía ascensional ya escuchada (el perdón) y luego el regreso con lenta melodía de las maderas y una meditación descendente pp de los violoncelos. Nuevamente ejemplar interpretación de Barenboim. Se alza el telón.  

               Oscuridad total. Segundos después, mínima luz; supuestamente, dice el libreto, estamos en el valle de la Wartburg, en el crepúsculo de otoño; Elisabeth ora ante la imagen de la Virgen y Wolfram la apercibe (nosotros no, y no hay crepúsculo sino noche sin estrellas). Recitativo de Wolfram monologando: "Siempre la veo así cuando vengo desde lo alto de los bosques. Con la muerte en el corazón ora día y noche. Espera los peregrinos y se pregunta si él vendrá". Ahora arioso, más melódico y con más orquestación, exclama: "¡Oh Cielo! ¡Que su deseo se cumpla!". Segundos después, se oye lejano el Coro de los viejos peregrinos: "¡Salud, Oh Patria, bosques y praderas, puedo dejar el bastón del peregrino ya que recibí el favor de Dios!". Se alegran ella y él, y ambos desean que haya un signo de Dios en cuanto al regreso del Minnesänger. Se acercan los peregrinos, llegan, y ya con razonable luz, cantan: "¡Bendita sea tu grandeza, señor! El que a Ti acude obtiene el perdón y la paz de los puros desciende a su espíritu. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!". Magnífica música de sostenida grandeza que llega al ff con poderosa orquestación acompañando, y en el último minuto se van alejando hasta que sus voces se pierden. Pero…¿por qué el coro es de viejos y no de gente madura y de jóvenes? Es claramente un error incomprensible wagneriano, ya que muchos viejos no tolerarían físicamente tal prueba de fuego.  Y si también hubo maduros o jóvenes en el peregrinaje, ¿por qué no son esos los que vuelven antes? Además Tannhäuser es joven (aunque no  lo sea Seiffert). Fue muy buena la interpretación musical, pero…Waltz cometió su mayor disparate: mezcló al coro con bailarines haciendo grotescas piruetas en un canto de evidente carácter sacro; hasta para el no creyente parece una insolencia tonta.

               Elisabeth comprueba la ausencia de Tannhäuser y canta su noble aria de apelación a la Virgen: "¡Allmächt´ge jungfrau!". Lento, 4/4, con mínima orquestación, su contenido es terrible, porque "quiero morir, llévame de esta Tierra. Dame un lugar junto a los ángeles. Si alguna vez tuve un deseo culpable, supe combatirlo. ¡Ten piedad de mi dolor! ¡Líbrame del pecado!". Con las maderas tocando redondas en pp, se levanta, ve a Wolfram y le pide silencio con un gesto. Él ofrece acompañarla, ella se niega mirando al Cielo. Mientras ella va subiendo la colina muy lentamente la acompaña una melodía de clarinete bajo. Petersen la cantó con expresión, habiendo controlado su vibrato y emitiendo su voz con suavidad. En la Escena Segunda Wolfram queda solo. Recitativo de mínima orquestación: "¡Mortal presagio! El alma que añora las alturas divinas se estremece en la soledad de la noche. ¡Allá brillas, la más querida estrella! Tu pura claridad ha disipado el velo; el crepúsculo cede ante tu resplandor que muestra el camino del valle" (las últimas frases son un melódico Arioso). Y llega la más famosa melodía -y la más italiana- de la ópera: 6/8, Andante mosso: "O du mein holder Abendstern" (Oh tú mi más querida estrella vespertina"), que tiene carácter de despedida a Elisabeth ("tocando" el arpa): "Dile adiós por mí cuando ella pase cerca de ti, cuando un ángel santo extienda sus alas" (ella). Es probable que Mattei sea el mejor Wolfram actual, en la línea de los grandes de los años sesenta, por la dulzura del timbre y el refinamiento de su fraseo. El aria tiene un gran postludio instrumental que se fusiona con la Escena Tercera, iniciada por un toque de trompas con sordina. Ya es de noche. Con esfuerzo se logra distinguir un bulto en el piso: es Tannhäuser; una mínima luz lo enfoca; su ropa está hecha trizas, su aspecto es decadente, se apoya en un bastón. "Escuché un arpa", canta con voz casi exhausta, "¡un canto triste! ¡no viene de ella!". Allegro moderato, Wolfram: Lo ve, y exclama: "¿Quién eres tú, peregrino?". Tannhäuser: "Yo te reconocí, Wolfram". Sorprendido, éste reacciona (Allegro, ff): "¿Qué te trae aquí? Si tus pecados no fueron perdonados, ¿cómo osas retornar aquí?". Tannhäuser, Lento: "No te busco a ti ni a tus amigos, sino al que pueda indicarme el camino que supe encontrar años atrás, ¡el del Venusberg!". Colérico, Wolfram lo llama blasfemo; "¿Cuál demonio te trae?" "¿No fuiste a Roma?". A su vez Tannhäuser monta en cólera para admitir luego que fue, y luego se enternece al decirle Wolfram "¡Infortunado, mi alma se llena de piedad hacia ti!". Tannhäuser: "¿No eres mi enemigo?". Wolfram: "Nunca lo fui mientras te creí en el buen camino". Tannhäuser: "Todo lo sabrás pero no te acerques. ¡El lugar que ocupo es maldito!". Y allí se inicia el crucial y enorme relato, tremendo desafío para el tenor y magistral Wagner. Hay en él arrepentimiento, masoquismo, esperanza, espanto ante la negativa del Papa y deseo de volver a Venus. Se inicia Andante, 4/4, acompañado por la melodía que aparece en la Introducción: "Inbrunst im Herzen" ("Con fervor en el corazón"), "seguí el camino a Roma. La gracia de un ángel apagaba la llama soberbia de mi pecho. Quería expìar mi culpa y dulcificar sus lágrimas. Cuando el más austero de los peregrinos caminaba por el llano mis pies sangrantes buscaban las rocas. Ofrecía mi sangre al Cielo ya que no osaba orar". Un poco più mosso: "En Roma me arrodillé en el templo; se escuchaban las campanas. ¡Un canto de alegría anunciaba la esperanza, gracia y perdón a todo ese pueblo! Vi al que representa a Dios y su voz anunciaba el perdón: ¡levántate, estás absuelto! Ante él me acusé con amarga pena de los malos deseos que inflamaban mi corazón y que seguía sintiendo en mis venas, y é dio su sentencia". Lento maestoso: "Si de Dios te alejaste a las llamas del Infierno y a Venus te entregaste, ¡condenado seas por toda la Eternidad! Así como el báculo que sostengo no podría nunca florecer, ¡ten por seguro que toda esperanza es imposible!". Larga pausa; menos lento. "Aniquilado caí al suelo. Todo sentimiento me desertaba ante aquel veredicto cruel". Pausa. "Al despertarme escuché lejanos cantos de gracia, ¡y me indigné!". Allegro, ff: "Con rápido paso el temor me perseguía". Più allegro, ff: "me dirigí al único lugar donde conocí la alegría y el amor. ¡Voy hacia ti, Venus, a la magia de tu noche, a tu palacio donde tu encanto es eterno!". El gran relato se funde con la reacción aterrorizada de Wolfram, que intenta frenarlo. Pero Tannhäuser le dice que los hombres lo rechazan; "¡Dulce Diosa, guíame!", y se percibe una nube rosa. En la orquestación aparece un tema de la Bacanal en las cuerdas y las maderas se dividen no en la orquesta sino en el escenario a izquierda y derecha. Tannhäuser se entusiasma y cree escuchar cantos alegres mientras Wolfram se estremece. La música se "bacanaliza", Tannhäuser exclama: "¡Éste es el reino mágico del amor! ¡Entré al Venusberg!", y aparece Venus acostada: "¡Bienvenido, infiel amante! ¿Te arrojó el mundo de tu seno para que no habiendo hallado misericordia vengas a buscarla en mis brazos?". Tannhäuser: "¡Soy todo tuyo!", simultáneo con Wolfram: "¡Magia infernal, cesa, no atormentes más a este hombre justo!". Venus: "¡Si te acercas a mi umbral tu insolencia será perdonada! Que fluya para ti el manantial de la felicidad y nunca más huirás de mí". Tannhäuser: "¡Perdí mi salvación, me queda elegir el goce del Infierno!". Wolfram trata de retenerlo mientras Venus le insiste "¡Ven!", hasta que sólo le dice: "Elisabeth!" y Tannhäuser repite ese nombre justo cuando los Minnesänger cantan fuera de escena "¡El alma pía ha dejado el cuerpo de la devota mártir!", simultáneo con Wolfram: "Tu ángel implora a tu favor ante el trono de Dios; el Cielo la oye; Heinrich, ¡estás salvado!", y simultáneamente con estas últimas palabras, Venus exclama: "¡Estoy perdida!"; desaparece, se disipa la nube, nace la aurora. Aparece el cortejo acompañando el féretro con el cuerpo de Elisabeth. Cantan más cercanos los Minnesänger: "¡La pura sigue al coro y contempla al Señor!". Tannhäuser es llevado por Wolfram hasta el féretro; Tannhäuser se arrodilla: "¡Santa Elisabeth, ruega por mí!", y muere. Coro  de Jóvenes Peregrinos, Moderato, pp: "¡Gloria al milagro sagrado! La madera yerma del báculo santo súbitamente de flores se cubrió. ¡Gracias a este milagro hay perdón para el pecador!". Iniciado pp, el coro pasó a f y por último a ff para las frases finales: "¡Por encima del Mundo está Dios, y su bondad no tiene límite!". El Maestoso final en 3/2 reúne a todos: en ff, los Peregrinos Jóvenes y Viejos, los nobles y los Minnesänger cantan: "¡La redención ha sido acordada al penitente, ahora su alma ha conquistado la paz eterna!". Para las maderas es un final de ardua ejecución: continuos tresillos de notas repetidas durante 22 compases hasta llegar al Maestoso donde la orquesta entera toca tresillos relativamente más fáciles hasta el acorde final. Excelente nivel orquestal y muy bueno coral, regidos por la mano inexorable de Barenboim. Ni la mediocridad y el mal gusto de Waltz pudo arruinar el efecto final. Seiffert otorgó dramatismo y completo control a su relato de Roma, demostrando que sexagenario todavía podía con el muy demandante personaje, y Poplavskaya  fue atrayente en su nueva intervención como Venus.

               Una observación final: tanto en esta ópera como en "Los Maestros Cantores de Nuremberg" la dama se gana por concurso si bien con derecho a opinar. ¿Habrá óperas donde sean los caballeros aquellos que se ganan por concurso?

Pablo Bardin  

 

 

ÓPERAS EN COMPUTADORA, TERCERA SERIE

                Esta vez seré algo más sintético que con "Macbeth"; sólo abarcaré dos óperas poco conocidas: una en Berlín y la otra en Viena.  

 

"LA NOVIA DEL ZAR" DE RIMSKY-KORSAKOV, BERLIN 2013; 30 DE ABRIL 2020

 

               Fue Nikolai Rimsky-Korsakov uno de los grandes creadores rusos del siglo XIX (aunque llegó a principios del XX en su prolífica vida) y sus óperas fueron numerosas, aunque en Buenos Aires hace mucho que las tienen olvidadas, y puede decirse que sólo una obra sinfónica suya, la extraordinaria "Sheherazade", es de repertorio habitual. Sus óperas abarcan varias décadas y son 15 entre 1872 y 1907; 3 de ellas en un acto. Alternan entre temas históricos y mitológicos, con alguna excepción como "Mozart y Salieri", texto de Pushkin sobre la idea del Salieri envenenador (probada falsa pero utilizada en la pieza y la pelicula "Amadeus"). "Pskovitianka" ("La doncella de Pskov") fue la primera (1872, revisada en 1892), complementada desde 1898 por el acto único de "Boyarina Vera Sheloga" a modo de prólogo. Hay óperas de ambiente folklórico, como "Noche de mayo" y "Nochebuena", ambas sobre Gogol. Una curiosidad: "Kashchey el Inmortal", 1902-6, en un acto, que seguramente tuvo en cuenta su discípulo Stravinsky en "El pájaro de fuego". Sólo cuatro de sus óperas se dieron en Buenos Aires, casi siempre en italiano: una, considerada apta para niños, se dio nada menos que 9 veces entre 1927 y 1986: "El Zar Saltan"; desde entonces no hubo más Rimsky en el Colón. "Sadko", tan grata e imaginativa, sólo dos: 1930 y 1944. "El gallo de oro", para mí la de estilo más avanzado, es una sátira política disfrazada de leyenda; se dio en 1925, 1937, 1950 y 1979. Y por única vez y en ruso, la "Leyenda de la Ciudad Invisible de Kitezh", en 1936, obra muy bella y refinada. El Colón nunca vio la admirable "Snegurotchka" "("La doncella de nieve") ni la que me ocupa, "La novia del Zar".

               A mí me ocurrió algo a la vez atrayente y frustrante: pude verla en vivo por única vez el 8 de abril de 1967 en el Bolshoi de Moscú y me atrajo e interesó mucho. ¿Por qué frustrante? Y bien, eran los tiempos de Brezhnev, una Rusia muy cerrada todavía, y el magro programa de mano estaba en cirílico y sólo en ruso; el cirílico lo leía a medias y ruso sabía muy poco, de modo que fui deduciendo la esencia del argumento  (sin llegar a resolverlo del todo) gracias a que las puestas de entonces respetaban la época y las actuaciones eran sobrias y correctas (al día siguiente vi "Eugen Onegin", que sí conocía, y me pareció una representación de alta calidad). Me resultó bien cantada y actuada y con una dirección solvente pero los artistas eran nuevos para mí: Deodomova, soprano; G.A. Efimov, tenor (¡el programa sólo daba iniciales de nombres!) y N. Timchenko (bajo); y algunos más que no descifré. El director fue N. Dimitriadi. Lamentablemente no conseguí grabación entonces ni libreto. No volví a escucharla hasta ahora, 53 años más tarde. Me quedó un buen recuerdo pero no mucho más de esa vieja ocasión. Encuentro dos grabaciones en el catálogo R.E.R. 2000 de CDs; una, dirigida por Chistiakov, tiene un reparto de cantantes poco conocidos; pero la otra, del Bolshoi, dirigida por Mansurov, tiene grandes nombres: Nesterenko (Sobakin), Galina Vishnevskaya (Marfa), Valaitis (Gryaznoy), Morozov (Malyuta), Atlantov (Lykov), Arkhipova (Lyubasha), Andreeva (Saburova), Borisova (Dunyasha) y Borisenko (Petrovna). En 1998 apareció el CD dirigido por Gergiev, con Hvorostovsky y Olga Borodina, según me informó un amigo.

               "La novia del Zar" ("Prodana nevesta") data de 1898, cuando Rimsky ya tenía la plena madurez de sus 54 años; el libreto según Grove está "basado" en L. A. Mei (no escrito por él) y con un agregado de una escena por I. F. Tumenev, incluso un aria nueva. Se estrenó el 3 de Noviembre 1899 en el teatro Solodovnikov de Moscú, precursor del Bolshoi. La trama tiene una extraña característica: el Zar en cuestión es nada menos que Iván el Terrible, pero nunca aparece; sin embargo, el mero hecho de haber seleccionado (sobre la base de un retrato) a Marfa como novia provoca terribles consecuencias, aunque él luego se decida por otra candidata. Y ahora llegamos al gran problema de la versión de la Staatsoper Berlin (Unter den Linden aunque provisionalmente en el teatro Schiller): un sólido reparto y un gran director, pero un régisseur que arruina la obra sacándola de contexto y distorsionándola a su gusto: Dmitri Tchernikov (también escenógrafo) está de gran moda y muy lejano a las puestas del Maryinsky a las que nos acostumbró Gergiev con notables repartos que rivalizaban con el Bolshoi.  Estuve investigando y el resultado volvió a deprimirme: muy apoyado a principios de su carrera por Mortier (por supuesto…) ahora teatros que antes eran serios admiten sus amargos disparates y le dan premios. Está en los mejores teatros y para colmo con grandes directores de orquesta que también lo apoyan. Hasta ahora vi cuatro de sus puestas y sólo toleré una, que no es ésta; aparecerán en futuros artículos. Ejemplos: fue premiado en el Maryinsky de Gergiev por otro Rimsky, "La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh" (él la hace visible…); en el Bolshoi por "Eugen Onegin" y "The Rake´s Progress" de Stravinsky; en Novosibirsk por "Aida". Barenboim lo promovió en "Boris Godunov" (2005), "El jugador" de Prokofiev (única que acepto; 2008), la que estoy comentando (2013), "Parsifal" (detestable; vi el Acto Primero; 2018) y "Noviazgo en el Monasterio" de Prokofiev (que no pude ver pero irreconocible según críticas; 2019). En la Ópera de Munich (Bayerische Staatsoper) su director fue Nagano (¡) en "Khowanshchina" (Mussorgsky) y en "Dialogues des Carmélites" (¿?). Menos mal que algunos públicos lo abuchearon en París o Madrid, pero mientras los directores de teatros le sigan dando apoyo su carrera seguirá adelante, como la de tantos otros famosos que con frecuencia son infames para quienes creemos en la verdad de la ópera.

               Qué paradoja: la mayor parte de la música es muy atrayente y de gran calidad, como la recordaba; el director fue espléndido, así como la Orquesta y el coro; y los cantantes lograron dar interés a los personajes en medio del estropicio y todos son muy talentosos: ¿por qué aceptan este esperpento? Por supuesto, Tchernikov no respetó la obertura: ¿cómo, piensa él, les basta con la música? Sí, por algo es Obertura.  Durante el primer minuto y medio vi a un grupo de jóvenes vestido con ropas de 1570 y con un falso escenario de época; pero de repente cayó un telón, desapareció el escenario y los cantantes pasaron a estar vestidos como ahora. Los oprichniks (los terribles guardias de Iván IV, el Terrible) pasaron a ser operadores de televisión en un estudio editor de efectos especiales, con pantalla verde, y gracias al escenario rodante, habitación de control de alta tecnología, proyecciones de video, suite ejecutiva…Y se veía proyectado un rostro en la TV que mezclaba al presunto Iván con dictadores del siglo XX. Este tipo de ridiculización había indignado a mi gran amigo Rolando Ossowski cuando vio en Viena "La mujer sin sombra" de Strauss convertida en lo que presentaba un estudio de TV. No tienen vergüenza y son muchos. El argumento tal como corresponde en una puesta decente es el siguiente: Iván enviudó y busca su tercera mujer; le envían retratos de varias para que él elija previa selección por los oprichniks (sin participación de ellas) y Marfa resulta elegida. Pero ella está enamorada de Lykov y deciden casarse; enseguida se entera que el Zar será el candidato y no puede oponerse. Sin embargo algo extraño sucede: el maduro oprichnik Gryaznoy la desea también, y allí no termina el intríngulis: él tiene una amante, Lyubasha, cuyo amor por el oprichnik es apasionado; busca a Bomelius, un alquimista que podrá proveerle un veneno para eliminar a Marfa. En un final melodramático, Iván ha preferido a otra muchacha y esto se sabe en plena celebración del presunto casamiento, por supuesto festejado por la gente de la sociedad. Gryaznoy, que rechazó violentamente a Dunyasha, sabe del veneno pero no tolera que Marfa vuelva a Lykov y deja que Dunyasha envenene a Marfa, que muere. Esta sórdida historia, sin duda excesiva, es convincente con grandes intérpretes y en su ambientación original; tuvo lo primero pero no lo segundo, y pese a gozar de la música y del talento de los artistas, terminé de ver la ópera con genuina bronca por la traición del régisseur a Rimsky-Korsakov. Puede haber algún error en los párrafos que cuentan el argumento, ya que los subtítulos estuvieron sólo en alemán y este relato depende de una memoria cincuentenaria.

               Marfa fue la soprano Olga Peretyatko, una voz bellísima acostumbrada a la coloratura del bel canto que se sintió identificada con el personaje, sobre todo en su cálido dúo con Lykov, un joven tenor checo de buen timbre, Pavel Cernoch. Vale la pena mencionar los momentos más logrados de la partitura para los principales cantantes: Marfa: el aria "En Novgorod" y su despedida, donde se vuelve loca (Korjus, Vishnevskaya, Seinemeyer y Gruberová las han grabado); Gryaznoy: su aria muy folklórica del Primer Acto (Hvorovstovsky); Lyubasha: la emotiva canción a cappella "Apúrate, madre mía", las dos arias cercanas entre sí: "Me las pagarás" y "Dios me perdone", muy angustiadas; el gran dúo de rechazo entre Gryaznoy y Lyubasha (Hvorostovsky, Borodina); el aria de Lykov, muy natural y sentida; y el aria noble y entristecida de Sobakin, padre de Marga (Pirogov). Sin duda la gran figura fue la mezzosoprano georgiana Anita Rachvelishvili como Lyubasha, de auténtico timbre dramático y enorme intensidad.  Me sorprendió Johann Martin Kränzle, que pareció ruso por su soltura con el idioma y comprensión del estilo; lo conocía como notable Beckmesser. De aspecto sexagenario creo que por maquillaje, su Oprichnik rudo y violento tuvo garra y me hizo olvidar el cuentito del régisseur que quiere hacerlo pasar por un técnico de ahora. Fue un placer volver a escuchar a Anatoly Kotscherga como Sobakin, recordando su notable Boris en el Colón (2006) y si bien la voz es ahora muy veterana, reencontrarme con Anna Tomowa-Sintov como Saburova; es la que cuenta las novedades sobre el Zar. Bomelius fue interpretado por Stephan Rügamer con un certero toque deletéreo. Completaron Anna Lapkovskaya, de grata voz, como hermana de Marfa, y la firme voz de bajo de Tobias Schabel como el oprichnik Malyuta.

               En sí los trajes imaginados por Elena Zaitseva fueron adecuados al criterio del régisseur: elegantes para Marfa y su hermana, más simples para Lyubasha y Saburova, frívolos para la escena de la celebración del casamiento. Luces de Gleb Filshtinsky, bien adaptadas a cada escena. Los decorados de Tchernikov fueron funcionales y neutros.

                La percepción y control de Barenboim estuvieron en el más alto nivel: dirección poderosa, adaptada a cada cambiante escena, siempre con excelente ejecución, buen trabajo coral y afinidad con el propósito de narración histórica del compositor. Parece tener mucha afinidad con el repertorio ruso.

 

"LA ZORRITA ASTUTA" DE JANÁCEK, VIENA  2016; 7 DE MAYO 2020

 

               Una noche de gran placer para quien como yo es un entusiasta de las óperas de Leos Janácek. Tuve la gran suerte de estar presente en el Prazské Jaro (Festival de Primavera de Praga) en Mayo 1969, cuando se programó toda una serie de sus óperas en el entrañable Národni Dívadlo (Teatro Nacional), dedicado a las obras checas. Para entonces yo sólo conocía "Jenufa" y "Kátya Kabánová", ambas en el Colón en la traducción alemana de Max Brod. En pocos días Praga me ofreció en checo "Jenufa" y cuatro óperas más: "Pryhody lisky bystrousky" ("La zorrita astuta"), "Z Mertvého Domu" ("De la casa de los muertos"), "Vec Makropulos" ("El caso Makropulos") y "Vílety páne Broucky" ("Las aventuras del Señor Broucek"). Todas me gustaron pero ninguna tanto como "La zorrita astuta".  Cantantes de completa autenticidad, que conocían el estilo tan especial de Janácek a la perfección, con directores de orquesta especialistas como Gregor y con puestas en escena modernas, imaginativas y bellas, sin la menor distorsión de los libretos.  El equipo de Stros (régie), Nyvlt (escenografía) y Pokorny (vestuario) funcionó admirablemente en "La zorrita astuta" y los tres principales cantantes fueron un modelo de cómo dar carácter a esta extraña ópera que mezcla a seres humanos con animales que cantan en el mismo idioma: Tattersmuschová, Zikmundová y Jindrak. Supraphon, la gran marca checa de vinilos, grabó las mejores óperas checas, con acento naturalmente en Janácek, Smetana y Dvorak. Estuve en Praga en 1967 y 1969 y compré varias óperas de estos autores, aunque no "La zorrita astuta". Las escuché seguido y me quedaron muy incorporadas. Tenía 29 y 31 años y desde 1965 editaba Tribuna Musical. Mi grabación Supraphon-Artia tuvo en los roles principales a Rudolf Asmus (Guarda forestal), Hana Böhmova (Zorrita) y Libuse Domaninska (Zorro); Coro y Orquesta del Národni Dívadlo, director Vaclav Neumann; data de 1980. En las décadas finales del siglo XX la ópera ganó espacio entre los aficionados europeos y hubo otras grabaciones, sobre todo la notable dirigida por el gran Charles Mackerras, el más entusiasta propalador de Janácek; la grabó en Viena con Jedlicka, Popp y Randova en 1981. Ya Gregor la había grabado en 1970 con las huestes del Národni Dívadlo y casi los mismos protagonistas que vi yo: Tattermuschova, Zikmundova y Kroupa. Pero además se grabó en inglés dirigida por Rattle, con Thomas Allen, Lillian Watson y Diana Montague (1992). El Colón se animó a estrenarla en checo en el año 2000 con checos a cargo de dirección y puesta y con Allen, Eva Jenis y Jolana Fogasova en los personajes principales; notables artistas argentinos, además de otros checos, cubrieron los restantes roles: Ayas, Ferracani, Guedes, López Manzitti, Rizzo, Garay. Fue todo un éxito.

               Me alegra consignar que la versión 2016 de la Ópera de Viena estuvo muy lograda. Tuvo un buen elenco y muy positivo aporte orquestal, pero lo más importante fue la calidad de la puesta de Otto Schenk; dada la edad octogenaria del artista, supongo que esta puesta es de varios años antes pero no lo puedo confirmar. Respeto por la obra, imaginación y belleza, muy ayudado por la escenografia de Anna Buchbinder que nos da una ambientación forestal atrayente. La partitura no necesita de grandes cantantes pero sí de profesionales que dominan la música y son buenos actores; no es nada fácil y el nivel fue de bueno a muy bueno. El director de orquesta Tomas Netopil, checo, es Director estable de la Ópera de Essen y ha dirigido en Viena Janácek y Smetana pero también "Idomeneo y "La Walkiria", además de dirigir varias óperas de Janácek en Brno.

               Janácek vivió entre 1854 y 1928, y salvo "Jenufa" (que realmente se llama "Jeji pastorkyna", "La hija adoptiva"), que fue iniciada en 1894 y terminada recién en 1903, sus otras óperas importantes fueron escritas entre 1917 y 1928, de los 63 a los 74 años; el único otro caso de gran operista tardío fue Verdi, pero con la diferencia que ya había realizado magníficas óperas antes de cumplir 40. Dato fundamental: a diferencia de Dvorák y Smetana, que eran bohemios, Janácek era moravo; tienen otra tradición y folklore. Visité la capital, Brno, interesante ciudad, y allí pude darle la vuelta entera a la magnífica Ópera Janácek (no pude ver ópera, pero aunque no en este edificio moderno, fue allí donde el compositor estrenó sus ultimas cuatro óperas, incluyendo "La zorrita astuta"). Es inútil comparar a Janácek con cualquier otro compositor: su música es única, como la de Berlioz; tuvo discípulos y nadie escribió en su estilo. Muy difícil, aparentemente caótica, tiene su propia lógica, basada en el fuerte contraste entre lo melódico y lo rítmico y su absoluta sujeción a los acentos naturales del idioma checo, además de la influencia de los modos folklóricos y de los sonidos de la naturaleza. El humor en "…Broucek" y en "La zorrita astuta" es muy checo y quienes han visto bastante cine de esa procedencia saben que no se parece al de cualquier otro país. Y si bien Janácek no tiene el don melódico de Dvorák, hay melodías muy bellas en "La zorrita astuta", su ópera que mejor refleja la relación de los animales con la gente, con frecuencia nada bondadosa. Cantan los animales con sentimientos similares a los de los seres humanos, pero ya sabemos que esto ocurre en los chistes de La Nación y que en Egipto los dioses se animalizan.  "La zorrita astuta" es una ópera corta: tres actos, una hora y media; pero sería un error combinarla con otra: es demasiado especial. El libreto está adaptado (creo que por el compositor) de "Las aventuras de la zorrita astuta" de Rudolf Tesnohlidek. La naturaleza es cruda; y no sólo los animales se rigen por quién come a quién, sino que plantas y árboles pueden ser invasivos. Los cuentos presuntamente para niños de los hermanos Grimm son con frecuencia terribles, y en los niños como en los adultos está la tendencia agresiva. Y en el libreto de esta ópera; sin embargo, lo expresa Richard Gorer en el diccionario Grove de esta manera: "es una ópera encantadora en la que el estudio de Janácek de los sonidos naturales lleva a resultados sorprendentes. La música es excepcionalmente melódica" (comparada con otras obras suyas). No es nada fácil de poner en escena y tiene una multitud de personajes, pero el esfuerzo vale la pena.

               El Primer Acto tiene dos escenas; en la primera estamos en el bosque en un atardecer veraniego, pero en una zona de barranco con una guarida que alberga a un tejón. Algún lugar de Moravia, en año no especificado, pero que puede ser contemporáneo de Janácek. La música, luminosa, no es un Preludio porque hay actividad escénica. El tejón fuma una larga pipa. Alrededor de él bailan mosquitos y una libélula azul. Al entrar el guarda forestal se escapan los insectos y el tejón entra a su guarida. El hombre monologa: "Se viene una tormenta; descansaré un rato. Al día siguiente de mi noche de bodas estaba tan exhausto como ahora". (Aparecen un grlllo y una langosta y bailan). "Tú, mi viejo rifle, apóyate sobre mi corazón". Cantan los insectos, la langosta dice, "al viejo estilo, con trinos"; el mosquito y un sapito dialogan (el segundo con una sola palabra onomatopéyica, "bre-ke-ke"). Aparece la zorrita y viendo al sapito pregunta a su mamá (que no aparece), "¿qué es eso? ¿es bueno para comer?". El sapito, asustado, salta y va a parar a la nariz del guarda forestal, despertándolo. Ve a la zorrita y la atrapa y riéndose se la lleva, "divertirá a mis hijos"; entra la libélula y pliega sus alas. Ya esta primera escena nos da la pauta del tipo de humor de la obra y del arduo trabajo que tienen vestuarista y maquillador para presentarnos animales interpretados por seres humanos que cantan y bailan. Y para los intérpretes, que tienen que sugerir qué animales se supone que son. Me pareció un trabajo muy bien logrado.

               Tras un Interludio de admirable orquestación y energía, en la siguiente escena estamos en el patio de la cabaña del guarda forestal. Tarde de otoño, meses después de la Primera escena. La zorrita ya no es niña sino "adolescente". El guarda entra con su perro Lapak y su mujer, ahora gorda y quejona (no la bella mujer de décadas atrás), sólo dice que le traen pulgas. La zorrita lame la leche que le virtió el guarda pero se lamenta. Lapak le dice: "No seas llorona, piensa en mi vida solitaria. Qué tormentos sufro cuando llegan los meses del amor; pero me dediqué al Arte. Canto de noche tristes canciones creadas por mí" (para el guarda, son ladridos) "¡pero entonces el viejo me golpea! ¡Canto y sigo sin saber qué es el amor!". Zorrita: "No tengo experiencia amorosa. Pero algo me enseñaron los estorninos cuyo nido estaba arriba de nuestra cueva; se reprochaban cosas inmorales; al viejo libertino le dieron su merecido el cuervo y el halcón. Tampoco los jóvenes estorninos se portaban bien; uno tuvo un asunto ilícito con un cucú: aprendió a robar sus huevos y llevarlos a otro nido. Otro tuvo que indemnizar a una urraca con avellanas". Lecciones de comportamiento humano, como se ve. Entran dos niños, Pepik y Frantik; "¡una zorrita!", dice Pepik, levantándola; Frantik: "¿muerde?", y como la zorrita gruñe, le golpea la nariz con un palo; la zorrita le muerde la pierna y quiere huir hacia el bosque pero el Guardia logra agarrarla; su mujer le ataca: "¡Te tiraré esa zorra a tu cabeza! Huele y hace lío". El guardia: "Quedará atada". Interludio: en un sueño la Zorrita se cree una muchacha y llora y luego vuelve a ser zorrita. Es de noche. Lapak le dice: "No deberías haber intentado escapar". La mujer del guarda sale y da de comer a los pollos. El Gallo se dirige a las gallinas: "¡La zorrita quería cazarnos y ahora no puede! ¡Pongan sus huevos y las ayudaré!". Una de las gallinas, Khokholka, las alecciona: "¡Sufran!" (como si fueran parturientas). La zorrita les recomienda: "¿para qué necesitan al gallo? ¡Crean un nuevo mundo donde todos tengan su lugar de felicidad!". El gallo, enojado, trata a la zorrita de hambrienta que quiere comerlas. La zorrita se hace la muerta, las gallinas y el gallo se acercan curiosos, pero ella controla al gallo y empieza a comerse las gallinas. Khokholka se horroriza, se desespera la mujer del guardia y pide al marido que la mate; la zorrita logra quebrar la cuerda y esta vez sí huye hacia el bosque, no sin antes desafiar al guardia espetándole que no tiene miedo. Esta escena tiene varios significados: un ataque a los malos líderes (el Gallo), metafóricamente la mediocridad de los humanos que se dejan llevar por esos líderes, la zorrita dando lección de cómo alimentar una revolución mentirosa, y ya en cuanto a su lado animal, un violento acto que la lleva a alimentarse. Zorrita no sólo astuta sino también arrogante y cruel y simultáneamente un ser que no acepta ser atado y manejado. Me hizo pensar en "Rebelión en la granja" de Orwell.

               Al iniciarse la Primera escena del Acto segundo, estamos de vuelta en el bosque junto enfrente de la guarida del tejón. Atardecer. Escena breve y contundente en la que la zorrita molesta tanto al tejón que éste, tras amenazar con llevarla ante un juzgado, la golpea y así le sale el tiro por la culata: ahora es ella la que lo acusa de libertino y llevarlo ante la Corte; los insectos primero están a favor del tejón y luego de la zorrita. El tejón se considera moralmente ofendido y decide dejar la guarida. En cuanto lo hace la ocupa ella. Un evidente paralelo con la vida de los humanos y los casos injustos de desalojo. También de la mediocridad de aquellos que cambian de opinión porque no tienen opiniones. Y la zorrita no sólo es astuta sino corrupta, ella que había atacado a los estorninos con ideas diametralmente opuesta meses antes. Como se ve la historia de esta ópera tiene mucho de ataque político bajo el artificio de un cuento animalesco.

               La Segunda escena transcurre en una taberna del pueblo y es un diálogo entre el Guardia y dos nuevos personajes: el Párroco (que se parece al tejón: lo canta el mismo artista) fuma una pipa; y el Maestro de escuela. Es una extraña charla de amargados en la que el Guardia ataca a los otros dos. El Guardia pretende que finalmente una muchacha atrajo al Maestro, pero el Párroco expresa en latín: "No darás tu cuerpo a una mujer". El Guardia se refiere a su propia mujer; nos enteramos que se llama Veronika; "hace muchos años ella nunca quería dormir pero en este mundo todo se marchita; el alerce es verde en Mayo, ahora está desnudo". El Párroco le menciona a la zorrita y el Guarda se enfurece; entonces ataca al Maestro llamándolo estúpido y de estar tan flaco que parece un esqueleto. El Maestro decide irse: "escucho al gallo". Y el Guardia hace una cita bíblica: "¡Pedro traicionó a Cristo por un gallo!". El Maestro se va mientras el Tabernero le recuerda que sus nuevos inquilinos lo esperan; el Maestro se va. El Guardia hace otra cita: "¡Comerás el pan con el sudor de tu frente!" pero el Señor nada dijo en cuanto a beber; y le pide otra copa al tabernero. Éste vuelve a mencionarle la zorrita y el Guardia se despide indignado. En síntesis, el Guardia lamenta la decadencia sexual por un lado, y por otro se considera humillado por la zorrita. Y no es nada noble en su trato a los comensales.

               La Tercera escena nos vuelve a llevar al bosque; un sendero empinado y una cerca con girasoles; luna llena. El Interludio es muy breve. Si la anterior Escena resultó algo árida, ésta es bastante divertida y tiene los mismos personajes. El Maestro monologa: "¿Por qué pasé toda la noche en la taberna?"; se tambalea, demasiado alcohol. Se queja del sendero, resbaladizo por la lluvia. Dice que gracias al palo (no bastón) que lleva, tiene más equilibrio; pero contradiciéndose prueba a caminar sin él y se cae. Y sobreviene un episodio muy particular: la zorrita se coloca detrás de un gran girasol y lo mueve; el Maestro tiene una reacción musical: "¡Staccato!", y cuando una brisa mueve al girasol, exclama "¡Flageoletto!" y enseguida supone en su borrachera que allí está su amada Terynka. Y el girasol mueve su "cabeza". El Maestro le declara su amor y cuando el girasol se aparta de la cerca él trata de saltarla y la quiebra; la zorrita se escapa y se esconde. Y entonces va llegando el Párroco por el mismo sendero: "Recuerda ser un buen hombre", expresa. Y rememora la chica que le gustaba en su adolescencia. Brillan los ojos de la zorrita desde los matorrales. "Ojos como un estanque, pero que escondían la traición con el aprendíz del carnicero. ¡Y me acusaron a mí, el joven cura Alois! ¡Y desde entonces no pude pensar límpidamente en una mujer!". Entonces se escucha desde lejos la voz del Guarda: "¡Ya te voy a agarrar!"; y la zorrita cruza velozmente el sendero.  Desde aquí Párroco y Maestro cantan las mismas palabras, concluyendo "Él no entiende que el hombre es un organismo delicado" y ambos corren en direcciones opuestas mientras el Guardia sale del bosque con el rifle en la mano: "¡Apostaría cualquier cosa que esa era nuestra zorrita!".

               La Cuarta Escena es fundamental, quizá la más linda de la ópera: el cortejo y casamiento del Zorro y la zorrita. Un breve Interludio con coro y estamos en la guarida de la zorrita. Noche de verano con luna. Ella ve a un joven zorro acercándose y queda impactada; el zorro entra: "¿La asusté, señorita?" "Éste es probablemente un lugar para nidos". Ella miente; "vivo cerca; vine porque tenía dolor de cabeza" (extraño motivo). "Permítame acompañarla; hay cazadores y uno de nosotros podría tener un accidente", "Si me lo permite su madre"; ella:  "no, hace mucho que no la veo" (nunca se explica por qué). Y vuelve a mentir: "Tengo mi propia casa, mi tío el tejón me la dejó en su testamento" (¿un tejón tío de una zorra?). Sigue mintiendo (¿ser astuta equivale a mentirosa?): "estuve muy cómoda en la cabaña del guarda". Y sigue distorsionando lo ocurrido: "Me educaron como a un humano; pero robé, ¡y una vez me agarraron!  Una zorra sabe cómo defenderse pero esta vez me golpearon; perdí parte de mi cola; le dijo a su mujer que con mi piel le haría un saco digno de una condesa. Gritando lo acusé de torturador. Y de no darme comida. Lo empujé, se cayó al suelo y me escapé y me sentí libre". Un admirado Zorro se presenta: "Espalda dorada, Zorro con los anillos rizados, de la Barranca Profunda". El Zorro es soprano o mezzo. La Zorrita se presenta a su vez de un modo poco creíble tras haber atacado al Guardia: "La zorrita astuta de la cabaña del Guardia frente a la laguna". El Zorro: "¿Puedo volver a visitarla?"; ella: "¡ninguna objeción!". "Vengo aquí entre medianoche y la una. No tengo amigos de modo que vengo sola". Él: "¡Verdadero modelo de mujer moderna!"; "¿come conejos?". Ella: "¡Me encantan!". Él: "¡Buenas tardes", y se va.  La música llega a paroxismos en el largo episodio sobre la cabaña del guardia.  Cunado sale el zorro ella se pregunta si es bella; el zorro, él también mentiroso, no se fue y escondido la mira y se dice "¡Es muy linda! ¡No puedo dejarla escapar!". Vuelve a entrar en la guarida y ella actúa como si hubiera estado ausente mucho rato (otro disimulo). Él le trae un conejo para comer, y ambos lo irán comiendo. Él la besa en una oreja; ambos dicen que no han amado antes. Él: "No encontré a quien pudiera respetar y por la cual daría mi vida; pero si la encontrase le preguntaría si me quiere". La abraza apasionadamente y es rechazado: "¡Te tengo miedo! ¡Sos horrible! ¡No quiero verte más!" (¿lo siente así o es una estrategia?; me inclino por lo segundo). Él: "¡Destrúyeme! ¡Así no quiero vivir!" (otra estrategia). Ella: "¿Realmente?". Él: "¡Sí, me enamoré de ti, Bystrouchka" (Zorrita). Sigue disimulando el Zorro: "¡Amo tu alma, no tu cuerpo!". Chiste de Janácek: "¡Escribirán óperas sobre vos!". El Zorro la abraza: "¡Me quieres!". Ella, tímidamente: "¡Sí". Entran a la guarida. Aparece la libélula y baila; el búho le cuenta que los vio y que Bystrouchka se está portando mal. Ríen ardillas en los árboles; el erizo saca la lengua.  Salen los dos de la guarida; ella llorando le cuenta algo al oído y él decide que deben ir de inmediato ante el párroco a casarse (extraña biología: ¿cualquier contacto sexual entre zorros es embarazo?). Un Pájaro carpintero resulta ser el párroco; el zorro le dice que quieren casarse ya y el "párroco" los casa de inmediato. En un delicioso final los animales del bosque festejan bailando y con un coro onomatopéyico.

               Tercer Acto, Primera Escena. Otoño, mediodía, al borde del bosque. Aparece un nuevo personaje, Harasta, buhonero. El Guarda forestal aparece bajando por el mismo sendero. Esto sucede durante un Preludio. Luego Harasta canta una canción de amor pero con una frase peligrosa para él: le comprará a su amada un vestido verde para caminar con ella. Ve cerca del sendero a una liebre muerta y está por apoderarse de ella cuando avizora al Guarda. Dialogan y Harasta le dice que va a casarse…con Terynka (sí, el amor del Maestro). Dice el Guarda: "¿Está seguro de no estar robando caza?". Harasta: "Casi lo hago, pero una vocecita me dijo no hacerlo, ¡te meterás en un lío!". (O sea, casi una confesión). El Guarda va ver el conejo (extraño cambio, era liebre) y está rodeado de patas impresas de zorro (o zorra). "¿Ella jamás me dejará en paz?", y coloca una trampa. Ambos se van. Enseguida entran los zorritos hijos de Bystrouchka y Espalda de Oro y cantan una cancioncita simpática: "La zorrita corre con papas en su saco; ¡apúrate, conejo, sácaselas! La zorrita corre llevando cúrcuma picante, ¡los erizos la siguen para romper su saco y divertirse!". Entran sus padres, examinan al conejo muerto y se dan enseguida cuenta que allí estuvo un hombre. Y ella no tiene dudas que es el Guarda: "huelo a su pipa en la cadena". Luego se preguntan cuántos hijos tienen y no lo saben…(parece que contar no es un talento que tengan); él quiere tener muchos más, ella le dice que se calle, en el bosque todos escuchan…"Esperemos hasta Mayo".  Y de repente escuchan a Harasta cantando; se ocultan pero la zorrita lo mira. Llega con una canasta llena de pollos; la zorrita se tira como muerta delante de él. La ve y saca el rifle: ¡Será un lindo manguito para Terynka!". La zorrita se levanta como si estuviera lastimada y se mueve tanto que Harashta no logra apuntar; tropieza y al caer se quiebra la nariz. La zorrita y sus hijos corren hasta la canasta y empiezan a comer pollos. Harasta se dirige hacia ellos, que se descuidan, y apunta; ella queda moribunda y los hijos se dispersan. Muy astuta la zorrita pero descuidada.

               Segunda escena. Tras un extenso y bastante dramático Interludio, estamos en el jardín de la Taberna. El Guardia dialoga con el Maestro y con la Mujer del tabernero, que les cuenta que Terynka se casa ese día y tiene un manguito nuevo…El Guardia consuela al Maestro y pregunta por el Párroco; ella les dice que está muy solo en su nuevo destino, y repentinamente el Guardia quiere irse. Debe sacar al perro Lapak de paseo, que está viejo como él. Y sobre esta despedida melancólica concluye la historia de la Zorrita.

               Pero falta la Escena Tercera, con un Interludio grato; sale el sol tras un chaparrón en el mismo lugar de la Primera escena del Acto Primero. El Guardia está subiendo el sendero cuando encuentra un espléndido hongo. Y rememora cuando con su mujer subieron ese mismo sendero y recolectaron hongos y luego se besaron ciegos de amor al día siguiente de casarse.  Luego: "¡Qué extrañamente bello es el bosque!". Y fantasea sobre las dríadas que traerán rocío a los capullos, primaveras, anémonas, "¡y la gente pasará y entenderá que están experimentado una felicidad sobrenatural!". Se queda dormido; lo rodean los animales del bosque con música ensoñadora; pero pronto se despierta y se encuentra con una zorrita "niña", "¡exactamente como la madre! Te llevaré como a ella pero te educaré mejor, así no hablarán de vos y de mí en los diarios". Pero la zorrita se escapa y lo que agarra es un sapito, y éste le cuenta: "Mi abuelo me contaba sobre usted". El guardia deja caer el rifle y queda emocionado. Fin.

               Una ópera donde nadie (hombres y animales) está libre de gruesos defectos y que sin embargo tiene un encanto muy particular. Y esta versión supo comunicarlo; no sólo la admirable puesta en escena, también la excelente orquesta y la hábil mano de su director Tomás Netopil, y un elenco que fue de bueno a muy bueno; me falta referirme a ellos. Por supuesto las tres figuras centrales son el Guardia forestal, la Zorrita y el Zorro, pero una figura episódica, la de Harasta, es la que termina con la vida de la Zorrita, y también inciden aunque menos el Maestro y el Párroco. Hay mucha renovación en los artistas que suelen cantar en la Ópera de Viena, y al no haber viajado en años recientes me resultan nuevos, como creo que lo son para casi todos los melómanos argentinos. Sin embargo, están apareciendo muchas figuras nuevas meritorias. El Guardia Forestal fue interpretado por Roman Trexel con cabal conocimiento del personaje y muy cómodo manejo del lenguaje; tiene una buena voz sin ser Thomas Allen. Chen Reiss fue muy convincente como la Zorrita; en lo físico ágil y de fuerte temperamento, y en lo musical pleno dominio del arduo texto y adaptación a los distintos cambios de ánimo. En su caso los datos son concluyentes: la soprano israelí tras varios años en la Ópera de Baviera (Munich) ahora es artista residente de la Ópera de Viena pero además ha dado conciertos con las mejores orquestas (Chicago, Concentgebouw), grabado varios discos de música sacra y Lieder y cantado en varios teatros personajes como Gilda, Pamina, Zerlina, Rosina, Konstanze.  Huyna Ko, coreana, supo dar al Zorro una masculinidad que lo hizo creíble y dio elegancia al personaje; su voz tiene buen color y contrasta en el timbre con la de Chen Reiss. Son en cierto grado ingratos los roles del Maestro y del Párroco, enamorados que fracasan, pero en particular Joseph Dennis como el Maestro supo jugar la fantasía cuando cree que el girasol es su amada. Los dos (Marcus Pelz como Párroco) tienen un material vocal suficiente para roles de carácter; y cabe recordar que Pelz también hizo el rol de Tejón. Fueron simpáticos los niños que cantaron los hijos de Zorrita y Zorro, especialmente la que interpreta a la Bystrouchka niña, y como corresponde antipáticos los hijos del Guardia forestal. Harasta fue cantado con voz áspera pero comunicativa por Paolo Rumaz. Correctos el Posadero y su mujer, y cumplió con su poco agraciado rol quien hizo de Mujer del Guardia forestal. Aceptable el resignado intérprete del perro Lapak y odioso como corresponde el Gallo del veterano Heinz Zednik, que supo ser un notable Mime hará unos 20 años. Los pequeños roles de animales del bosque (bailarines y cantantes) fueron importantes para dar el clima adecuado para que el mensaje de amor a la naturaleza llegara al espectador y lo hicieron bien. En suma, englobando el total, misión cumplida.

Pablo Bardin


ÓPERAS EN TV Y ONLINE, PRIMERA SERIE

                Las grandes casas de ópera reaccionaron rápido tras la total eliminación de óperas en vivo por el coronavirus, implementando series bien concebidas de óperas presentadas en sus respectivas salas durante los últimos diez años y facilitándolas gratis al aficionado. Eso sí, cada una tiene su propio sistema de acceso y aquellos que somos grandes y no dominamos las  técnicas tenemos problemas. Quien me ayuda es mi hija menor desde su domicilio pero todavía ahora cometo errores; por ejemplo, hay que entender con exactitud de cuándo a cuándo está disponible una determinada ópera, y en eso me equivoqué varias veces. Como dan  erróneamente por sabido la manera de acceder (se olvidan que somos muchos los que no tenemos las habilidades de centennials y millenials), y además tuve problemas personales de trabajo y salud, voy a comentar no sólo óperas enteras sino las vistas parcialmente.  Claro está que no tengo dificultades técnicas con la TV salvo las que además se producen a veces en las transmisiones sin que intervenga el espectador. Las de TV no son consecuencia del coronavirus, están disponibles en Allegro, 503, y nunca se sabe cuándo se ven (no hay programación consultable). A veces no logré tener toda la información sobre los artistas intervinientes. Con estas salvedades va esta primera tanda. Si se coló algún error agradeceré me lo hagan notar.

                                            BAYERISCHE STAATSOPER, TV, 19/2/20

               La Ópera del Estado de Baviera en Munich es la más importante del Sur alemán. Pude ver el Primer Acto de "Rusalka" de Dvorák con la característica que lamentablemente es la que domina toda la actividad operística alemana: muy buena musicalmente, mala puesta. Los artistas lograron cantar en buen checo, condición esencial. Fue magnífico el trabajo de Kristina Opalais, gran figura del Met antes de Nézet-Séguin (estaban casados, se separaron); bella y de muy sutil canto, dominó la escena. Klaus Florian Vogt, buen tenor y actor, dio relieve a su personaje de enamorado. Tuvo fuerte carácter la bruja de Janina Baechle, y Günther Groissböck cantó bien el genio del Agua, totalmente distorsionado por el régisseur Martin Kusej que lo convierte en un desenfrenado sexual totalmente ajeno a la leyenda. Muy eficaces las Dríadas amigas de Rusalka: Evgenia Sotnikova, Angela Brower y Okka von Damerau. Buena dirección de Tomas Hanus. Pasables escenografía de Martin Zehetgruber y vestuario de Heidi Hackl.

                                            FESTIVAL DE SALZBURGO, TV, 27/2/20

               Hubo una larga época en la que el repertorio francés no se presentaba en Salzburgo, pero en décadas recientes el Festival amplió su tradición e incorporó franceses, también italianos y eslavos y hasta algún inglés. "Roméo et Juliette" de Gounod es una buena elección y en 2008 se planteó presentarla con la combinación de éxito seguro: Villazón y Netrebko; pero…ocurrió que se embarazó, y debió ser reemplazada por la talentosa georgiana Nino Machaidze. Los organizadores eligieron mal el ámbito: la Felsenreitschule es al aire libre (y llueve mucho) y su fondo es una inmensa pared rocosa nada compatible con Verona, por más que se arme delante una amplia plataforma y detrás de ella la orquesta sin foso. La capacidad de público es muy alta (no tengo la cifra pero la creo cercana a 10.000 personas; y estaba lleno). Lo adecuado hubiera debido ser la Gran Sala del Festival, de notable tamaño, con un escenario muy ancho y profundo. El estado vocal de Rolando Villazón era muy bueno entonces. Él canta e interpreta con excesiva pero atrapante intensidad y Machaidze tiene tanto la técnica como la belleza y el refinamiento para darnos una muy buena Juliette, que luce bastante joven (jamás se tendrá intérpretes que parezcan la edad de precoz adolescencia de la pieza de teatro, pero sí deben ser jóvenes y atrayentes). Completan bien el Tybalt furibundo de Juan Francisco Gatell, el solemne Frère Laurent de Mikhail Petrenko, el simpático Mercucio de Russell Braun, la fresca voz de Cora Burggraaf (Stéphano). Excelente dirección de Yannick Nézet-Séguin y grata puesta de Bartlett Sher con buena escenografía de Michael Yeargan, el hábil concurso de un especialista para la escena de espadachines y muy adecuado vestuario de Catherine Zuber. Conviene aclara que la Orquesta fue la del Mozarteum de Salzburgo y sonó muy bien. Se cortó y lo lamento la escena final con la reconciliación de Montescos y Capuletos.

                                            COVENT GARDEN, 2010, TV, 29/2/20

               Si bien sólo pude ver el Prólogo y el Acto 1º, me interesó mucho esta versión de "Simone Boccanegra" de Verdi, de notable reparto y calidad de puesta en escena y dirección musical. En efecto, pese a que fue muy discutido el trabajo de Plácido Domingo como Boccanegra, todavía algo áspero en el Prólogo, se afianza y mucho en el Primer Acto, tanto en el gran dúo con la soprano como en el revuelo del cuadro donde maldice a Paolo. Conocimos en el Colón el notable Fiesco de Ferruccio Furlanetto, Igualmente poderoso y expresivo en el Covent. Sin hacerme olvidar a Leyla Gencer, Marina Poplavskaya dio una admirable Maria.  La estampa de Joseph Calleja no lo ayuda pero canta muy bien Adorno, y Jonathan Summers en cambio tiene el aspecto torvo y la firme emisión que necesita Paolo.  Es muy seguro el trabajo coral. Con el sólido estilo de Antonio Pappano, la noble orquesta del Covent y la muy buena puesta de Elijah Moshinsky éste es un "Simone" para el recuerdo.    

                                            METROPOLITAN, COMPUTADORA, 22/3/20

               Aunque ya conocía esta versión de "Eugen Onegin" de Tchaikovsky, quise volver a ver los primeros dos actos. Más allá de las exageraciones de la puesta de Robert Carsen, valió la pena volver a apreciar la magnífica tarea del director Valery Gergiev  y el gran trabajo de los tres principales: Dmitri Hvorostovsky, tan notable como en el Colón, el encanto y la belleza vocal de Renée Fleming, y el muy buen canto de Ramón Vargas, poco agraciado para el rol sin embargo. Y el firme apoyo de las cantantes rusas; Elena Zaremba (Olga), algo áspera, lo compensa siendo muy comunicativa; Madame Larina es Svetlana Volkova y la Nodriza Filippyeva, Larisa Shevchenko; ambas muy auténticas, dan la necesaria ambientación rusa. También es positivo el trabajo coral, muy folklórico.

               El Met ofreció el Ring completo en la nueva puesta de Robert Lepage. Ví entero "Das Rheingold", salteé "Die Walküre", que ya conocía, y presencié parcialmente por distintos problemas (hubiera querido apreciarlas en su integridad) "Siegfried" y "Die Götterdämmerung". Fue el 24, el 26 y el 27/2/20, pero el Ring se había dado a partir de Octubre 2010. Un Levine viejo pero impecable (se reponía de una operación) dio una gran versión sinfónica de "Das Rheingold", con la espléndida orquesta del Met.  Debo reconocer que la escena inicial es imposible de resolver completamente; en la versión de Lepage las Ondinas resbalan como lo quiere el régisseur con gran agilidad y cantan con mucho aplomo, mientras Eric Owens logra subir y bajar con su pesado físico hasta que roba el oro. Ellas son Lisette Oropesa (soprano), Tamara Mumford (mezzosoprano) y Jennifer Johnson. "Nadan" colgadas de un arnés.  En el segundo cuadro Bryn Terfel está en firme voz como Wotan (mucho mejor que en su recital del Colón) y da carácter al personaje aunque le han hecho un magro favor tapándole el ojo con una mata de pelo y poniéndole una grosera armadura. Stephanie Blythe es muy buena Fricka en su canto e interpretación pero su amplio físico no va con el personaje. Los gigantes cumplen bien con sus partes: son Franz-Josef Selig (Fasolt) y Hans-Peter König (Fafner). Los hermanos Croft son Richard (Loge) y Dwayne (Donner). Loge es fundamental y  Richard lo interpreta con habilidad; su voz es demasiado liviana para el personaje pero sabe darle el justo cinismo, marcando su desprecio hacia los Dioses: él juega su propio partido aunque debe responder a Wotan. Freia es una linda rubia, Wendy Bryn Harmer, con una voz fresca de soprano. Y Froh un joven tenor de buenos medios, Adam Diegel. Tras un excelente interludio (muy bien logrados los yunques) estamos en el submundo de los Nibelungos manejados por Alberich. Allí sufre su hermano Mime, intentando satisfacer al tirano que aterroriza a los nibelungos para que sigan produciendo oro; sabe por una ondina descuidada que el anillo le da poder omnímodo, y cuenta con la habilidad del hermano para fabricar el mal llamado yelmo, en realidad amplia capucha de la cabeza que tiene poderes mágicos: hacerlo invisible, convertirse en cualquier otra cosa y moverse instantáneamente de un lugar a otro lejano. Mime consigue realizarla y quiere quedársela pero Alberich se la quita.  Sabe quién es Wotan; no le tiene miedo; pero Loge lo engaña: hazte grande, dice, y aparece una enorme serpiente; ¿puedes convertirte en muy pequeño? Y aparece un sapo; le tiran una bolsa encima y Alberich queda atrapado. Tras un poderoso interludio emergen en la superficie. Owens, ya notable en la anterior escena, en ésta se agranda y logra un Alberich de gran categoría (fue su primer Wagner). El compositor libretista pide cosas imposibles: enanos para Alberich y Mime, gigantes de cuatro metros; ayuda en un caso no ser alto y en el otro serlo pero siempre muy lejos de lo que la trama pide; y luego un arcoiris que lleve al Walhalla en el cielo. Pero la música es extraordinaria y se entiende que algunos directores se hayan tentado de dar "El Oro del Rhin" en versión de concierto (Solti lo hacía). La Cuarta escena es muy poderosa: cubrir a Freia totalmente con el oro; liberar a Alberich y escuchar su terrible maldición; escuchar la advertencia a Wotan de Erda, Diosa de la Tierra, de entregar el anillo (Patricia Bardon es musical pero carece de aspecto místico y de timbre dramático); el dilema es tremendo: lo correcto es devolvérselo a las ondinas pero entonces los gigantes no liberan a Freia, que es la diosa indispensable para los otros dioses. En cuanto entrega el anillo a Fafner, Fasolt también lo quiere y su hermano lo mata: ya la maldición se cobra su primera víctima (luego Fasolt se convierte en dragón y es matado por Sigfrido). Como debe ser, Fasolt es un bajo de timbre atrayente y fraseo romántico; Fafner es un bajo profundo de canto potente y rotundo que refleja maldad. Donner llama a la tormenta con su martillo (muy convincente Dwayne Croft) y luego "produce" el arcoiris al Walhalla; grandioso final aunque la subida por el arcoiris la hacen acróbatas.  La puesta de Lepage está basada sobre un juego de listones metálicos que suben y bajan con un mecanismo muy complejo; a veces resulta convincente, otras no. La marcación de cantantes es convencional.  Me quedo con la vieja versión de Otto Schenk y Schneider-Siemssen, que atesoro y tiene excelentes intérpretes, superiores a los de este Ring.

               De "Siegfried" sólo pude llegar hasta la escena (inclusive) en la que Siegfried logra matar al dragón y entra a la cueva. En el Primer Acto hay sólo tres personajes: Mime, Siegfried y el Wanderer (el Caminante, nuevo nombre de un Wotan resignado a ese Ocaso de los Dioses que él mismo provocará en el Tercer Acto al enfrentar a Siegfried y quebrar la lanza con las runas de sus pactos, origen de su poder). El Director de orquesta ya no fue Levine (nuevamente enfermo) sino Fabio Luisi, a quien se mencionó un tiempo como sucesor para decidirse luego el Directorio por Nézet-Séguin; Luisi es un maestro de muy sólida preparación y conocimiento, aunque sin esa chispa especial de los grandes intérpretes; no quita que con la asombrosa Orquesta del Met el resultado fue muy positivo.

 Pasaron 20 años y Mime ha criado al hijo de Sieglinde, que murió en el parto; Siegfried lo detesta y no entiende por qué; cuando Mime pretende ser su padre, el muchacho poderoso se compara con el enano feo, no le cree y le obliga a contar la verdad. Mime sabe que Siegfried es Semidios y puede matar al dragón que custodia el anillo, además del oro y de la capucha. A su vez Siegfried le pide que le haga una espada sólida y las que le hace Mime se quiebran todas; si tiene una buena espada se irá para siempre para buscar aventuras. En cuanto sale exultante Siegfried a pasarla bien en el bosque, entra el Wanderer, y si ya Mime había demostrado ser poco inteligente (a diferencia de Alberich) ahora quedará patente su estupidez; en primer lugar porque no cumple con el primer deber, el de la hospitalidad, que hasta Hunding tuvo con Siegmund y sabe o debería saber que negándose le da derecho al forastero a hacer la prueba de contestar las tres preguntas; si tiene éxito a su vez las puede preguntar; si el dueño de casa no lo logra pierde literalmente su cabeza. Y Mime le hace las preguntas más básicas y evidentes: quién vive en el río (ondinas), en la superficie de la Tierra (los gigantes) y en el Cielo (los Dioses); al contestar el Wanderer golpea la Tierra y provoca un enorme trueno.  "No me preguntaste lo que te interesa y ahora deberás contestar las mías"; y la tercera es cómo lograr la espada que quiere Siegfried; Mime se desespera y expresa que tiene los fragmentos de la espada de Siegmund pero no logra hacer de ella la gran espada que fue (Nothung). El Wanderer le perdona la vida y dice ominosamente que morirá en manos del que no tiene miedo. Terfel, que en "El Oro del Rhin" había personificado al Wotan más desagradable, ya pasó por "La Walkiria" y la inmensa intensidad de su despedida a Brunilda; ahora es otro, un Dios que asume sus culpas y está dispuesto a pagarlas; y Terfel estuvo muy bien (aunque sin hacerme olvidar la magnífica interpretación de Morris en la anterior versión del Met); lleva un sombrero y ha dejado la armadura de lado.  Vale referirme ahora al Mime de Siegel, correcto pero lejano de la fuerza de los grandes Mime de antes, como Wohlfahrt que estuvo estupendo en el Colón; transmite sólo parcialmente la particular neurosis del Nibelungo y su maldad; en cambio, es positiva la claridad de su dicción.   Siegfried es un personaje de tremenda exigencia y el único verdaderamente grande que aprecié aunque grabado fue Lauritz Melchior; el mero hecho de animarse a cantarlo presenta un desafío único. El trabajo de Jay Hunter Morris fue meritorio hasta donde lo pude escuchar en el sentido de saber bien la parte musicalmente y haber memorizado el larguísimo texto; sin embargo, la voz es algo blanda, sin el acero necesario: Siegfried debe tener bastante de Nothung en la voz. Tiene buen aspecto y cumple con la parte; su volumen es adecuado para un gran teatro como el Met aunque sin impacto; resolvió vocalmente la forja de la espada, mientras Mime elucubraba maldades en simultáneo (antes se había aterrorizado en un notable episodio creyendo que Fafner lo iba a devorar). Morris carece de la simpática personalidad de Jerusalem, que sin tener una gran voz da interés al personaje con una musicalidad de primer orden en la versión de Schenk. Mime cuenta a Siegfried, que no teme a nada, que el dragón Fafner le enseñará a asustarse; el muchacho accede, le parece interesante. La puesta de Lepage no me convenció; poco espacio en la caverna, forja mal estudiada. No ayudó la escenografía de Carl Fillion ni el vestuario de François St-Aubin; más eficaz fue la iluminación de Étienne Boucher, y el video de Pedro Pires proporcionó algunos efectos útiles; pero todo el acto se vio demasiado apretado.

 Al iniciarse el Segundo Acto nos encontramos con Alberich en guardia delante de la cueva del dragón en música oscura y tensa; él está enterado de la existencia de Siegfried y ha dejado que Mime lo haya albergado durante un largo período (el tiempo no parece importarle a los personajes del Ring). Cuando ve llegar al Wanderer se enfurece y lo trata de ladrón; Alberich sabe que en la lanza del Dios están marcadas las runas de su pacto con los Gigantes y no puede atacar a Fafner; el dragón morirá por su maldición; ¿volverá el Tesoro al Nibelungo? Eso es lo que preocupa a Wotan, le dice; "si yo vuelvo a tenerlo atacaré el Walhalla con mis legiones". Pero el Caminante le declara que no tiene pretensión de recuperar el anillo y que Mime es su rival.  Le ofrece comunicarse con el dragón Fafner. Lo llaman y le avisan que se acerca quien tratará de matarlo y que si él cede el anillo se evitará ese encuentro; Fafner sólo expresa que será un buen bocado y que le dejen dormir. La profunda voz de bajo (König) sale de la caverna pero no se lo ve. Se va el Wanderer y deja angustiado a Alberich. Owens, como en "El oro del Rhin", da cabal cuenta de las dificultades musicales y dramáticas; es seguramente un Alberich de primer rango.  Cambia el ambiente, va despuntando el día y llegan Mime y Siegfried, aquel que nunca tiene miedo; caminaron largo trecho. Mime le describe al Dragón y menciona su saliva ponzoñosa, su cola que se enrosca en la víctima, pero nada impresiona a Siegfried; sólo quiere saber si tiene un corazón y si está ubicado similar al de otras bestias. Mime le cuenta que el dragón a mediodía sale de la cueva y va a beber a la fuente. Siegfried echa a Mime, quien mientras va saliendo masculla "¡que se maten mutuamente dragón y muchacho!". Selig hizo un buen trabajo en esta escena. Siegfried quiere descansar solo. Viene el bello episodio que se ha denominado "Murmullos del bosque", primer momento genuinamente calmo en la obra, donde él puede regodearse con lo que ama: la naturaleza; aunque no deja de pensar cuán emotivo sería tener a su madre en vez de haber vivido con ese enano tantos años. Buen momento de Morris, cómodo en el lirismo melódico. Escucha el canto de un pájaro y trata de imitarlo; trata de tallar una caña pero le sale mal hecho y entonces decide tocar el cuerno de caza que lo ha acompañado…y despierta al dragón sin proponérselo. (Notable el solo del cornista de la orquesta).  Al muchacho le extraña que el dragón hable y dialoga expresando que le cerrará esa bocaza. Luchan con música de gran poder descriptivo hasta que el dragón cae herido mortalmente.  No conozco puesta que logre resolver cabalmente esta lucha; aquí sale la cabeza, el cuello y la parte delantera del corpacho del dragón, que larga fuego aparentemente (es un truco de luz), mientras Siegfried lo esquiva hasta que puede clavarle a Nothung en el corazón. Cuando lo hace, Fafner moribundo quiere saber quién logró vencerlo y lo incitó a atacarlo; y le cuenta que con él muere el último Gigante; al conocer el nombre del muchacho, lo repite y muere. Muy expresivo el canto de König.  El muchacho consigue sacar la espada; se quema con la sangre del dragón y al llevarla a la boca un pájaro (soprano) le comunica que debe entrar en la caverna y quedarse con el Tarnhelm (la capucha de cota de malla) y el anillo, que lo hará líder del mundo. El pájaro está mostrado en una proyección y la soprano canta desde una bambalina; la soprano Mojca Erdmann me pareció de mediana calidad, con una vez demasiado incisiva, de escasa belleza. Y hasta aquí llegué, no pude asistir al resto. Seguirá un violento diálogo entre Nibelungos; el pájaro avisará a Siegfried que Mime intentará matarlo; la estupidez de Mime llega a su máximo, diciendo todo cuanto pueda perjudicarlo y Siegfried lo mata. Luego el pájaro le avisará que debe buscar a Brunilda en la montaña. En el Tercer Acto un fuerte diálogo entre Wotan y Erda demuestra la debilidad de la diosa y luego el Caminante Wotan enfrenta a Siegfried, que quiebra su lanza y finalmente sube al monte, despierta a Brunilda, y un prolongado dúo de amor cierra la obra.  

               En "El Ocaso de los Dioses" pude ver el Prólogo (que tiene dos partes), la Primera parte del Acto 1º y parcialmente la Segunda. Tras un Preludio lento y cargado de misterio estamos en presencia de las Nornas, el equivalente nórdico de las Parcas. Son las hijas de Erda y de ellas depende el futuro; las tres (soprano, mezzo y contralto), van haciendo profecías y la cuerda que hilan se hace cada vez más fina y con peligro de romperse; finalmente esto ocurre y proclaman el final de la historia en breve plazo. En realidad es el Ocaso de los dioses pero habrá otro mundo después porque el origen del desastre, el oro, ha vuelto a las Ondinas y se tendrá un mundo nuevo, quizá con otros dioses o sin dioses ni gigantes ni Nibelungos, y con seres de plena humanidad. Las Nornas fueron Maria Radner, Elizabeth Bishop y Heidi Melton. Impecables en su afinación y muy concentradas, me impresionó la Tercera Norna porque su rostro intenso reflejó su angustia al tener la visión del desastre futuro. Es significativo que las Nornas están cerca de la roca donde Brunilda espera a Sigfrido, porque saben que ellos tienen mucho que ver con el futuro. La Primera Norna (soprano) ata la cuerda a un pino y evoca el pasado: "Estuve hilando en el Fresno del Mundo" (porque las Nornas hilan con la rama de un árbol); "Vino a beber en un manantial cercano que destilaba sabiduría un Dios y perdió un ojo por absorberla"; "Wotan quebró una rama del Fresno para hacer con ella la vara de una espada; pero con el tiempo la herida hizo que la madera se agostase y eventualmente muriese y en comunión el manantial se secó".  La Segunda Norna (mezzosoprano) ata la cuerda a la roca debajo de la caverna de Brunilda: "Wotan grabó runas de pactos en la vara de la espada" y ya cuenta el futuro: "un héroe" (Sigfrido) "quebró la espada. Wotan llevó al Walhalla las ramas y el tronco decaídos del Fresno y pidió a sus héroes que los corten en pedazos". Pasa la cuerda a una roca puntiaguda y se la da a la Tercera Norna (contralto): "En el Walhalla en la Gran Sala habrá una pared de madera quebrada; cuando se queme las llamas destruirán la Sala y será la caída final de los Dioses eternos". Finalmente se preguntan qué pasará con Alberich pero la cuerda se quiebra y las tres juntas exclaman: "¡Se terminó la sabiduría eterna! Las sabias ya no le hablarán al mundo. Bajemos a encontrar nuestra Madre" (Erda).

  La poética música de la Alborada nos lleva a la cima de la montaña y al gran dúo de amor de Brunilda y Sigfrido. Jay Hunter Morris lo cantó bien, con entusiasmo y considerable intensidad, y Brunilda (que no pude escuchar en "Sigfrido") estuvo cantada por Deborah Voigt con notable fuerza y color pero también con claros indicios de dificultades vocales; su voz ya no era la de la gran época, cuando fue una figura de primer orden del canto wagneriano. Ella, que recibió el anillo como testimonio del amor de su caballero, acepta que un héroe Wälsung (Semidios) debe realizar actos de aventura siempre acompañado de su espada y del caballo de Brunilda, Grane. "Te di lo que los dioses me enseñaron: una abundancia de sabiduría sacra.  Ahora soy rica en amor pero estoy vacía de poder". Sigfrido: "Sé que Brunilda vive para mí y que me debo a ella. Te dejo protegida por el fuego. Y te entrego este anillo para compensar la sabiduría que me otorgaste". Ella: "¡Lo tendré como mi único tesoro!". Sigfrido siente que sus actos heroicos serán más bien los de Brunilda y le molesta: "¡Sólo soy el brazo de Brunilda!". Ella: "¡Quisiera que tu alma sea Brunilda! ¿Serïas Sigfrido y Brunilda?". Él: "¡Donde yo esté estaremos ambos, unidos!". Y juntos terminan con entusiasmo la escena: él: "¡Salve, brillante estrella!".  Ella: "¡Salve, luz conquistadora!". Sigfrido lleva a un Grane de utilería al borde de la meseta rocosa, pasa las llamas y desde lejos se escucha su trompa de caza (admirablemente tocada por un miembro de la orquesta). Y se inicia el "Viaje de Sigfrido por el Rhin", famoso episodio sinfónico:  lo hará viajando en una barca con Grane:   termina en la sala de concierto en un gran climax (es la versión específica preparada por el compositor) pero pierde fuerza en la ópera a medida que se acerca al Palacio de los Gibichungos. Como Levine siguió enfermo, dirigió Fabio Luisi (como en "Sigfrido") y confirmó que es un maestro de categoría; compenetrado con las necesidades de la acción escénica pero también de cuanto detalle pide Wagner en la enorme partitura; y la Orquesta, como siempre, magnífica. En cuanto a la puesta, la "máquina" de Lepage no tuvo mayor uso: nada del Prólogo lo permite. En la escena de las Parcas las placas metálicas formaron el fondo de la escena, como si fueran parte del monte; y en el dúo también: las placas sólo son un fondo, salvo en el momento de la partida de Sigfrido. Buen uso de la penumbra con las Parcas y del alba, con creciente luminosidad hasta el dúo de los enamorados.

Y así llegamos sin solución de continuidad al Primer Cuadro del Primer Acto, que sucede en la sala principal del Palacio y nos hace conocer a tres nuevos personajes: Gunther, Príncipe; su hermana Gutrune ("buena runa", lo cual desgraciadamente se comprobará que es una amarga ironía) y Hagen, medio hermano de Gunther. Nos enteraremos que su madre Grimhild tuvo relaciones con Alberich, sexo sin amor, el único que él puede tener; no puedo imaginarla atraída por Alberich de modo que ha sido comprada, lo que por cierto habla muy mal de ella: Alberich debe haberle dado una fortuna y uno se pregunta cómo, ya que su oro desapareció y sin el anillo no puede tiranizar a los Nibelungos.  Y aquí un paréntesis: por dos veces es citada Grimhild; y bien, en los relatos de los Nibelungos es Krimhild, y en las dos películas mudas de Lang la primera es sobre Siegfried pero la segunda se llama "La venganza de Krimhild" ¡y hasta lucha contra Atila! (lo cual da cierto aire histórico a una leyenda con personajes mitológicos que nos llevan a los países nórdicos y a Islandia; Wotan es Odin originalmente).  Pero los hijos Gunther y Gutrune sólo pueden proceder de un noble, Gibich (por eso son Gibichungos). La realidad es que son muy débiles de carácter y están manejados abiertamente por Hagen, inteligente y amargo. Les dice claramente: el Príncipe y Gutrune no están casados y deben estarlo. ¿Con quiénes? Él con Brunilda, ella con Sigfrido…Y les cuenta que Sigfrido mató al dragón y que dejó todo el oro en la cueva; se harán ricos. Alguien (no se sabe quién) le avisó que Sigfrido, tras una larga recorrida por el Rhin, está por llegar. Y así es: llega en el barco y con Grane, el caballo de Brunilda. Afirma que ha logrado conquistas durante su trayecto (tampoco sabemos cuáles) y les pregunta si quieren ser amigos o enemigos; Nothung lo acompaña. Le ofrecen amistad de un modo extremo: Gunther le dará nada menos que su herencia, su tierra y su pueblo; a su vez Sigfrido pondrá al servicio del Príncipe su cuerpo y su espada. Cuenta que tiene la capucha (Tarnhelm) pero no sabe para qué sirve (¿ya se olvidó que el pájaro se lo explicó?; aunque también se olvidó que el anillo lo haría dueño del mundo…). Curiosamente Hagen le cuenta para qué sirve el Tarnhelm.  El siguiente paso es darle una bebida a Siegfried que contiene un filtro; la trae Gutrune; él la toma en honor a su amor por Brunilda… y es inmediata la amnesia: se olvida totalmente de Brunilda y simultáneamente se enamora de Gutrune y quiere casarse con ella (Hagen indica a Gutrune que se retire).  Hagen cuenta a Sigfrido que Gunther quiere casarse con Brunilda pero ella está rodeada de fuego; Siegfried afirma que él puede pasar esa barrera y traerle a Brunilda con el aspecto de Gunther gracias al Tarnhelm. Hacen el juramento de hermandad con sangre mezclada con vino; "si no cumplimos nos cobraremos con sangre".  Y salen juntos: Gunther lo esperará en la barca una noche antes de recibir a Brunilda. Tras breve diálogo en el que Hagen explica a Gutrune el objeto de la partida, Hagen queda solo y le escuchamos regodearse porque le traerán el anillo; ellos serán los siervos del hijo del Nibelungo.  Hagen está cantado por Hans-Peter König, el mismo que interpretò Fafner (habitual en los bajos profundos que hacen el Ring, y suelen agregar Hunding de "La Walkiria"). König es un distinguido integrante de la Ópera de Düsseldorf; su voz tiene el timbre adecuado (tipo Gottlob Frick), oscura, dramática, con amplio registro y buen volumen, y se trata de un actor convincente:  una figura fuerte ya que Hagen es quien cambia todo en la trama. Gunther fue personificado por el bajo-barítono Iain Paterson, de buena carrera; y como tiene un notable material capaz de dar vida a personajes más atrayentes, con rostro fuerte, le dio a Gunther una solidez mayor que la del débil Príncipe. A su vez Gutrune fue cantada por Wendy Bryn Harmer, la misma que cantó Freia en "El Oro del Rhin"; allí era rubia, aquí morena. Es una bella mujer de gratos rasgos y su canto tuvo calidad. La pobre da lástima; ella se siente desvalida y cuando lo tramado por Gunther la lleva a tener a nadie menos que Sigfrido como pareja quiere olvidarse de la realidad: un amor falso provocado por una droga. Nuevamente la "máquina" de Lepage funciona mal; es mediocre la ambientación de la sala del Príncipe y las placas sirven para poco en la explanada que da al Rhin. La llegada de Sigfrido con Grane resulta incómoda; el agua del Rhin, un pasable video de Lionel Arnould; pero la subida a la explanada se complica, y al Grane de pacotilla se lo llevan como pueden.

Interludio y Segundo Cuadro: tras un duro pasaje sinfónico Brunilda escucha el sonido  familiar de un corcel aéreo y llega Waltraute en su corcel aéreo. Brunilda está feliz de ver a su hermana y recuerda la prohibición de Wotan para que cualquier walkiria la visite y se pregunta si el Dios está suavizando su decisión; pero también que ella ahora es amada por el más gran héroe; hasta que se entera del motivo de la visita: los Dioses y las Walkirias en el Walhalla están en plena crisis desde que Wotan ha dejado su Palacio y viaja por el mundo como Wanderer y sobre todo porque ha cortado en pedazos el Weltesche y hará con ellos una gran fogata que incendiará el Walhalla. Volvíó de su largo viaje, llamó a Concilio a los Dioses, mantuvo silencio largo rato hasta que dijo: "Sólo una cosa puede parar este desastre: que Brunilda devuelva el anillo a las ondinas redimiendo la maldición". Y Waltraute pide a su hermana: "puedes evitar la agonía de los Dioses". Pero Brunilda le dice que ahora ella es mujer, no Semidiosa, y el anillo es el símbolo del amor de Siegfried y no lo restituirá. No le importa lo que les pueda pasar a los Dioses. Waltraute, desesperada, se va. Notable interpretación de Waltraud Meier (curioso llamarse Waltraud interpretando a Waltraute). Y hasta allí pude llegar. Al final de otras tres horas plagadas de graves situaciones el anillo volverá a las ondinas. Hay fallas de libreto, pero la música me sigue pareciendo fascinante en todo momento.   

Éste no es el mejor Ring que yo haya visto, ya sea en vivo o en DVD; en sín el elenco es bueno pero no notable, la dirección y la orquesta son muy buenos, y la puesta bastante polémica no justifica lo que costó.

Doy por terminada esta primera tanda.

Pablo Bardin