domingo, julio 26, 2020

DONIZETTI Y LAS REINAS BRITÁNICAS

 

 

            Gaetano Donizetti fue inmensamente prolífico; entre lo mejor de su obra se cuentan las tres óperas dedicadas a reinas británicas: “Anna Bolena”, “Maria Stuarda” y “Roberto Devereux”. Nació y murió en Bergamo (1797-1848) y compuso 70 óperas desde la primera representada (“Enrico di Borgogna”, Venecia, 1828, 21 años) hasta la última en vida (“Caterina Cornaro”, 1844) y las póstumas tres; la última en estrenarse fue “Il Duca d´Alba”, 1882, pero compuesta en 1840. Estrenó 30 óperas entre 1818 y 1830 antes de llegar al gran éxito de “Anna Bolena”, que se conoció el 26 de diciembre de 1830 en el Teatro Carcano de Milán. Otras 11 serían estrenadas antes de “Maria Stuarda”, también llamada “Buondelmonte”, el 19 de octubre de 1834 en el Teatro San Carlo de Nápoles. Ocho más verán la luz antes de “Roberto D´Evereux, Conte d´Essex” (ahora presentada como “Roberto Devereux”), también en el San Carlo, el 29 de octubre de 1837.  Y bien, el Met presentó las tres reinas en distintos años y elencos; vi “Roberto Devereux” años atrás y esta vez no lo repetí; es muy buena versión, con artistas de calidad y estilo; lo mismo se aplica a las dos iniciales y que hoy comento. En Buenos Aires fue Adelaida Negri la que acometió la ardua tarea de cantar las tres en distintas temporadas; si bien su voz ya no estaba en su mejor época conocía bien el estilo y las presentó con elencos locales correctos y buenas puestas tradicionales. En cambio el Colón sólo ofreció “Anna Bolena”, aunque con elenco de estrellas y muy positiva puesta: Elena Suliotis, Fiorenza Cossotto, Gianni Raimondi e Ivo Vincò; director, Oliviero de Fabritiis; régie de Wallmann, escenografía y vestuario (bellísimos) de Nicola Benois; junio 1970. Quien cantó las tres óperas fue Beverly Sills en la New York City Opera; tengo su notable grabación de “Anna Bolena” con Shirley Verrett, Stuart Burrows y Paul Plishka; Sinfónica de Londres dirigida por Julius Rudel (vinilos de una marca llamada Probe, de EMI, aquí Odeón). Hasta el 2000 mi catálogo R.E.R. de CDs da otras grabaciones: Suliotis la grabó en mejor estado vocal que en Buenos Aires, con Marilyn Horne, John Alexander, Nicolai Ghiaurov, director Silvio Varviso, Ópera de Viena (Decca; la tuve en cinta grabada); Gruberova, Ziegler, Bros, Palatchi; dir.  Boncompagni, Orq. de RTV Húngara; Sutherland con Mentzer, Hadley, Ramey; dir. Bonynge, Welsh National Orchestra (Decca); y la mejor, no de estudio de grabación sino tomada en vivo en La Scala: Callas, Simionato, Raimondi, Rossi-Lemeni; dir. Gavazzeni, aunque muy cortada. Recientes: Netrebko, Garança, D´Arcangelo, Meli; Pidò, Viena (DGG); y Theodossiou, Ganassi, Papi, Sartori; Severini, Orq.Pomeriggi Musicali di Milano.

 

ANNA BOLENA, 28/4/20

 

            Fue la primera ópera de Donizetti que conquistó a Europa; por cierto que el estreno había sido con Giuditta Pasta y Giovanni Battista Rubini, grandes de la época, y que el primer bajo de entonces, Luigi Lablache, fue Enrique VIII en Londres. Cuando finalmente se dio la obra en el Colón Juan Pedro Franze declaró con entusiasmo que era la primera ópera genial de Donizetti. Resulta bastante extensa; sin cortes, 3 horas 10 minutos. El libretista más famoso de entonces colaboró con el compositor: Felice Romani; pero le entregó el libreto recién el 10 de noviembre. Sin embargo Puccini contó con la colaboración de Pasta en su residencia sobre el Lago de Como; ella era una artista de aguda inteligencia y sentido dramático, considerada la más gran trágica de la época. El estreno no fue en La Scala debido a que un grupo de aristócratas consideró que aquel famoso teatro estaba en manos de una facción de escaso gusto; el Carcano no duró mucho pero tuvo importante repercusión con la ópera donizettiana y pocos meses después el estreno de “La Sonnambula” de Bellini. La ópera sufrió algunas modificaciones: pretendía Romani que ella muriese en el escenario, pero es tan histórica la muerte de esta figura por degollamiento que no tenía sentido y lo modificó. Luego de la muerte de su querida esposa Virginia, Donizetti tuvo relaciones amorosas con una intérprete de Smeton, y sustituyó la cavatina por un aria para unas funciones en Italia, aunque la cavatina era mejor y es la que quedó. También hubo modificaciones en la escena entre Anna y Percy pero no prosperaron y se volvió al original. Ya en función moderna, la versión Gavazzeni cortó demasiado, en especial la escena de la torre entre Percy y Rochefort, de notable interés musical y dramático (tengo otra versión de La Scala con la Bolena de Gencer, y persiste el cambio). La del Met fue, creo, íntegra (aunque no tengo partitura sí cuento con el libreto). “Anna Bolena” fue esencial en el “revival” (renovado interés) en las obras de Donizetti después de la Segunda Guerra Mundial; ya en el año 2000 se contaba con grabaciones completas de 28 óperas suyas; ciertamente ahora son más. 

            El Met reunió un elenco de categoría liderado por la Bolena de Anna Netrebko. Enrique VIII fue Ildar Abdrazakov, Giovanna estuvo encarnada por Ekaterina Gubanova, Percy por Stephen Costello, Smeton por Tamara Mumford, Rochefort por Keith Miller y Hervey por Eduardo Valdés. Puesta en escena de David McVicar, dirección de orquesta de Marco Armiliato. El único italiano fue el director de orquesta; nada menos que tres rusos en bel canto. Escenografía: Robert Jones. Vestuario: Jenny Tiremani. Octubre 2011.

            Acto Primero. Sala en el Castillo de Windsor en los departamentos de la reina. La puesta de McVicar fue tradicional, enhorabuena (años después se “modernizó”…), con escenografías atrayentes de Robert Jones y vestuarios de época de Jenny Tiremani. Coro de Caballeros que divididos en dos dialogan sobre “el crepúsculo de la estrella de la Reina; el voluble corazón de Enrique arde de otro amo. Quizás ella deberá sufrir mayor vergüenza y dolor”. Entra Giovanna (Jane) Seymour y monologa: “Ella me solicita con frecuencia; ¿sabrá la vedad? Ante mi víctima pierdo coraje; amor, hazme sorda al remordimiento o extínguete”. Aquí hay un aspecto esencial: Seymour le tenía afecto y respeto a Bolena (Boleyn) pero estaba enamorada del Rey. Entra Anna con sus damas, pajes y escuderos; está Smeton, paje, cuyas actitudes serán cruciales  posteriormente. Los caballeros siguen estando en la amplia sala. Anna (A) a Giovanna (G): “Nunca vi asamblea tan taciturna y triste; ¡también tú, antes tan alegre, ya no sonríes!”. G: “¿Cómo mostrarse serenos si vemos afligida a nuestra Reina?”. A: “Es cierto y no sé por qué; perdí la paz. Smeton, ¿quieres alegrar a la Corte con una canción?”. Y para sí, se dice el paje: “¡Amor, inspírame!”, ya que a su vez está enamorado de Anna. Le traen un arpa y canta una bella cavatina: “Es bella tu tristeza como lo es tu sonrisa; quien te mira te cree ingenua virgen que suspira por su primer amor; olvidando tu corona, suspira contigo y cree ser ese amor”. Sin saberlo, Smeton con ese texto audaz justo tocó el punto más hiriente; A. exclama “¡No sigas!”, y para sí misma se dice: “¡Inocente joven, todavía están calientes las cenizas de mi primer amor!”. Enseguida ella expresa a los caballeros que los libera, es inútil seguir esperando al Rey; ellos se van. En efecto, ella estuvo enamorada de Percy (Lord Riccardo Percy) y a diferencia de G. ella no sintió verdadero amor por el Rey, sí atracción.

            Antes de seguir, conviene explicar el contexto histórico. La historia inglesa es compleja y sangrienta; he aquí los datos básicos para entender mejor lo que pasa en esta ópera. Hay que empezar por Henry VII (1457-1509). Lo precedían los años turbulentos de la Guerra entre los Lancaster y los York, y el trono usurpado por Richard III, a quien venció en la batalla de Bosworth en 1485 donde el siniestro Richard murió. Fue el primer Tudor y debió luchar contra muchos Yorkistas en diversas batalllas (las ganó todas) mientras intentaba cambiar a Inglaterra: mejoró la economía, comerció internacionalmente, apoyó a John Cabot (Gaboto) en sus viajes de descubrimiento y promovió la producción nacional, pero también aplicó fuertes impuestos.  Logró consolidar la paz con Francia, Holanda y Escocia. Con España estableció una alianza al casarse Catalina de Aragón con su hijo Arthur en 1501, pero su hijo primogénito murió al año siguiente; Catalina se quedó en Inglaterra. Henry VII dejó a su sucesor una Inglaterra próspera.

            Henry VIII nace en Greenwich el 28 de junio 1491 y fallece el 28 de Enero de 1547 en Londres. Es Rey desde 1509 hasta su muerte. Su madre fue Elizabeth, hija de Edward IV, el primer York, y siendo su padre un Lancaster pudo dar una imagen de unidad. Hay dos imágenes contrastantes suyas, ambas verdaderas: por un lado, un hombre joven alto, de poderoso físico, cazador pero también músico (tengo un disco con muy gratas canciones suyas), bailarín,  atlético, gran lector, conocedor de teología; por otro un hombre de violentas emociones y que gradualmente se convierte en un tirano brutal y contradictorio. Con Catalina de Aragón tuvo una relación que consideró negativa porque ella perdió varios hijos y sólo vivió una hija, que luego será Mary Tudor, y él no quería que fuera mujer quien lo sucediera, creyendo que no sabría gobernar, prejuicio que paradójicamente desmentirá una hija suya: Elizabeth I. Entonces se convence a sí mismo que ha pecado porque no cumplió con una prohibición del Levítico: casarse con la viuda de su hermano. Entonces pide la anulación del matrimonio sobre esa base a Clemente VII, pero éste se negó porque no podía oponerse al poderoso Karl V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, defensor del honor familiar. El Cardenal Wolsey, que fue su gran ministro entre 1515 y 1527 durante los cuales Henry apoyó al Papa, debió retirarse; su reemplazo, Thomas More, no aprobó la decisión de Henry y fue ejecutado (¡). En 1532 al asumir Thomas Cromwell se concretó la fundación de la Iglesia Anglicana; Henry fue excomunicado. El Rey quedó como representante de Dios en Inglaterra y, nueva paradoja, un protestantismo ad-hoc por parte de ese Rey que había escrito en latín una diatriba contra Lutero. Naturalmente el divorcio se hizo realidad; el nuevo Arzobispo, Thomas Cranmer, presidió el juicio de anulación. De inmediato, en Enero de 1533, el Rey se casó con Ann Boleyn (ya había sido amante de su hermana…) y en Septiembre nació Elizabeth; pero Ann no dio a luz varones. Alegando adulterio y traición, hizo ejecutar a Ann y sus allegados (Collier´s lo considera dudoso). No tardó en volverse a casar con Jane Seymour pero no tuvieron suerte: al año ella murió de parto dando a luz a su hijo Edward, que luego será brevemente Rey. El cuarto matrimonio fue un fiasco: Cromwell creyó útil un acercamiento a Holanda y trajo a Anne de Cleves, holandesa; el Rey aceptó y luego no le gustó ni su aspecto ni sus maneras; ¿un noviazgo no hubiera debido ser previo?; nuevo divorcio y triste destino de Cromwell: el error le costó la cabeza (Henry parece a esta altura ser el inspirador de la Reina en “Alicia en el País de las Maravillas”: “¡Off with his head!”). En un alarde de estupidez, Catherine Howard sí comete adulterios (abundantes) y ella también cae bajo el hacha. La última, Catherine Parr, resulta tranquila y no le pasa nada, salvo aguantarlo a Henry, que para entonces es enormemente obeso y tiene una úlcera en la pierna derecha que con el tiempo se gangrenará y lo llevará a la muerte (aunque ella es Reina sólo entre 1540 y 1542, no convive en los últimos penosos años).  En cuanto a su reinado, Henry, necesitado de dinero, disolvió todos los monasterios, que tenían grandes tesoros (el mal de muchas religiones que lucran con la fe). En los últimos años se metió en costosas e innecesarias guerras, sobre todo con Escocia, lo cual le obligó a vender tierras monásticas y provocar inflación. Lo sucede el niño Edward VI, de 10 años; morirá de tisis a los 16 y sus regentes fueron Edward Seymour, que por sus malas maniobras fue ejecutado; y John Dudley, Duque de Northumberland, que trató de evitar que asumiera la corona una Reina católica y propuso a Lady Jane Grey, nieta de la hermana de Henry VIII, Mary, Duquesa de Suffolk; los dos terminaron en la Torre de Londres y fue Reina Mary Tudor entre 1553 y 1558, “Bloody Mary” por ejecutar cantidad de protestantes. Y así fue Reina Elizabeth I, a los 25 años, la hija de Ann Boleyn. Sin duda, qué compleja es la vida política inglesa.

            Volvamos a la ópera. Estaban juntas Giovanna y Anna (vuelvo a los nombres en italiano) y Anna canta una expresiva aria, “Non v´ha sguardo” (“No hay mirada”); en ella expresa, sin saber que da en la tecla: “Si te seduce el esplendor de reinar recuerda mi congoja”. Y parte con Giovanna y las damas, pero al rato retorna Giovanna; en un recitativo monologa: “Me abrazó, ignorando que lo hizo con una serpiente; mi destino depende del Cielo”. Llega el Rey; ella le pide que sea su último coloquio; él replica: “La Tierra y el Cielo deben saber que te amo” y ella: “¡Nunca! Quisiera enterrar mi vergüenza”. Él: “Es gloria el amor de Enrico; ¿qué quieres?”. Contesta: “Amor y fama”. Él: “Tendrás fama”; ella: “Mi fama debe provenir del casamiento y me está vedado”. Él: “Sólo amas al Rey” (implícito, no a mí como persona)- “Anna me ofrecía amor codiciando el trono”. Ella: “Yo no ofrecí mi corazón, el Rey lo raptó”. Él: “tendrás esposo y trono”. Ella: “¿Y Bolena?”. Él: “la odio, llegó el día de castigarla por la culpa más negra: me dio un corazón que no era el suyo. Cortaré los lazos”. Ella: “¿cómo?”. Él: “Yo solo lo sé”. Ella: “Espero que no sea cruelmente”. Él: “Quiero tu paz y tu reposo”. A esta altura ya se puede apreciar la interpretación de tres de las cuatro figuras principales. Netrebko impecable, con clara proyección de su bella voz, aunque algo menos comunicativa que lo esperado (lejos de Callas en este sentido). Gubanova actriz convincente y con canto seguro; y Abdrazakov duro e imponente; no es un timbre cálido pero actúa con prestancia y garra.

             El Cuadro 2º tiene lugar en el parque del castillo, de día. Usando la misma planta básica, Jones con algunos cambios (“árboles” que bajan y quedan fijados a nivel del piso) consigue sugerirlo. Llega Percy, el “cuarto en discordia”, figura fundamental para su trama. Henry sabía que Percy y Ann habían sido amantes; ¿podría Percy negarse a retornar? En ese absolutismo probablemente Henry hubiera ejecutado a familiares si no volvía o quizá se lo había advertido. Lord Riccardo (Richard) Percy, familia noble en un momento en donde persistían gruesas diferencias de opinión política; y bien conocida por Henry, así como conocía a los Boleyn (como dije, había sido amante de la hermana de Ann, y vio crecer a Ann en la etapa adolescente, ya que ella y Percy se conocían desde niños. No sé si Percy era tan impulsivo y descontrolado como lo pinta Romani, que a su vez tuvo como fuentes a dos piezas teatrales: “Enrico VIII ossia Anna Bolena” de Ippolito Pindemonte y “Anna Bolena” de Alessandro Ercole, Conde Pepoli; no tengo acceso a esos antecedentes, de modo que no sé cuánto viene de ellos o de la imaginación de Romani en cuanto a actitudes de los personajes. En la ópera no queda claro por qué Percy se exiló, si por razones políticas o porque no toleró que Ann se casara con el Rey; pero en cuanto al retorno Henry expresa que él concedió esa gracia porque se la pidió Ann; si es así ella misma contribuyó a su terrible destino. ¿Pero en la vida real fue Percy tan impulsivo e incapaz de disimular? Sus actitudes ciertamente le van cavando la fosa. Al entrar Percy se encuentra con Lord Rochefort, hermano de Anna, que queda sorprendido: no sabía que Percy había retornado. Tiene su lógica que Rochefort esté en Windsor: familiares directos de las reinas habitualmente tenían algún cargo gubernamental; pero también que si Anna está en peligro también lo está su hermano; si ignoraba que Percy volvería del exilio esto parece indicar que el Rey miente al decir que fue por pedido de Anna. Percy fue interpretado por el tenor Stephen Costello; Rochefort por el bajo Keith Miller. Se abrazan; Percy asegura que el Rey lo convocó después de largo exilio; retornar para él es amargo; preguntar por ella y Rochefort contesta: “Su única alegría es ser Reina”. Aria de Percy: “Desde el día que, ella perdida, desesperado fui al destierro comenzó mi muerte. Alguna vez quiero creer que la fortuna me vengará”. Entran grupos de cazadores, pajes, escuderos y gente armada de picos (notables vestuarios). Coro: “Preparen los caballos, más premuroso que nunca viene el Rey esta mañana”. Pese a que Rochefort le sugiere callarse, Percy necesita expresarse en una cabaletta: “Con volver a vivir un solo día como los de mi primer feliz amor moriré de placer”, actitud que va a sellar su destino. El personaje es tenso y extenso, a la par de muy agudo; no es de extrañar que Gianni Raimondi, notable en “Guglielmo Tell” e “I Puritani”, lo haya cantado muy bien en el Colón hace medio siglo. El joven estadounidense Costello me impresionó positivamente, con agradable aspecto y firme control de una voz bien timbrada y de seguros agudos, y con ese “slancio” (arrojo) esencial para afrontar el personaje. Keith Miller, un bajo para mí nuevo, cantó con claro dominio vocal y adecuada presencia. Entra Enrico y por su lado Anna con sus damas de honor; además, Sir Hervey, oficial del Rey, y guardias. Enrico pregunta por qué Anna se levantó tan temprano y ella da como motivo que pasaron varios días sin gozar del aspecto de su Señor. Él: “Sin embargo non perdí ni un momento mi mirada velándoos” (a través de sus secuaces). Y enseguida: “¿Usted aquí, Percy?”. Anna se sobresalta. Percy (P): “La mano que me proscribió y me trae de vuelta yo beso”. Enrico (E): “Vuestra inocencia me está asegurada por quien conoce el candor de vuestra alma: Anna” (parece referirse a algo político). Dialogando con A, ella expresa: “Todo el Reino os creía inocente y os defendí”, pero retruca E: ”Os creían malevo, pero yo le c reí a A”. P se postra y besa la mano de A, ella se turba, Rochefort piensa que P está perdido. Difícil concertante: a un costado E con Hervey; al otro P con Rochefort; en el medio A; y alrededor el Coro. E a Hervey: “Debes vigilarlos continuamente”; Rochefort trata de contener a un P desatado; A está muy emocionada; el Coro sabe que la asumida sonrisa del Rey es una mentira y pronto llegará su furor. E a P con “bondad”: “Espero veros en la Corte”; P: “Destinado a vida oscura no sabría” (implícito: “cómo actuar”), E: “No, lo quiero aquí; Rochefort, te lo confio. Partimos a la caza”, y saluda a A; los cuernos dan la señal para la caza. Pero antes hay un breve final en el que el Coro disimula y vaticina que ocurrirán las cosas más alegres y festivas, y en extraña decisión del libretista, P, A y E cantan el mismo texto: “Otra víctima, amigo destino, será guiada para caer en mis lazos”: claramente lo expresa E pero no tiene sentido en P ni en A.

            Acto segundo. Gabinete en el castillo que da a los apartamentos de Anna. Aparece el “quinto en discordia”, Smeton (en realidad Smeaton en inglés), ese paje adolescente enamorado que se inmiscuye en la vida de A y termina siendo un factor concluyente para su condena, por mala suerte pero también total falta de criterio. Monologa: “Esta querida imagen suya que robé debo devolverla antes de que se note su ausencia; un último beso, adorado semblante”. Y canta una breve aria: “Parecía por encanto responder a mi sufrimiento; el corazón, lleno de deseo, reflejaba el voraz ardor que no oso demostrarle”. Tamara Mumford resultó ser una brillante artista del programa de formación juvenil del Met: una voz bella y completa, gran encanto en el fraseo, comprensión del bel canto y del personaje, muy buena actuación. Qué extraño, teniendo en cuenta que esta función es de 2011, que no haya tenido una gran carrera. Se oculta porque entran Rochefort y A.; con asombrosa condescendencia Rochefort le pide que escuche a P.; sabiendo su apasionamiento, es evidente que no se comportará de modo razonable; y además su hermano debe saber que A. está espiada. Como en el libro de Churchill, se cierne la tormenta. A. admite que ella pidió su regreso y lamenta aceptar verlo. Larga escena de los ex amantes que siguen enamorados. A: “¿Vienes a reprocharme la traicionada fe? Fui ampliamente multada: ambiciosa, quise un trono, pero fue de espinas”. P: “Te veo infeliz y te perdono; cerca de ti olvidaré los malos momentos; de ti me viene la luz”. A: “¿No sabes que soy Reina?”. P: “Tú eres A. para mí, y yo soy el mismo Riccardo”. Ya más cantábile, continúa: “Si el Rey te aborrece, yo sigo amándote; olvida el desprecio de tu marido”. A: “¡Éste es un trono de sospechas y terror! Si me amas, no me hables de amor, huye, te lo ruego”. P: “¡Nunca!”. A: “Que no estés en Inglaterra al alba”. P: “Me encontrarán cadáver o contigo. Partiré si prometes que te volveré a ver”. A: “No, nunca más”. P: “Ésta es mi respuesta”, y desenvaina la espada para suicidarse; ella horrorizada.  Se entromete Smeton, P. lo amenaza; ella se desvanece. Entra Rochefort y queda espantado porque está llegando el Rey (supuestamente estaba de caza pero era una trampa). E. llama a la guardia, y pronto entran cortesanos, damas, pajes, soldados y Seymour. E: “Leo en sus semblantes que han atacado mi honor y traicionado al Rey”. Smeton jura que no es así; el Rey lo acusa; y en esos segundos fatales Smeton ofrece su pecho al sacrificio…y se cae el retrato de la Reina. Anna sale de su desmayo y se encuentra con el Rey furioso: “No me condenes, oh Rey”. E: “Huye lejos de mí; mejor sería para ti morir ahora”. P. estúpidamente cree que Smeton es su rival; Smeton y Rochefort se sienten culpables y G. aún más. Poderoso concertante de gran impacto. E: “Sean llevados a distintas cárceles los culpables”. Y a A.: “Sólo oirán los Jueces tu disculpa”. G. y Coro: “¡Está escrita su muerte!”.  Tremendo concertante final: A.: “¡Está jugada mi suerte, sucumbiré! ¡Pero seré absuelta luego de morir!”. E: “¡Sí, está jugada tu suerte! Quien comparte mi trono no puede tener mancha. Me apena tu muerte pero te la daré” (aquí muestra alguna humanidad, él se cree traicionado realmente). No sólo P., Smeton y Rochefort, también G., exclaman: “¡Mi suerte está decidida; ya está en mi corazón la muerte!” (G. no será condenada; ¿tendrá un presentimiento de su propia muerte al año siguiente?). Los integrantes del Coro tienen bien claro lo que ocurre: “¡De cuántas cosas adversas es afectado el trono inglés! La inocencia tendrá la muerte que el delito tramó”. Todo este acto es de alto nivel y demuestra la garra que podía tener Donizetti y que representa la transición al estilo verdiano. Netrebko dejó atrás el mero cuidado vocal y dio una interpretación conmovedora, sobre todo en los últimos minutos; Costello confirmó su valía e intensidad; Abdrazakov encontró el equilibrio entre lo vocal y lo dramático y realmente asustó. Los otros, y el Coro, muy bien. No se sintió la ausencia de “italianismo”, en parte porque Armiliato es un verdadero concertador, además de conocer a fondo el estilo y tener magníficas orquesta y coro a su disposición. Y la régie de McVicar fue realmente intensa y lógica.

            Tercer acto. Primer Cuadro. Gabinete que comunica con las habitaciones donde A. está custodiada. El Coro de damas lamenta la situación; pero “siempre estaremos contigo”. Entra A.: “Mi única esperanza está en el Cielo; en tierra no hay cómo evitar mi ruina”. Entra Hervey;  le comunica la decisión del Consejo de los Pares: “Retiran las Damas que la acompañan”; con tristeza A. las abraza y se van. A. llora, entra G. con una ardua misión: salvará su vida si se declara culpable. A: “¿Que compre la vida con la infamia?”. G.: “Se lo pide la desgraciada que el amor de E. destina al trono”. A. “Que sobre ella caiga el brazo de Dios y que su corazón sufra como yo. Sobre ella y el culpable esposo estará mi espectro amenazador y el hacha a mí destinada más cruelmente el Rey se la niegue”, cantado con furia. G: “¡Tenme piedad! ¡A tus pies postrada está la traidora!”. A.: “¡Vete!”. G: “¡Perdóname! Inexperta fui seducida y deslumbrada. Amo a E. y me avergüenzo: mi suplicio es este amor”. A: “Sólo es culpable el que prendió en ti esa llama”. La abraza: “Llévate el perdón de Bolena. En este adiós está mi piedad”. G.: “En el trono me espera un Dios justo que no me perdonará”, y se va muy afligida. El caso de G. es diferente: está realmente enamorada de E. pero no tolera el injusto castigo que recibe Bolena. Netrebko alcanza en esta escena su mejor nivel tanto en la ira como en el enternecido perdón, y Gubanova logra conmover con recursos vocales expresivos y buena dicción; no es una voz grande pero sí de buen timbre y amplio registro.

            Segundo Cuadro. Vestíbulo que lleva a la sala donde está reunido el Consejo. Sala austera más bien amplia. Coro de cortesanos: comentan que están interrogando a Smeton y le desean que su inexperto corazón no se deje vencer. Se abren las puertas y sale Hervey; ahora será el turno de A. y P. Le preguntan sobre Smeton: “confesó culpas que hicieron temblar y avergonzar; ella está perdida”. McVicar comete aquí el error de mostrar a Smeton terriblemente ensangrentado, torturado; si tal fue el método no se lo muestra públicamente; y no   se lo tortura delante del Consejo: se lo pone presentable y entonces confiesa ante sus jueces (que saben lo que pasa pero callan y aceptan: era una tiranía).  Llega el Rey, el Coro se retira. E. no está presente en el Consejo, lo cree inconveniente; expone su crueldad: que Smeton vuelva a la cárcel creyendo que salvó a la Reina. Como se acercan A. y P., E. quiere partir pero A. se lo impide. “Mátame pero no me expongas a la vergüenza de un juicio; soy Reina”. E.: “¿Tú lo respetaste? Mujer de E., bajaste a un P.”. P.: “Te hiciste mi rival y me sacaste la amante”. “Juro que ella no te ofendió, me rechazó”. E.: “Confesó el vil paje que ella lo amó”. A, furibunda: “Tú has forzado a Smeton a declarar tal falsedad. Tu poder me puede dar muerte pero no infamia. Mi delito fue dejar de lado al noble corazón de P. y haber creído suprema felicidad ser consorte del Rey”. E: “¡Ambos morirán!”. P: “La Justicia nos salvará”. A: “No la hay en la Corte de E.”. P: “Somos esposos; recupero mis derechos”. Si hasta allí fue un tenso diálogo, ahora se llega a un Trio donde la verdad del amor de A. y P. se opone a lo que el Rey siente entre paréntesis. P.: “Sabes que fuiste mía desde la edad más tierna; te abro los brazos y te doy vida y honor” (honor sí, vida por escasas horas). A.: “Fui castigada por el Cielo de mi traición: sólo encontré en el trono horror”. E.: “(Fue inútil el engaño mío pero no lo reconoceré; ambos serán castigados). Custodios, llevadlos al Consejo”; y sigue otro breve Trio, esta vez sin paréntesis del Rey: E.: “Confesa allí tu antiguo amor. ¡Pareja inicua! Caerán vuestras cabezas. Será Reina otra mujer más digna de afecto; odiado será tu nombre y tu sangre” (¿pensó en Elizabeth?). A. y P.: “¡Que otra mujer no aprenda el funesto don que le darás! ¡Que Inglaterra no sepa el impío ensañamiento que A. sufrió!” (error del libretista: debería decir lo contrario). Los soldados llevan a A. y P. al Consejo. Los artistas estuvieron admirables en esta escena: no sólo cantaron con firmeza y seguridad sino que interpretaron sus partes con gran intensidad; asombra que los rusos se sientan tan compenetrados del bel canto italiano. Queda solo E. y dice algo tremendo: “También su hija irá a la ruina”; desconozco los detalles pero Elizabeth, lejos de morir, fue Reina. La siguiente escena es entre G. y el Rey y se basa en el remordimiento que ella siente; no sé cuánto hay de verdad histórica en esto o en su amor por el Rey, pero sí queda claro el despotismo y crueldad de E. por un lado y el amor sensual que siente por G. Se colige que también ella está dominada por la sensualidad ya que no duda de los graves defectos de su futuro marido. E.: “Ven, Seymour, tú eres Reina” (en realidad, “serás”, “sarai”, debería decir). G: “Me trae un remordimiento amargo, extremo; no quiero ser motivo de su muerte: me despido para siempre de mi Rey”. E.: “Soy más que el Rey, soy tu amante, que tuvo tu juramento y que pronto te llevará a casarte”. G: “Iré a un remoto asilo a expiar tal juramento”. E.: “Ahora aborrezco aún más a A., ya que por ella me niegas tu amor”. G., con gran emoción: “Mi amor sigue estando, me consume el corazón”. Aria: “Per questa fiamma indómita” (“Por esta llama indómita”), “por estos amargos espasmos, oye mi plegaria: que A. no muera por mí, no me hagas culpable ante el Cielo”. E.: ”Terminó el Consejo”.  Entra Hervey y lee: “Los Pares unánimemente dieron por concluídos los lazos matrimoniales. Anna, consorte infiel, está condenada a muerte y con ella todos los que le fueron cómplices e instigadores”. El Coro al Rey: “A vos, supremo Juez, se somete la sentencia. La única esperanza es la clemencia real: los Reyes son imagen piadosa del Cielo”. El Rey: “Reflexionaré: la justicia es la primera virtud del Rey”. En esa Europa que siempre invocaba al Cielo el pueblo quería ver a los Reyes como representantes de ese Cielo tan impreciso pero esencial para los cristianos de entonces, y así lo consideraban a E. aunque hubiera sido excomulgado, y a pesar de su bien conocida crueldad; pero en última instancia debían acatar su decisión aunque la sintieran injusta; sino eran rebeldes y podían ser ellos ajusticiados. Las palabras de E. son de la más flagrante falsedad en su caso, pero públicamente es la cara que debe presentar. E. toma la sentencia en sus manos; el Coro se aleja sin irse. G: “Que tenga piedad el Rey”. E. a los cortesanos: “Pueden irse; que se reúnan los Pares para escucharme”, y entra a la sala.

            Tercer Cuadro. Prisión en la Torre de Londres, de triste memoria. Dialogan P. y Rochefort, que dice: “Merezco caer porque por ciega ambición mía convencí a A. de aspirar a ser Reina”. Generosamente P. lo llama amigo y tiene esperanza de salvarlo” (¿cómo?). Entra Hervey y les anuncia el perdón del Rey (que así muestra algún grado de clemencia; poco creíble ya que obviamente detesta a P.). Pero la condena a A. persiste y P. quiere morir con ella; Rochefort también lo acepta y abraza a P., quien trata de disuadirlo sin éxito. En breve aria (quizás innecesaria) P. afirma que viendo su constancia se siente acompañado para la última hora. Se despiden y salen con soldados y Hervey (correctamente interpretado por Eduardo Valdés), que lamenta la decisión tomada, seguramente no tan malvado como su patrón. Pequeño cambio de escenario a la prisión de A. Han permitido a sus damas que la visiten. Y aquí empieza la última escena de la ópera, máximo momento musical y piedra de toque para la protagonista. Su estructura es amplia: coro, recitativo, aria, puente extenso, escena de delirio, cabaletta furiosa. Noble coro lento: están muy doloridas ya que quieren mucho a su reina, y la vieron en su prisión pasando por muchas emociones contrastantes: “muda e inmóvil, triste y pálida, sonriendo ante un recuerdo; en ella surgen pensamientos y afectos en su delirio”. Entra A. y nos encontramos ante un prolegómeno de la escena de la locura de “Lucia di Lammermoor”: dulcemente expresa: “¿Por qué lloran? Hoy es día de bodas, me espera el Rey. Que no lo sepa Percy, el Rey lo impone. ¿Quién habló de P.? Que yo no lo vea. Pero él viene y me acusa. ¡Perdóname!” (y llora). “¿Me sonríes? ¡Qué alegría, así no moriré sola!”. Tras este magnífico Recitativo accompagnato, la más bella aria de la obra: “Al dolce guidami castel natio” (“Guíame al castillo donde nací): “devuélveme un día de nuestros primeros años, de nuestro amor”. Música lenta de gran belleza melódica, debe ser cantada muy sutilmente y “piano”. Tras un redoble de tambores, entran desde varias prisiones P., Rochefort y Smeton.  Este último le dice, todavía ensangrentado y casi cayéndose: “Yo fui vuestra perdición, maldígame; creyendo salvarla la acusé”. A. nuevamente delira: “Smeton, ¿por qué no afinas tu arpa? ¿Quién cortó sus cuerdas? Transmiten un sonido como el gemido de un corazón que muere”. Breve reflexión de A.: “Cielo, concédeme reposo y que estos momentos extremos sean esperanzados”. P., Rochefort y Smeton: “Prolonga su delirio, Cielo apiadado, recibe en tu seno a su bella alma”. Se escuchan cañonazos y campanas, A. sale del delirio. A.: “¿Qué se celebra?”. Los tres le dicen que aclaman a la Reina (E. malignamente se casó para que A. lo escuche). “Le falta cumplir el delito de derramar mi sangre, y así será”. Y la cabaletta es violenta en contra de la nueva pareja al principio pero enseguida la perdona: “Coppia iniqua” (“Pareja inicua), “No impreco extrema venganza en esta hora tremenda; bajaré con el perdón en los labios a mi sepulcro y espero que me otorgue la piadosa clemencia de Dios”, y se desvanece. Todos: ¡Ella muere! (“morrà” deberían decir, no “more”). Llevan los soldados a P., Smeton y Rochefort, que señalando a A. exclaman “Ya está inmolada una víctima”. Netrebko interpretó con mucha solvencia este final, con dos puntos altos: la gran belleza vocal en su aria, con refinados pianissimi, y la garra y precisión en la cabaletta. Ya lo expresé antes, como Callas no hay nadie ahora, pero es ciertamente una muy buena Anna Bolena. Esta escena final fue puesta por McVicar y dirigida por Armiliato con gran habilidad. En conjunto una función de alto nivel. El libreto se circunscribe a los arduos conflictos amorosos sin referencia alguna a aspectos políticos, y creo grave error que ella no mencione que es madre de Elizabeth. En cuanto a los gustos de E., nada cuenta salvo la caza: limitado en cierto modo, pero eficaz en lo que se propuso, más allá de detalles mejorables, el libreto ciertamente inspiró a Donizetti.

 

MARIA STUARDA, 2013

 

            Pocas reinas en la historia tuvieron una vida tan accidentada y fascinante como la de Mary Stuart, o Stewart, Reina de Escocia. Contar su historia ya sea en una pieza de teatro o una ópera tiene fuerte impacto si es actuada o cantada por artistas de primer orden.

            Es importante dar datos básicos históricos para entender cabalmente las enemistades de los tiempos de Mary Stuart. En realidad la dinastía es correctamente Stewart y se inicia con Robert II (1371-90; las fechas son del reinado, no de nacimiento y muerte). Fue un Rey débil, como también Robert III (1390-1406). No así James I (1406-37), que mejoró la economía y la estructura parlamentaria; pero otro Stewart, Walter, lo asesinó y a su vez fue ejecutado. El hijo del Rey, James II (1437-60), tenía 6 años al morir su padre; fue regente un miembro de la familia Boyd hasta que tuvo 15 años, de modo que tuvo 17 años de reinado; murió en un accidente: un cañón reventó en la batalla para recuperar el castillo de Roxburgh de las manos inglesas: como se ve las luchas por el poder eran constantes. Su hijo James III (1460-88) a su vez lo sucedió a 8 años y su juventud fue dominada por la familia Boyd; reinó de hecho desde 1467 y él también fue asesinado, al huir después de la batalla de Sauchieburn. Con James IV (1488-1513) conectamos con la historia inglesa que conté en “Anna Bolena”; hombre culto, fundó en Aberdeen la tercera universidad escocesa, pero también logró un “tratado de paz perpetua” con Henry VII de Inglaterra y lo selló casándose con la hija de éste, Margaret, en 1503. Sin embargo cuando Henry VIII apoyó al Papa Julio II (¡pese a haber sido excomulgado y haber fundado la Iglesia Anglicana!) en sus esquemas anti-franceses invadiendo Francia, James IV, cumpliendo la vieja alianza con Francia a su vez invadió Inglaterra pero murió en la Batalla de Flodden (poco duró la paz perpetua…). James V (1513-42) sólo tenía 2 años cuando su padre falleció; sus Regentes pensaron distinto: John Stewart, Duque de Albany, favorecíó a Francia y ejerció el cargo hasta 1524; Archibald Douglas, 6º Conde de Angus, fue pro-inglés hasta que James asumió en 1528. Se casó sucesivamente con dos francesas, en cada caso con sustancial dote; la segunda fue Marie, hija del Duque de Guise (familia poderosa asociada al castillo de Blois). Varios hijos no sobrevivieron (la medicina de los partos estaba terriblemente atrasada en esa época) pero vivió una hija, Mary. Apenas una semana más tarde falleció su padre; sólo vivió 31 años; no está claro el motivo.

            Y bien, ¿qué pasó con nuestra Mary? Nació el 8 de diciembre de 1542 en el Palacio de Linlithgow, Lothian. Henry VIII intentó controlarla porque ella tenía sangre Tudor: su abuela. como antes mencioné, estuvo casada con James IV; pero su madre no lo permitió y fue la Regente de una Reina bebé. A los 5 años la envió a Francia a vivir con el Rey Henri II y su mujer, Catherine de Médicis, que la trataron muy bien y le proporcionaron los mejores años de su vida. Fueron apoyados por los Guise. Aparte del francés, tuvo conocimiento de varios idiomas: italiano, latín, español y algo de griego. Ágil cazando y bailando, le gustaron la música y la poesía. De niña ya fue linda y de adolescente muy bella: alta, delgada, pelirroja dorada, ojos ámbar. Ella y Francis, hijo de los Reyes, se casan apenas adolescentes; poco después muere Henri II en 1559. Y culminando la mala suerte, Francis fallece tras ser brevemente Rey en diciembre 1560. Los buenos años de Mary habían terminado. 

            Vuelve a Escocia en agosto 1561, mucho más francesa que escocesa (es de suponer que su madre le habló en francés desde la cuna) y católica, pese a las desavenencias del Papa con Francia. Ahora es Reina donde nació pero sabe muy poco de su política y los cerrados escoceses con sus clanes tienen escasa empatía con ella. Por otra parte ya antes de llegar hubo una controversia: cuando Elizabeth accedió al trono inglés en noviembre 1558 Mary estuvo en línea como segunda opción. Y para algunos, la primera, porque consideraron bastarda a Elizabeth porque el Papa no había convalidado el divorcio de Henry VIII con Catalina de Aragón. Por supuesto, Elizabeth no aceptó tal idea, y además, después de “Bloody Mary” ella adoptó el Anglicismo. Pero hay otro problema: la crisis del catolicismo escocés debido a la codicia de las iglesias y monasterios, que llegaron a tener diez veces más dinero que el Reino. Allí no ocurrió una Disolución mandada por el Rey sino un profundo rechazo y la aparición de un fenómeno muy negativo: la de un calvinismo aún más estricto que el de Ginebra encarnado en el terrible John Knox (habrá una escena en la ópera al respecto). Según los tratados de Greenwich de 1543 Mary debía casarse con Edward, hijo de Henry VIII, pero Marie de Guise y el Cardenal Beaton los rescindieron; el brutal resultado fue asesinar a Beaton. En 1559 Elizabeth mandó tropas a Escocia; Mary de Guise murió en junio 1560 (o sea, antes del retorno de su hija; uno se pregunta si hubo algún intercambio fuera de cartas entre madre e hija a partir del momento en que fue enviada a Francia). Es de señalar que antes de morir Henry II había apoyado fuertemente al catolicismo escocés. Apenas un mes después de la muerte de Guise el tratado de Edinburgh pactó retirar las tropas inglesas en Escocia y viceversa. Hasta aquí lo esencial de estas etapas de la historia escocesa y nos da el contexto para la ópera.

            Es el momento de referirme a Friedrich Schiller brevemente. Vivió entre 1759 y 1805; fue una figura prominente del Sturm und Drang y se lo consideró el otro gran literato de la época, dominada por Goethe. Muy valiosa su poesía, pero me circunscribo a sus grandes piezas teatrales adaptadas como óperas (y algunas inspiraron obras sinfónicas). Por orden cronológico: “Die Räuber” (“Los ladrones”, 1781) fue “I Masnadieri” de Verdi; recuerdo haber visto la pieza en mi adolescencia al aire libre en el Jardín Botánico con Ernesto Bianco y otro notable actor que no me viene a la memoria. Las dos siguientes también fueron la base de óperas verdianas: “Kabale und Liebe” (“Cábala y amor”, 1784) fue “Luisa Miller”; y “Don Carlos” (1787) pasó a tener versión francesa e italiana. La trilogía de Wallenstein (1800-1801) fue objeto de una gran obra sinfónica de D´Indy pero también del poema sinfónico de Smetana “El campamento de Wallenstein” (lo estrenó Smetácek con la Filarmónica a mi pedido en 1973). “Die Jungfrau von Orleans” (“La doncella de Orleans”, 1801) fue “Giovanna d´Arco” de Verdi y también una ópera de Tchaikovsky.  Le sigue “Maria Stuart” (1802), que a mi vez vi en el Liceo con Luisa Vehil y Violeta Antier en esos mismos años formativos y me impactó (la obra de Schiller es bastante más fuerte que la ópera). “Die Braut von Messina” (“La novia de Messina”, 1803); de Fibich; “Wilhelm Tell” (1804) pasó a ser la última ópera de Rossini en versión francesa e italiana. O sea que el fuerte contenido dramático e histórico de sus piezas con su lapidaria crítica a la injusticia fue motor para iluminar a muchos grandes músicos.

            “Maria Stuarda” nos da una pauta clara de la grotesca censura italiana en esa época. Sucedió que en el ensayo general en el San Carlo estuvo presente Maria Cristina, Reina de las Dos Sicilias, y se conmovió tanto con la condena y ejecución de Maria Stuarda que se desmayó; al día siguiente la censura de la Corte prohibió la obra; Su Majestad no aceptaba muertes sobre el escenario. Entonces en increíbles 5 días adaptó Donizetti la música a un nuevo libreto de su amigo siciliano Pietro Salatino titulado “Buondelmonte”, pese a que en él había más personajes (10 en vez de 6); se estrenó el 18 de Octubre de 1834; se refiere al hombre que desató las guerras entre güelfos y gibelinos en Florencia y fuera asesinado en 1213; lo menciona Dante en ”La Divina Comedia”. Recién al año siguiente, el 30 de diciembre de 1835, fue estrenado en La Scala de Milán con el libreto original de Giuseppe Bardari (talentoso joven de 17 años, se basó en la traducción de Schiller de Andrea Maffei), con nadie menos que la Malibran. Se pudieron dar 6 funciones antes de que los censores austríacos la prohibieran. Se lo explicó el compositor al libretista: “No querían la palabra ´bastarda´; ni que tuvieran en el cuello la Orden del Vellocino de Oro, ni que se arrodillara confesándose” y sobre todo, que una Reina condene a otra. Paradójicamente, fue en Londres donde inició una importante carrera internacional y pasó a ser una ópera muy famosa durante varias décadas: Nápoles la estrenó en 1863, tras la caída de los Borbones. Por otra parte, Escocia e Inglaterra estaban unidas desde 1707 y el público toleraba una ópera en la que ambas reinas tenían su lado negativo y además Schiller inventaba un encuentro entre ellas que no existió. Por otra parta, la consulta de dos fuentes de información que son famosas me confirmó que hasta los mejores pueden equivocarse; el Grove de 1954 da el estreno de “Buondelmonte” pero no el de “Maria Stuarda” y un volumen suplementario de una década más tarde no lo corrige. Además, el monumental “Annals of opera, 1597-1940”, de Alfred Loewenberg, no menciona a ninguna de las dos; sí una “Marie Stuart” de Niedermeyer…Al parecer una segunda edición de Loewenberg corrigió el error. Los italianos de la época de Donizetti conmiseraron a María Stuart y los compositores escribieron muchas óperas que la conciernen; sólo mencionaré los compositores que no están del todo olvidados: Carafa, Fétis, Mercadante. Pugni, los Ricci, Vaccai. Hay una ópera de Rossini que aquí se dio y que es relevante: “Elisabetta Regina d´Inghilterra”: la ofrecieron el Colón y Adelaida Negri.   Comprobé en los dos libros de Dillon sobre el Viejo Colón que allí no se dio “Maria Stuarda”, se contentaron con “Maria di Rohan”.  Queda confimado, mediante el admirable artículo de Giménez y Sala en el Tercer volumen de la Historia general del arte en la Argentina que hubo muchos estrenos donizettianos en nuestros teatros del siglo XIX a partir de 1848, al final de la oscuridad rosista, incluso “Anna Bolena” y “Roberto Devereux”, pero no “Maria Stuarda”. Y en las primeras décadas del siglo XX sólo se representaban los títulos más populares suyos. Algunas observaciones: otra ópera escocesa estaba en ciernes y fue su más famosa: “Lucia di Lammermoor”; y en esos meses se estrenó la última ópera de Bellini, de ambientación inglesa: “I Puritani”; las óperas de Donizetti dominaron la siguiente década y sólo empezaron a declinar levemente a partir de la tercera ópera de Verdi, “Nabucco” (1842) pero recién se hará sentir fuertemente a partir de “La Traviata” (1851) cuando ya Donizetti había dejado este mundo. En el siglo XX se la recuperó en 1958 en Bergamo. En los años 80 se encontró el manuscrito en Suecia (¡), más extenso que el utilizado desde 1958; no sé si esa escena con Knox está allí o no, pero el Met no la anuncia en su propaganda y sin embargo estuvo; quizá provenga de otra de las óperas olvidadas de Donizetti o de algún otro compositor, pero su estilo es de época.

            Ahora sí vamos a “Maria Stuarda”, ópera. Bardari siguió las instrucciones del compositor: dar a ambas protagonistas igual valor, ya que la obra refleja (así es la pieza de Schiller) los últimos meses de vida de la Reina escocesa y pone el acento en la rivalidad entre ella y Elizabeth; podría llamarse “Maria Stuarda ed Elisabetta”. Así, la Reina inglesa está en el Primer Acto y el Segundo, y la escocesa en el Segundo y Tercero, cada una con similar carga lírica. O sea que es una ópera con dos “prime donne”. La pieza es más larga y tiene más personajes; prácticamente siempre serían demasiado extensas puestas en música y hay que seleccionar. En cambio no entiendo por qué cambia algunos nombres Bardari: Lord Burleigh se convierte en Cecil; Talbot es un invento que combina a dos personajes: Melvil y Lord Shrewsbury. Por otra parte, Anna es la típica asistenta de las óperas en vez de adquirir la importancia que tiene Hannah en Schiller.

            Al parecer en la vida real, según Collier´s enciclopedia, Elizabeth no fue maltratada en la infancia: tuvo una rigurosa educación renacentista por brillantes jóvenes humanistas de Cambridge, especialmente Roger Ascham. Precoz, muy inteligente, estudiosa, aprendió idiomas clásicos y de su época y estudió historia y teología. Pero después de la muerte de su padre en 1547 (ella tenía 14 años) fue Rey su medio hermano Edward VI durante 6 años, y un pariente de la fallecida Seymour, Thomas, Lord Seymour, Almirante Supremo, celoso de su hermano Edward Seymour, Duque de Somerset, Protector del Reino, la involucró en maniobras que sugerían un golpe de estado donde él pasaría a ser consorte de ella. Lo arrestaron en enero 1549 y él sugirió haber tenido relaciones con Elizabeth; tras duros interrogatorios a Elizabeth y sus sirvientas, Seymour fue juzgado y ejecutado y ella exonerada. No terminaron allí sus problemas, ya que durante el reino de Mary Tudor (1553-58) corrió peligro de muerte cuando se la consideró involucrada en la rebelión protestante de Sir Thomas Wyatt (enero 1554); fue enviada a la Torre de Londres durante dos meses y al no haber pruebas concluyentes fue enviada a Woodstock por un año. Elizabeth extremó su discreción y perfil bajo; Mary Tudor no tuvo hijos y se enfermó y murió. Elizabeth fue Reina a partir del 17 de noviembre de 1558 y naturalmente los protestantes le pidieron volver a la Iglesia Anglicana; ella aceptó pero optó por un camino moderado que se mantuvo hasta el presente. El retorno de Mary Stuart a Escocia en 1561 trajo un nuevo problema que duraría muchos años. Los anglicanos querían que Elizabeth se case y tenga un hijo Tudor pero ella nunca se casó, lo que no significa que no tuviera amantes. En cuanto a Mary, por su torpeza política y mala elección de marido, Lord Darnley, fue derrocada y puesta en prisión. Si bien logró escaparse, su ejército fue vencido por los rebeldes anticatólicos y ella huyó a Inglaterra (si hubiera ido a Francia otra habría sido su vida). Los ingleses no la podían dejar libre y si bien su “prisión” fue de lujo (el Castillo de Fotheringay) allí quedó 18 años. Internacionalmente Elizabetb ayudó a los Hugonotes franceses y a los protestantes holandeses. Una famosa bula de deposición del Papa absolvió a los católicos de su fidelidad a la Reina inglesa; por otro lado, los católicos ingleses consideraron a Mary la figura central en Inglaterra de la Contrarreforma. Hubo rebeliones en el Norte inglés. A partir de 1572 fue fuerte la presión a la Reina de ejecutar a Mary pero ella no lo admitió, aunque se consideró a Mary involucrada en tramas como la Ridolfi cuyo objetivo era derrocar a Elizabeth y coronar Reina inglesa a Mary. En 1586 Mary apoyó la conjuración Babington para asesinar a Elizabeth; fue juzgada y condenada a muerte con fuerte apoyo parlamentario; Elizabeth tuvo que admitirlo porque las pruebas eran irrefutables pero prefería que se hiciera de manera privada y discreta; sus consejeros en cambio lo hicieron públicamente y la Reina se los reprochó. La muerte de Mary contribuyó a que los españoles decidieran atacar Inglaterra con la anuencia del Papa, pero esto ya sale de los límites de la ópera que comento.

            La grabación que yo tengo no es comercial sino de coleccionista. Fue grabada en New York el 6/12/67 por la American Opera Society con Montserrat Caballé, Shirley Verrett y Edoardo Giménez con la dirección de nuestro Carlos Félix Cillario y es muy satisfactoria. No conozco las versiones grabadas que figuran en el catálogo R.E.R. 2000 de CDs pero tienen grandes figuras. Una está en inglés; no me gustan las óperas italianas traducidas aunque bien puede valer la pena escuchar a artistas como Janet Baker, Rosalind Plowright y David Rendall dirigidos por Charles Mackerras (English National Opera, Chandos, 1982).  Sutherland, Tourangeau y Pavarotti están en la versión dirigida por Bonynge en la Ópera de Bologna (Decca, 1975). Y está la de Gruberova, Baltsa y Araiza con Patanè dirigiendo la Orquesta de Radio Munich (Philips). Ninguna de estas versiones incluye una breve escena en la que John Knox despotrica contra Mary; el Met la incluyó y deja más en claro el aspecto religioso en una ópera que cambia la realidad de lo ocurrido para concentrarse en celos amorosos. Más recientes: Devia, Antonacci, Meli; Fogliani, Scala (ArtHaus, 2008); Remiggio, Ganassi, Calleja; Carminati, Orq. dell´ Opera di Bergamo (Dynamic, 2008); y Piscitelli, Polverelli, Di Biasio; Frizza, Filarmonica Marchigiana (Naxos).

            La versión del Met es de 2013 y su gran figura es la Maria de Joyce Di Donato. Elza Van de Heever: Elizabeth; Mathew Polenzani, Roberto, Duque de Leicester; Talbot: Matthew Rose; Lord Cecil: Joshua Hopkins; Anna: Marina Zifschak. Mauricio Benini es un maestro de gran experiencia y figura con frecuencia en el Met.  Puesta de McVicar y escenografía y vestuario de John McFarland. Iluminación de Jennifer Tipton. Para dar una idea de que esta ópera ya es de repertorio, entre 2011 y 2013 se ofrecieron 86 funciones en 18 puestas en 16 ciudades. Se la puede dar en dos o en tres actos; esto último hizo el Met; incluso con el agregado de Knox, es más corta que “Anna Bolena”: alrededor de 2 hs 40´.

            Al comienzo mismo del Primer Acto temí que McVicar se hubiera modernizado: un violento telón con fieras muy coloridas parecía una metáfora del enfrentamiento entre las Reinas. Un breve Preludio lento; se levantó el telón y hubo una multitud de cortesanos festejando en una galería del Palacio de Westminster en espera de la Reina, con malabaristas y acróbatas, a plena luz y mucho ruido ambiental. Un Coro mezclado con figurantes (“Qui s´attenda”), rápido y brillante, será el único jolgorio en la ópera. Llega la Reina, muy bien recibida (era popular y querida) y dice que está contemplando la posibilidad de casarse con el Rey francés y unir los reinos; extraño, considerando las distintas religiones, pero al parecer hubo conversaciones al respecto. Mala idea, Henry III estaba en serias complicaciones: dos años después fue echado de París en el Día de las Barricadas y sucedió la Masacre de San Bartolomé; meses más tarde fue asesinado el Duque de Guise en Blois y los católicos extremistas de la Santa Liga instauraron un régimen de terror.  No está de más tener en cuenta las respectivas edades de las Reinas: Elizabeth, 58 años; Mary, 44; y en cuanto a Leicester, amado por ambas, 55: un amor otoñal. Pero en un aparte Elizabeth confiesa en una bella cavatina que está secretamente enamorada (no dice con quién). La muchedumbre se dispersa y se acercan dos hombres de confianza aunque disímiles: Talbot (el expresivo bajo Matthew Rose) le sugiere ser piadosa con Mary; en cambio Lord Cecil (el bajo-barítono Joshua Hopkins, de fuerte metal en su canto), protestante, pone acento en la perfidia de Mary. La discusión es intensa y rápida. Entra Robert, Duque de Leicester (el muy apreciado tenor Matthew Polenzani); ella le ordena ser su Embajador ante el Rey de Francia; su reacción es respetuosa pero indiferente y ella, más por intuición que por hechos, percibe que su amor no es correspondido. Sale y quedan solos Leicester y Talbot, que le da una carta en la que Mary le pide interceder para combinar una audiencia con Elizabeth. Leicester no tiene problema en demostrar su amor ante Talbot en una grata cavatina, “Si fida tanto”, y asegura que admira su belleza y generosidad y que por ella se arriesgará si fuera necesario hasta la muerte. Talbot le hace notar que la Reina está celosa y si Leicester manejara mal las cosas podría llevar a mayor furia de Elizabeth contra su rival. Y llegamos al primer gran momento de la obra: el dúo de Elizabeth y Leicester donde ella le sonsaca que está enamorado de Mary; él canta la bella melodía “Era d´amor l´immagine” y ella contesta con “Mi rival quería quitarme el trono y ahora quiere tener a quien yo amo”. Polenzani nuevamente fraseó con gusto y dominio los pasajes floridos y Van der Heever, de origen sudafricano, desplegó su amplia voz y seguros agudos. Su imagen no la favoreció; por un lado una idea política errónea (el casamiento con el rey francés); por otra su deseo amoroso mal disimulado (¿acaso le hubiera sido fiel a Henry III). Además un vestido poco agraciado y una manera de caminar como si fuera algo lisiada (McVicar se equivoca; Elizabeth no era bella pero tenía majestad y autoridad y no sufría una dificultad motriz). Pero la artista entiende el bel canto y en ese sentido su labor fue buena.

            Segundo Acto. Parque en Fotheringay (si bien no está especificado, la guardia está preparada para evitar cualquier huida). Poca luz, sensación de ámbito cerrado, no de parque. Mary (Joyce Di Donato) está fielmente acompañada por Anna (Marina Zifchak, mezzo). Naturalmente, tras 18 años de cautiverio y a 44 años ha perdido bastante de su encanto y belleza, pero sigue siendo una mujer atractiva. Recuerda en una tierna cavatina “(“¡Oh nube! che lieve per l´aria”) las flores y el viento oeste de su juventud en Francia, más nostálgica que triste. Un coro lejano le anuncia la llegada de Elizabeth en una partida de caza (manera de disimular el verdadero propósito). Llega Leicester, le recomienda ser sumisa y le dice que si la Reina no es piadosa él se vengará; además pide la mano de Mary y promete casarse con ella. Música apasionada y sincera en la que Polenzani se lució y Di Donato reaccionó con cálida emoción. Ella había cantado el personaje ya en dos ocasiones: en Génova en 2005 y en Houston ese mismo año del Met, 2012. Desde el primer instante del Acto ella fue Mary Stuart con total compenetración en un ideal equilibrio entre lo emocional y lo técnico. Vestida con un sobrio traje oscuro, nunca hubo el menor arranque de diva, todo fue auténtico y profundo.  Es una americana que canta como una italiana: profesionalismo y disciplina combinados con una tradición impecable; muy pocos artistas conocen el bel canto como ella. Pero además es asombrosa su adaptación a diferentes estilos: Isolier en “Le Comte Ory”, la “Agrippina” de Händel, la “Cendrillon” de Massenet, o su nobleza de estilo en otra obra de ambiente escocés, “La donna del lago” de Rossini. Me pareció admirable en todas estas óperas, pero creo que su Maria Stuarda es una de esas grandes experiencias que raramente se tienen. Breve transición durante la cual sale Mary para volver del brazo de Talbot; a su vez llega Elizabeth acompañada de Lord Cecil, mientras Leicester y Anna se mantienen a prudente distancia. Se combinan en un Sexteto dominado por el antipático comentario de la Reina inglesa: “É sempre la stessa superba” (“Siempre la misma soberbia”) cuando lo que se ve es el gran esfuerzo de Mary para mantenerse sumisa. Y enseguida el esencial Dúo de las Reinas, de fuerte dramatismo, en donde el canto florido se llena de insultos y humillaciones de Elizabeth: Mary inicialmente se arrodilla ante Elizabeth y le ruega su perdón, pero es acusada de haber roto el juramento nupcial y haber sido cómplice del asesinato de Henry Darnley. Y allí es cuando Mary replica llamando a Elizabeth hija bastarda de Anne Boleyn y sella su destino. El dúo es una excelente demostración de lo trágico que puede ser el virtuosismo vocal. (En Schiller el efecto es todavía más drástico: “Una bastarda profana el trono inglés. Los generosos británicos son engañados por una figura falsa, corazón y rostro. Si la verdad prevaleciera usted estaría en el suelo ante mí, porque yo soy vuestra auténtica monarca!”). Elizabeth llama a los guardias, pero ante de que se lleven a Mary ella, lejos de arrepentirse, goza por haberla visto empalidecer ante las acusaciones.

            El Tercer Acto en esta versión empieza con ese breve episodio en el que John Knox, ante un coro de acólitos, ataca la moralidad de Mary del modo más extremo. Todos vestidos de negro, con extrema intensidad, la repudian como Reina y persona; el cantante que hizo de Knox fue un bajo de hosco semblante y fanática intensidad (inaceptable que el Met no explique de dónde salió el material ni identifique al cantante). El decorado: un austero recinto de poco metraje. Escasos minutos. Volvemos a la misma Galería Real del Primer Acto. La Reina, sentada ante una mesa, tiene delante la sentencia de muerte; la acompaña Cecil, que la urge para que la firme. Ella está indecisa, pero decide firmarla cuando Leicester le pide compasión: la brillante arietta “Quella vita a me funesta” precede un tenso Trío entre una Elizabeth cada vez más enfurecida, Cecil que se alegra  de su decisión y Leicester desesperado a quien la Reina le espeta: “Ve, indigno, a preparar la tumba de tu amor”. Es el climax musical y dramáticamente del personaje, y Van der Heever logró tanto el virtuosismo como la comunicación de su furia. Polenzani recibe la venganza de la Reina con amargura: es conminado a presenciar la muerte. Y Hopkins goza con su triunfo de un modo bien descarnado.

            Pasamos a una prisión en el Castillo de Fotheringay. Mary lamenta la perfidia de Elizabeth y extraña a Leicester (ella también se enamoró). Entra Cecil sólo para entregarle la sentencia de muerte; no canta; se va. Llega Talbot para informarle que Leicester la verá morir pero no está autorizada a acompañarla. Mary se descentra y delira: cree ver el fantasma de Dearnley y cuenta que murió porque Elizabeth estuvo celosa del amor de ellos, o sea que lo hizo matar. Es el conmovedor dúo de la Confesión con Talbot: admite sus pecados pero con indignación refuta el asesinato. Y Talbot la absuelve: “Esta alma puede ir contenta a su tumba”. Admirables tanto Di Donato como Rose, con su noble y sentido fraseo y profunda voz de bajo.

La última escena es en la antesala de la cámara de ejecución.  Bastante amplia, hay lugar para un Coro de indignados defensores de los Stuart, pero están en terreno inglés y en un castillo; sorprende que los guardias los hayan dejado entrar. Anna les pide que bajen la voz (Marina Zifschak. con buenos medios vocales, acertó con el carácter de la gran compañera de Mary). Mary entra con traje negro Real y Corona y canta a sus cortesanos una sublime Preghiera (Plegaria), quizá lo más bello de la ópera, expresada con tanto refinamiento y sensibilidad por Di Donato que es el momento culminante de su memorable identificación con Mary. Se le van añadiendo miembros del Coro gradualmente. Todos los personajes salvo Elizabeth están en la escena final. Se escucha el primer cañonazo que indica la inminente muerte. Cecil le comunica que la Reina le permite un último deseo; Mary elige ser acompañada por Anna (concedido) pero Leicester logra llegar hasta ella ante el fastidio de Cecil y la acompañará. Segundo cañonazo: Mary reitera su amor a Leicester, afirma su inocencia y sincera devoción por el bienestar de Escocia e Inglaterra. Se escucha el tercer cañonazo y la madre del futuro James I, Rey de Inglaterra, camina con suprema dignidad hacia su muerte.  La escenografía pone al cadalso subiendo y en perspectiva bien lograda. Al terminar la escucha y visión de la obra en esta versión no me cupo ninguna duda: está al nivel de “Anna Bolena”. Hubiera necesitado más garra y variedad la dirección de Benini, buen técnico pero no muy expresivo, pero igual trascendió; y McVicar estuvo en su buen nivel de otrora.

Pablo Bardin  

           

             

               

 

 

 

MET. COMEDIAS DE PUCCINI Y ROSSINI

A partir de hoy cambio la manera de titular; las series de óperas en computadora se estaban haciendo monótonas como encabezamiento; ahora son óperas de una determinada sala y mencionando a los compositores. Hoy me refiero a dos comedias en el Met: "La Rondine" de Puccini y "Le Comte Ory" de Rossini.

"LA RONDINE" DE GIACOMO PUCCINI. MET. 16/4/20.

"La Rondine" se estrenó el 27 de marzo de 1917 en la Ópera de Monte Carlo (Teatro del Casino), en plena guerra, pero la actividad mortuoria estaba en las trincheras del Norte. Desde que la vi en el Colón en Agosto 1971 con Jeannette Pilou y Umberto Grilli (director, Miguel Ángel Veltri; régie, Filippo Crivelli) me cautivó y pronto compré la grabación con Anna Moffo y Daniele Barioni, director Molinari-Pradelli.  La volví a ver en el Colón en 1982 (González y Pizzini, dir. Perusso) y 1990 (Colalillo, Walter MacNeil, dir. Perusso) y también en La Plata, creo que con López Esponda y Ranieri. El Colón, como pasaba entonces, la estrenó en el mismo año de su estreno, 1917. En efecto, Gino Marinuzzi la estrenó con Gilda Dalla Rizza y Tito Schipa y la presentó en el Colón el 24 de mayo con Dalla Rizza y Charles Hackett (y se alternaron como Prunier Giuseppe Nessi y Antonio Cortis).  Comedia agridulce, libreto de Giuseppe Adami sobre un texto alemán de A.M. Willner y H. Reichert, narra el amor entre Magda de Civry, querida del rico Raimbaud, y Ruggero, un joven de familia aristocrática. La historia por supuesto se parece a "La Bohème" y "La Traviata", aunque sin drama, sólo melancolía en el Tercer Acto. Y la época es idéntica, hacia 1850; la ligazón con Monte Carlo, obvia, porque el Tercer Acto sucede en La Riviera, al lado mismo de la Côte d´Azur en la que ya eran zonas de veraneo aunque no en el mismo grado que en los siglos XX y XXI. No se aclara el exacto lugar, es una Villa (en el sentido italiano) con terraza y desde la cual se ve parte de la Côte d´Azur, lo cual la pone muy cerca de la frontera y a cierta altura. Y no está de más recordar que esa zona fue italiana en una época anterior, o que los Grimaldi de Monaco tienen raigambre italiana. Sin embargo, el apellido de Ruggero es Lastouc, bien francés, lo cual me hace pensar que quizá para Adami y Puccini la Riviera abarcaba la italiana y la francesa (Côte d´Azur); en francés el nombre del enamorado sería Roger. 
Los primeros actos suceden en París; el inicial en un salón elegante de la casa de Magda y el segundo en la sala de baile del famoso Café Bullier (mencionado en "La Bohème"). La versión del Met es de 2009, cuando la relación amorosa de sus protagonistas, Angela Gheorghiu y Roberto Alagna, existía todavía (se recordará que ambos dieron juntos un recital en Buenos Aires en esos años, y no volvieron a presentarse aquí; él no volvió y ella tuvo una extraña pelea con la dirección del Colón y fue reemplazada en "Adriana Lecouvreur"). Estaban en su mejor época artística y cantaron esta ópera con frecuencia (no olvidar que Alagna es provenzal y su apellido es de raíz italiana). Por suerte la régie es de Nicolas Joël, que tiene un buen manejo de los personajes; por otra parte los protagonistas se besan como pocas veces se ve en una ópera, mostrando su sensualidad como si no tuvieran un público de más de tres mil personas. Una pareja que sabe ambientar en época y tiene buen gusto es clave para la calidad de la puesta: la escenografía de Ezio Frigerio y el vestuario de Franca Squarciapino. La música es inconfundiblemente pucciniana pero con un toque vienés que no se observa en otras obras suyas; más abajo está la explicación. La orquestación es magistral, en varios pasajes de una transparencia y liviandad particular. Por supuesto que no llega a ser comparable a la importancia de su gran trilogía ni de "Turandot", pero sería un error bajarla a la categoría de obra menor; tiene un encanto muy especial.
Como en "La Bohème", hay una segunda pareja de ribetes cómicos: Lisette, la mucama de Magda (que parece Despina), y la curiosa personalidad de Prunier, un poeta (como Rodolfo). Y hay un hombre adinerado, aunque no noble: Rambaldo Fernández (había españoles ricos en el París de esa época), un banquero. Rambaldo sería Raimbaud en francés y sería lógico que en la vida real lo llamaran así, pero ésta es una ópera. Lamento decir que se lo escucha disminuido a Samuel Ramey, aunque sigue siendo un notable actor. 
Puccini le contó a Luigi Ricci, de gran carrera como director coral, que en efecto cuando estuvo en Viena lo tentaron mediante una oferta de dinero muy sustancial a componer una opereta; eran los empresarios del Karltheater. Un primer libreto no le atrajo; el segundo lo escribió Alfred Willner, que había dado a Lehár los libretos de "El Conde de Luxemburgo" y "Eva", y la idea central le gustó pero no su desarrollo; finalmente no compuso una opereta sino una ópera con libreto de Adami sobre Willner y Heinz Reichert, y en efecto hay cierto sabor de opereta en algunos momentos, sobre todo en la pareja cómica. Pero Puccini fue muy exigente con Adami, su habitual libretista, y tomó más de dos años para que el compositor quedara satisfecho.  Los vieneses ahora eran enemigos y Ricordi no aceptó un trato con ellos; sí lo quiso su rival Sonzogno, que fue quien publicó la partitura. Curiosamente, Willner y Reichert tradujeron al alemán el libreto de Adami según contó el propio Puccini a León Daudet, del periódico L´Action Française, porque el contrato obligaba a Puccini que la primera función fuera en Viena… Puccini siempre consideró que la obra estaba muy lograda y merecía tanto éxito como sus otras óperas, pero se la olvidó mucho tiempo; incluso en Buenos Aires, pasaron nada menos que 54 años sin representarla. Hay un aspecto que me sorprende: es muy corta, no llega a una hora 40 minutos, y quizás esto sea un motivo para que se dé poco; podría combinarse con su primera ópera, "Le Villi", que dura una hora. 
Primer Acto. Al abrirse el telón del cuarteto principal están tres amigos del banquero, Périchaud, Gobin y Crébillon, y tres amigas de Magda, Yvette, Blanca y Suzy. Hay un gran piano a la izquierda y lo está tocando Prunier pero para y dialoga con ellas. Las amigas escuchan y se ríen; él les niega el derecho a reírse de lo que dijo, ellas le niegan el derecho de hablar seriamente. Se acerca Magda y le dice el poeta: "Hay una moda en el mundo elegante: ¡el amor sentimental!". Lisette: "¡No le haga caso! Vivimos en un mundo apurado: ´¿Te gusto? Me gustás; y listo". Magda: "En mi casa lo anormal es la norma". Lisette: "¡Vuelvo a mi trabajo ya que no saben qué hacer con mi opìnión!", y sale. Prunier: "Abrazos furtivos, besos, ¡pero nada más!". Las amigas se burlan, a Magda le interesa. Prunier: "Es un germen sutil que revolotea en el aire. Te toma por sorpresa, ¡y el corazón no tiene defensa!". Siguen burlándose las amigas; dice Prunier: "Doretta es mi nueva heroína-fue atacada por la enfermedad y la hice inmortal en mi última canción". Magda: "¡Te ordeno que la cantes!". Les pide silencio a los amigos de Rambaldo que pregunta de qué se trata. Prunier: "¡El amor!". Rambaldo, en su primera intervención: "¡El tema me parece un poco desgastado!". Magda: "¡El amor es siempre nuevo!". Prunier: al piano: "¿Quién conoce el bello sueño de Doretta? ¡Nadie descubrió su misterio! Un día el Rey se le acercó: ´¡Si me crees y te entregas te haré rica!´. Ella: ´Me quedo como estoy, el oro no puede dar felicidad´. Me falta el final".  Magda se pone al piano: la más famosa aria de la ópera: "Ch´il bel sogno di Doretta": "¿Cómo terminó su misterio? Un día un estudiante la besó y fue una revelación: ¡era pasión, amor loco, intoxicación! ¿Quién puede describir la sutil caricia de un beso tan ardiente?". Bella, muy bien vestida y con espléndido timbre, Gheorghiu demostró gran afinidad con el estilo pucciniano y dio una versión antológica. Las amigas habían dado un buen marco; Yvette (Monica Yunus, soprano), Bianca (Alyson Cambridge, soprano) y Suzy (Elizabeth DeShong). Lisette Oropesa cantó Lisette (¡); (me pregunto si ese nombre es el que asume como cantante pero no el real) y evidenció tener la voz y el aspecto de una "soubrette" como Despina. Prunier fue cantado por Marius Breciu, un tipo de tenor liviano que debe tener muy clara articulación y ser buen actor; me pareció muy adecuado (es interesante comparar a esta pareja con la excelente de mi grabación: Graziella Sciutti y Piero De Palma). Todos alaban el canto de Magda; Crébillon (David Crawford, bajo), Gobin (Tony Stevenson, tenor) y Périchaud (David Won, barítono). Magda: "¡Oh sueño de oro, poder amar así!".  "Ahora no se burlen". Rambaldo: "¡Qué calidez!". Magda: "¿Incluso tú, el hombre práctico?". Rambaldo: "¡La corriente me llevó!". Prunier: "¡En el fondo de cualquier espíritu está un diablo romántico más fuerte que todos!". Rambaldo: "¡Mi diablo está dormido! Me armo con agua bendita y lo conquisto". Saca un collar de perlas y lo entrega a Magda. Magda: "No cambio mi opinión". Rambaldo: "¡No lo exijo!". Diálogo de Lisette y Rambaldo: ya van 7 veces que un muchacho pìde ver a Rambaldo. Éste le pide a Magda si puede recibir al hijo de un compañero de infancia, ella lo acepta. Prunier a Magda: "¿Cómo aguanta a Lisette? ¡Es un torbellino!". Magda: "Es una buena chica, algo insolente pero divertida -¡un rayo de sol en mi vida!". Prunier y amigos salen al jardín de invierno. Las amigas aseguran que Magda tiene mucha suerte de relacionarse con Rambaldo. Pero ella les dice que quisieran ser como las grisetas felices con su muchacho. "¡Esa tarde cuando me escapé de la casa de mi vieja tía! ¡Horas dulces y divinas entre estudiantes y costureras en el Bullier! Una voz lejana me dijo: ´Muchacha, el amor ha florecido! ¡Defiende tu corazón!´ Cuando nos sentamos agotados de tanto bailar tomamos dos bocks y asombrado miré al gran despilfarrador". Las amigas le piden cómo terminó. "Escribimos nuestros nombres en el mármol, ¡y luego huí!". Diálogo al que se une Prunier, que expresa: "La mujer que me conquiste debe ser elegante, perversa, refinada- digna de mí: Galatea, Berenice, Francesca, Salomé. Su destino está en las líneas de su mano. Si quieren probar, debe ser con misterio". Las amigas buscan una cortina que las aísle, la encuentran y la instalan; Magda muestra su mano, pero la acción pasa a otra zona del escenario. Dialogan brevemente Rambaldo y Ruggero, que le da una carta de su padre. Ya retorna el grupo con Prunier: a Magda: "¡El destino está llevándote! Quizá, como la golondrina" (rondine) "emigrará más allá del mar a una brillante tierra de sueños, hacia el sol, el amor, y quizá-". Magda: "¿Un mal presentimiento?". Prunier: "No, el Destino tiene rostro doble: ¿Una sonrisa o una angustia?". La acción pasa a Rambaldo-Ruggero brevísimamente: el muchacho le dice que es la primera vez que viene a París; Rambaldo se acerca a Prunier: éste le dice a Bianca: "Adelante: quien ofrezca más le gana a los otros aspirantes". Rambaldo a Prunier: "¿Cuál es el mejor lugar para un joven que quiera pasar la noche alegremente?". Prunier: "En la cama; esa primera noche es una leyenda vana". Pero interviene Lisette: "¡Mil veces no! Es falso". París está lleno de fascinaciones, es como ver el mar por primera vez". Las amigas dan sugerencias: "Le Bal Musard, Frascati, Cadet´s, Pré Catelan", pero Lisette decide: "¡Bullier!". "Elige el corazón que te convenga, ¡en Bullier el amor canta más ardientemente!". Salen Ruggero y Lisette y retornan del jardín de invierno Magda y Prunier. Todos se despiden de Magda. Vuelve Lisette, le recuerda que esa noche no trabaja y sale. Magda: "Quizá emigre como la golondrina"; había dejado el collar de perlas sobre el piano y no lo recoge; pero mira el papel donde se anotaron los salones de baile: "¡Bullier!". Se va a su tocador. Vuelve Lisette, muy arreglada, y se encuentra con Prunier, que la estaba esperando. Extraño dúo de amor: Él: "¡Te amo!". Ella: "¡Mientes!". Ël: "Un poeta como yo sólo debe amar mujeres ricas y las hay que me creen, ¡pero en cambio, soy tuyo!". Ella: "¿Te humilla amarme?". Él: "¡Me enorgullece!". Dos veces ella va y cambia su sombrero y capa por pedido de él (el sombrero es de Magda); cada vez que ella sale él les pide perdón a sus Nueve Musas pero como buen esteta no puede dejar de aconsejarla. Cuando ella vuelve se maquilla a gusto de Prunier. Se besan y se van. Aparece Magda vestida como griseta y con su pelo arreglado de tal manera que la cambia de aspecto.  Dice mirando el espejo: "¿Quién podría reconocerme?", y sale, por supuesto rumbo a Bullier. Un acto rápido, de buen libreto, dura unos 35 minutos y sabiendo el espectador que tanto ella como Ruggero van a Bullier ya se palpita lo que va a ocurrir. Es de hacer notar que la casa seguramente le fue regalada por Rambaldo que vive en otro lugar. Y vale recordar que ella, a diferencia de Violetta, ya amó antes de ser mantenida. Marco Armiliato es un excelente director de ópera italiana muy contratado por el Met y volvió a demostrar su técnica y comprensión y la empatía de la orquesta con él. Ritmos, concertación, belleza tímbrica, expresividad natural, moldeado melódico: todo lo que Puccini necesita.
El Segundo Acto es el de grandes conjuntos de bailarines y cantantes y transcurre en el salón de baile de Bullier. Dura unos 27 minutos. El primer coro es breve y a propósito enredado: cantan todos juntos pero de modo entrecortado las floristas, dos muchachas, un cliente, un grupo de bebedores, un joven, algunos modistas, algunos estudiantes, algunos hombres a unas muchachas, algunas mujeres impacientes, clientes, algunos hombres que rodean a una cortesana y dos enamorados peleándose…¡Qué trabajo para Dpnald Palumbo, el gran director coral, decidiendo quién canta qué y coordinándolo! Pero así es la batahola de un lugar como Bullier. Esos mismos grupos luego intervienen ordenadamente. Aparecen las grisetas: Georgette (Anne Nonnemacher, soprano), Gabriella (Belinda Oswald, soprano) y Lolette (Alexandra Newland, mezzo). Buscan compañía y aperciben a Ruggero, solo en una mesa; lo rodean, tanto ellas como sus amigos: "Un solitario, tímido, ni nos mira; ¿cómo te llamas? "(sigue una retahíla de nombres). Ruggero irritado. "Es un príncipe de incógnito, niega nuestra cama", y se alejan. Entra Magda bajando la escalera y enseguida la rodean estudiantes: "Somos estudiantes, ricos en alegría, generosos en besos, cortos de dinero". Un estudiante: "¿Ya tiene una cita?". Magda asiente, le piden dónde, la acompañarán, pero ella sólo contesta "no sé" y justo ocurre que mira a Ruggero cuando éste la mira a ella; los estudiantes la acompañan, les dice "¡Enamorados, gozad en vuestra joven vida!", y se van. Magda explica: "Disculpe, ellos creen que usted estaba esperando; cuando los vea lejos me iré", pero Ruggero le pide que se quede: "Es tan bella y me parece diferente a todas las otras". "Se parece a las chicas de Montauban, lindas, simples y modestas. La invito a bailar". Bailan un liviano vals y cantan a dúo: "En la dulce caricia de la danza cierro mis ojos para soñar. Todo está lejos, ¡y el pasado se desvanece!"; y bailando llegan a la escalera y pasan al jardín. Con similar alegría canta y baila el coro en dos deliciosos minutos: "Cuando el mismo pecho tiene el mismo corazón, cuando besos locos y vibrantes son la vida de los enamorados, ¡dame vida en tu beso, y vive para besar!". Ya muy exaltados, Magda y Ruggero exclaman: "¡Dulzura, intoxicación, encanto, para siempre!". Y a su vez las grisetas y otros exaltan el perfume, la languidez de la primavera: tanto las flores como el amor florecen. Es entonces cuando llegan Lisette y Prunier dialogando a su manera: Prunier le pide gracia, reserva, dignidad, Lisette lo ama y admira, pero "yo bailo, me río, saludo"; él retruca: "un hombre enamorado no se fija en obstáculos: ¡sabré rehacerte!". Y se unen a la danza de la gente. Ya en su mesa, Magda y Ruggero sostienen un largo diálogo. Ella rememora fantaseando su anterior encuentro de amor pero crípticamente. Cuando brindando le expresa: "¡A tus amores!", él replica "¡Si yo amara sería con una sola muchacha y para toda la vida!". Le pide su nombre, ella escribe "Paulette" en el mármol, él "Ruggero". Pero él quiere saber más y ella responde: "¿Para qué conocer mi misterio?". Él: "¡Siento que eres la criatura esperada por mi corazón!". Cantan brevemente a dúo y se besan; así los encuentra Rabonnier, un pintor (Jason Hendrix, bajo) y algunos jóvenes y tres chicas: "¡Dos corazones están fusionándose!", canta el pintor, y todos: "¡No los molestemos!", y se van. Lisette y Prunier se acercan y ella la reconoce, pero Magda le hace una seña a Prunier que comprende y le dice a Lisette que está confundida. Prunier saluda a Roggero y le presenta a "Paulette"; Lisette dice a Magda que es bella pero no está elegante, ella sí porque pidió prestado todo lo que "·Paulette" considera elegante; "Paulette": "No lo cuente, ¡es imprudente!". Prunier se ríe, Lisette se ofende; "Paulette" irónicamente le pregunta a Prunier si Lisette puede ser Bérénice o Salomé, y remata el diálogo afirmando que puede imitar lo que quiera. Ruggero expresa: "Ya que la suerte nos unió, ¡alabemos al amor!". Y así empieza el magnífico conjunto de irresistible melodía que es siempre lo más festejado por el público, con justa razón. Ruggero: "¡Bebo a tu fresca sonrisa, a tu profunda mirada, a tu boca que pronunció mi nombre!". Magda: "¡Conquistaste mi corazón!". Ruggero: "Te dí mi corazón; ¡guarda mi regalo celosamente para que viva siempre en ti!". Y desde allí se convierte en el concertante con su habitual inconveniente: que no se distinguen claramente todas las palabras pero la música domina; y eso es lo lindo de un disco con libreto: leo lo que no discierno. Pero Magda y Ruggero estaban uno al lado del otro, así Ruggero le contestaba, y lo mismo entre Lisette y Prunier. Magda: "¡Mi sueño se vuelve realidad! Si puedo esperar que mi refugio será tu amor, no le pediré más a la vida". Él: "Este momento no morirá; ¡esta hora debe marcar el futuro de nuestro amor!". Lisette: "Dime las dulces palabras que tu divina musa teje; mis virtudes son pocas, te las doy, ¡seré feliz para siempre!". Prunier: "Cada beso tuyo es una estrofa; eres la primera que le habló a mi corazón; ¡junto tus virtudes y seré un mejor poeta al lado tuyo!". Y se les une la muchedumbre gradualmente: "¡Es amor que no razona! ¡Flores y frondas para los que aman! ¡Tejamos los cuatro amores con flores!".  Les echan flores, le ponen una corona al poeta y se van yendo.  Tras esos minutos de expansión, la catástrofe: aparece Rambaldo y ve a Magda y Roggero mientras baja la escalera. Magda a Prunier: "¡Llévate a Ruggero!". Y a Ruggero le pide que se lleve a Lisette. Los dos se van al jardín rápidamente. Prunier a Magda: "Se acerca Rambaldo; me quedo, ¡tú te vas!". Pero Magda se queda: "¡quien ama no piensa!". Prunier trata de parar a Rambaldo pero éste llega hasta Magda: "¿Qué significa esto?". Magda: "Nada tengo que agregar". Rambaldo: "Una escapada, nada serio". Magda: "Me quedo; ¡le amo!". "¿Sabes lo que es encontrar el amor? ¡Déjame seguir mi destino! ¡(Lo nuestro) se terminó!. Perdona, Rambaldo, si te causo un dolor, ¡pero mi amor es más fuerte!". Rambaldo: "¡Ojalá no te arrepientas!", le hace una reverencia y se va. Él es un caballero sin maldad. Durante ese diálogo las últimas parejas y los flirteos finales van vaciando el Bullier. Va amaneciendo y se escucha a una muchacha (recurso muy pucciniano, hace cosas parecidas en muchas óperas suyas): "Te apareciste caminando y llevando rosas. ¿Me dirás quién eres? ¡Soy la aurora que nace para disipar los encantos de una noche iluminada por la luna! ¡No te fíes del amor!" (la cantó bien Ashley Emerson). Vuelve Ruggero; Magda le dice: "¡Tengo miedo, estoy demasiado feliz! ¡Es mi sueño! Pero tiemblo y lloro". Y a dúo y del bracete, saliendo: "¡Mi vida, mi amor!".
Demasiado romántico todo el acto, pero tan generoso y bello. En este caso se lo pudo apreciar a Alagna plenamente, en su mejor voz y calidez mediterránea, y su amor rumano comunicando su esperanzada Magda con belleza musical y convicción indudable. Oropesa, muy bien en su personaje, con voz segura, en camino a la Manon que la hizo famosa; y Breciu,   también rumano, un Prunier de categoría, actuando y cantando de modo desenvuelto; es un artista nuevo para mí.  Cantó el rol en múltiples lugares: entre 2005 y 2019, Toulouse (justamente con Armiliato y Joël), el Met en 2010, Tel Aviv, Liège, Genova, Madrid. Otro rol favorito es Lensky (Bucarest, Viena, Zürich, Munich, Cardiff, Berlin). Y Alfredo: Sofia, Montpellier, Berlín, Bruselas. Muy buena la puesta y Armiliato confirmando su hábil control (es un acto difícil como el del Café Momus en "La Bohème"). Escenografía respetuosa del libreto y de grata visión; vestuario de época. 
El Tercer Acto nos lleva a la Riviera; terraza en una Villa; bello día de primavera. Magda y Ruggero toman el té. No se aclara cuánto tiempo hace que están allí. Es el acto más largo (32 minutos) y tiene varios contrastes emocionales, empezando por el amor pleno. Largo diálogo. Hace pensar en el segundo acto de "La Traviata". Ella: "·¡El aire bebe el perfume de las flores! Conozco el arte mágico de hacer una poción que elimine todo cansancio" (refiriéndose al té). Él: "¡Todo lo tuyo me gusta, amor mío!". Dialogan y luego se abrazan con entusiasmo. Pero aparecen los problemas: Ruggero (como Alfredo) no tiene dinero, y no puede pagar los gastos en la villa;  él escribió pidiendo el consentimiento de la familia a su matrimonio; ella se queda desconcertada. Ruggero canta un aria sincera: "Dimmi che vuoi seguirmi alla mia casa" ("Dime que quieres ir conmigo a mi casa"); "tendremos la sana protección de mi madre; y quizá alguna mañana la manito de un bebé se extenderá hacia nosotros". Él sale, ella se queda llorando. Monologa: "¿Qué debo hacer, seguir en silencio o confesar? ¡Con un solo gesto hacer colapsar nuestro amor! ¡No debo hablar!". Pero enseguida duda. Y ahora ocurre algo imprevisto por ella, mientras Magda entra a la villa: llegan Prunier y Lisette, ella muy nerviosa: "¡Me arruinaste!". Él: "Quise exaltar mi conquista convirtiéndola en cantante". Ella: "¡Qué desastre, todavía creo escuchar los silbidos de la gente!". Continúa agitada y hasta aterrorizada, Prunier no logra calmarla. Aparece el mayordomo, Prunier le pide que avise a la señora que la esperan dos amigos. Ella: "¡Necesito calma, no interfieras! ¡Te desprecio!" (parece Musetta en el tercer acto). Entra Magda y los saluda; Prunier le larga una andanada: "¡Ésta no es su vida, con la visión de una casa honesta que cierre vuestro amor en una tumba!". Magda: "No sabe cuánto mal me hace lo que dijo". Prunier: "El teatro de Niza decidió que Lisette no tiene el talento para la gloria artística; será mucama si usted lo acepta". Magda: "Claro que sí". Prunier vuelve a la carga: "Me encargó abogar por su retorno alguien que conoce las dificultades que está sufriendo y quiere salvarla". Luego, hace como que quiere cortar relaciones con Lisette; ella sigue el juego, pero volverán a verse a las 10 de la noche; él se va, Lisette se queda. Sale brevemente y vuelve con un delantal puesto, saluda, se va. Y ahora viene la escena de la tristeza. Ruggero trae la carta de la madre; Magda la lee: "Hijo, me cuentas que una dulce criatura ha llegado a tu corazón. Que sea bendecida si la manda el Señor. Pienso, con ojos húmedos por el llanto, que será la madre de tus hijos. Es la maternidad la que hace santo al amor. Si sabes que ella es buena, pura, que tiene todas las virtudes, ¡cásate con ella! ¡Dale un beso mío!".  Y aquí es donde todo cambia: "¡No puedo recibirlo! ¡No debo engañarte! No puedo olvidar mi pasado, ¡no puedo entrar a tu casa! ¡Llegué contaminada a ti!". Él: "¿Qué me importa?". Ella: "¡Triunfando, lo hice entre la vergüenza y el oro! ¡Puedo ser tu amante pero no casarme!". Él: "¿No sabes que me destruyes?". Ella: "Debo abandonarte porque te amo. ¡No quiero arruinarte!". Él: "¡No me dejes solo!". Ella: "Mi alma que sólo tú conoces siempre estará contigo; que sea mío el dolor". Él se queda doblado por la angustia, ella lo mira con ternura y sale. Un toque interesante de la puesta: se lo vislumbra a Rambaldo. Un punto que me intriga: la carta en Paris parecía provenir del padre, pero en el último acto sólo se menciona a la madre. Admirable interpretación de ambos amantes vivida en cada instante por la pareja Gheorghiu-Alagna, y es sólo así que "La Rondine" debe llegar al espectador; son los valores de la sociedad de esa época y hay que respetarlos si se hace la obra. 

"LE COMTE ORY" DE GIOACHINO ROSSINI. MET, 17/4/20

Esta vez el Colón le ganó al Met: hubo un buen estreno en Agosto 1983 con Vittorio Terranova, Marc Vento, Michèle Lagrange, Jean-Charles Gebelin, Anita Terzian y Marilú Anselmi; dirección, Jacques Pernoo; Régie: Renato Cesari. Además, no hace tanto Juventus Lyrica la repuso con razonable calidad.  La semi-ópera anterior, "Il viaggio a Reims", fue dada por el Teatro Argentino durante la gestión de Lombardero y le ganaron al Met y al Colón. Enhorabuena. (No cuento las adaptaciones en francés de óperas anteriores: "Le siège de Corinthe", revisión de "Maometto II", y "Moïse et Pharaon", revisión de "Mosè", en ambos casos mejorando los originales italianos; no tengo presente si se dieron en el siglo XIX en nuestra ciudad, pero estoy casi seguro de que no en el XX: ambas merecen conocerse). "Il viaggio a Reims" no tiene argumento, es sólo una serie de arias de gente que hace escala rumbo a Reims, pero tiene mucha buena música y como las condiciones fueron especiales -la compuso para las festividades de la coronación de Charles X y no iba a repetirse- y es realmente una cantata escénica muy extensa, no tuvo reparo en utilizar materiales de ella en "Le Comte Ory", que es de 1828 (la cantata, de 1825). Tengo muy buenas grabaciones de la cantata (Abbado dirigiendo un gran elenco) y de "Le Comte Ory" (Sumi Jo, John Aler, Diana Montague; Gardiner al frente de la Orquesta y el Coro de la Ópera de Lyon), de modo que las disfruté mucho. Rossini la estrenó el 3 de agosto 1829 en la Ópera de París. Al año siguiente se despidió como compositor operístico con una obra diametralmente opuesta: el extenso drama histórico "Guillaume Tell".
Eugène Scribe fue un prolífico fabricante de libretos operísticos y de vaudevilles; escribió uno de estos últimos en 1816 con Charles Gaspard Delestre-Poirson, "Le Comte Ory", basado sobre una vieja balada picarda medieval y una canción con el mismo nombre, que se escuchará citada por Rossini en la introducción a la ópera; los dos colaboradores ampliaron y adaptaron el texto para que le sirva como libreto a Rossini. El libreto es divertido aunque hay aspectos poco verosímiles. No es larga (alrededor de dos horas 20 minutos en dos actos de similar duración). Philip Gossett define a Rossini en dos frases que vale la pena traducir: "¿En qué otra ópera la confusión de identidad y el resultante vortex erótico llega tan lejos como presentar a un tenor disfrazado de mujer que cree hacerle el amor a una soprano cuando realmente lo está haciendo a una contralto" (más bien mezzo) "en el rol de un hombre que toma el lugar de una soprano? ¿En qué otra ópera se deriva una proporción tan grande de música, esencialmente sin cambios, de una obra cuya sustancia es enteramente diferente, pareciendo perfectamente adecuada a ambas creaciones?". No es una "opéra-comique", con texto hablado, sino una ópera de muy desarrollados episodios coordinados mediante recitativo acompañado (no "secco"). Y la orquestación es mucho más rica que la habitual en óperas bufas.  Es notablemente francesa en su gracia, encanto e ingenio. A su vez el texto suaviza la balada que podría haber escrito Rabelais, ya que Ory y sus compinches originalmente entran no a un palacio sino a un convento de monjas que nueve meses después están de parto…Y también hacen que los cruzados lleguen a tiempo para evitar que el erotismo insinuado pase a mayores. El vaudeville en un acto da lo que sucede en el Segundo acto de la ópera, pero Ragonde cuenta brevemente lo que será desarrollado en el Primer acto. El carácter episódico resultante hizo que los libretistas no quisieron aparecer inicialmente en el libreto impreso; luego los convencieron. 
El Met decidió estrenar esta ópera porque logró combinar a tres estrellas: Juan Diego Flórez (Comte Ory), Diana Damrau (La Comtesse Adèle) y Joyce Di Donato (Isolier, paje). Los otros personajes que cuentan son Dame Ragonde (Susanne Resmark, mezzo), Le Gouverneur (El Tutor; Michele Pertusi, barítono) y Raimbaud (Stéphane Degout, barítono). Director de orquesta: Maurizio Benini; del coro, Donald Palumbo. Régie: Bartlett Sher; escenografía: Michael Yeargan; vestuario: Catherine Zuber. Director del video: Gary Halvorson. Marzo 2011. 
Acto Primero. A diferencia de la gran mayoría de las óperas rossinianas, no hay una Obertura sino una Introducción de 3 minutos que cita la vieja canción entre otros materiales. Al abrirse el telón estamos en una amplia plaza y Raimbaud (en realidad amigo del conde que comparte sus aventuras) está cubierto con una manta que cubre su traje de caballero y le avisa al pueblo que pronto llegará el sabio ermitaño y por la respuesta de un pueblo fácil de engañar se nota que o lo conocen a les ha llegado noticia de su actividad. El Coro responde que respeta su sabiduría porque les trae riqueza, conocimiento y (es un coro femenino) maridos. Raimbaud se pone petulante: "Debéis temer mi poder: tengo el honor de estar a su servicio", pero se ríen de él; él se enoja, le dicen Sire Robert, cálmese (¿cómo conocen su nombre?; parecería que ya vino otras veces). "Colocad bajo la sombra del árbol leche y frutas", y los insta, "rápido". El Coro y una muchacha Alice (Monica Yunus, soprano): "Paciencia, Sire Robert". Él: "pongan botellas de vino viejo porque es un regalo de los cielos". Y entonces entra Ragonde, la dama de compañía de la Condesa, y les dice: "La Condesa está triste, no corresponde este regocijo de sus vasallos. Ella quiere visitar al ermitaño para que la libre del mal que la agita". "Yo también quisiera verlo si puede curar un corazón demasiado tierno". Coro: "Todos aquí lo honran, nada es más grande que su poder"; confirman que hubo varias visitas. Y entonces aparece el Ermiitaño (Ory) con capucha y enorme barba y canta un aria: "¡Que prósperos destinos reciban vuestras plegarias! ¡Venid a mí, bellezas, es tan dulce satisfacerlas!" (frase francamente erótica). Doy maridos a las chicas jóvenes". Flórez lo cantó de modo muy untuoso. Coro: "Es el benefactor del pueblo". Desfilan varios y él a todos les contesta "está bien". Un paisano quiere que su mujer sea siempre tranquila; Alice quiere casarse con Julien; Ragonde pide que su marido vuelva cuanto antes. En un aparte del ermitaño queda claro lo que quiere: que las jovencitas vayan a su casita esa noche.  Ragonde le expresa: las mujeres y las hermanas de los cruzados se reúnen en el castillo de Formoutiers, donde reside la Condesa Adèle. Entran dos personajes que van a cambiar las cosas:  el Tutor o Preceptor de Ory y el paje Isolier, que reflexiona: "¡Allí está el castillo de mi bella prima! Pero ella se encierra". El tutor: "Mi Príncipe me ordena encontrar a su hijo, el Conde Ory, ese demonio, mi discípulo y mi patrón, que desapareció de la corte". Aria del Tutor, que en buena parte proviene de "Il viaggio a Reims: "Veiller sans cesse" ("Velar en todo momento, siempre temer por Su Alteza o mi propia vida, ¡qué honor ser su tutor! En la guerra como en la caza seguir sus pasos, ¡aunque me lleve a la muerte! Y si  se enamora de una bella debo seguirlo y sermonearlo sobre el peligro de sus pasiones". Conocía a Pertusi en óperas dramáticas italianas, en las que le aprecié muy buenos trabajos; su Tutor me informa que tiene buen francés y da carácter a ese repertorio.  Se informa el Tutor sobre el Ermitaño y el Coro le dice que viene al pueblo desde hace 8 días…tantos como transcurrieron, se dice el Tutor, desde que desapareció Ory. Cabaletta: "Cette aventure": Esta aventura es muy singular; ¿si fuese este ermitaño el Conde Ory? Sí, esta estratagema es suya". Sin contárselo a Isolier, le dice que irá a buscar su escolta y sale. Isolier monologa: "¡Volveré a ver la belleza que quiero tanto! Consultaré al ermitaño". Lo hace y Ory lo llama Isolier; "lo sé por mi ciencia". Ella le da una bolsa de dinero. "Amo a la Condesa del Castillo; nadie puede entrar hasta que vuelva el hermano de la Cruzada pero se me ocurrió una manera: vestirme como Peregrina con capucha y manto"; Ory: "(la idea me sirve"); Isolier: "Cuando la Condesa lo consulte dígale que puede curarse amándome"; Ory: "Sí" ("pero no se lo diré"). Muy bien jugado y cantado por ambos artistas. Acompañada por una Marcha lenta entra la Condesa con su comitiva; ve a Isolier, se sorprende; dice el paje: "quiero consultar al ermitaño". Aria de la Condesa secundada por el Coro de su comitiva y con intervenciones del "Ermitaño": triste y en menor en los minutos iniciales, en mayor hacia el final, según el texto.  Texto amargo empezando: "En proie a la tristesse" ("Poseída por la tristeza"), "sin gozar de lo alocado, en plena juventud, sufrir, gemir, ésa es mi suerte. ¡Sólo esperar la muerte, qué sufrimiento! Suavice mi dolor, devuélvame la felicidad". Segunda parte: breve intervención de isolier: "Padre, ¡apóyeme!". Ory a Adèle: "La fuente del mal que la devora es vuestro corazón: amad para renacer". Ella: "Debí jurar eterna viudez; no puedo traicionar, ¡es mejor morir!" (aparentemente es lo que su marido le obligó a jurar cuando fue a la Cruzada). Ory: "El Cielo la absuelve; vuestros días se reanimarán gracias a la llama del amor". Condesa: "¡Providencia, bendigo tu clemencia!". Tercera parte, alegre y rápida: "Isolier, con tu presencia me renace una dulce emoción; ¡sólo quiero amarte a ti!". El Coro la festeja y ella agradece al ermitaño. Luego un diálogo de ella con el "ermitaño" cambia las cosas: él le dice: "Desconfíe de Isolier, es el fiel paje del terrible Conde Ory. Entremos al castillo". Ella: "¡Oh, mi salvador, entremos!". Pero…volvió el Tutor, esta vez con los compañeros de Ory, y reconoce a Raimbaud; éste trata de callarlo, no lo logra; el Tutor exclama: "¡Es él!", y le saca la barba al "Ermitaño". Los compañeros, asombrados, y las mujeres, horrorizadas, exclaman: "¡El Conde Ory!". Ory: "¡Sí, soy yo!". Aclaremos que tanto el aria de la Condesa como este Finale proceden de "Il viaggio a Reims". Primero, un gran Concertante con reacciones disímiles: Las mujeres: "¡Oh terror, qué indigna estratagema!"; El Tutor: "¡Qué bueno, se descubrió su estratagema!"; Ory y Raimbaud: "¡No hay más esperanza!"; Adèle, Isolier, Ragonde, Alice: "¡Cuánto miedo en mi corazón!".  Sin embargo, tras unos segundos Ragonde trae una carta que Adèle lee (hablado): "Hermana querida, terminó la cruzada, volvemos a nuestra patria. Hemos purgado Tierra Santa con la sangre del Sarraceno. Llegaremos dentro de dos días". Todos comentan la novedad; irónicamente Ragonde le espeta a Ory: "Vendrá, Señor Conde, a participar de nuestra alegría". Pequeño Concertante: Las Mujeres: "Mientras mi corazón todavía tiembla por sus horribles proyectos, el hombre que adoro me devolverá la paz" (¿son realmente tan inocentes?); Ory y sus compañeros: "Nos queda un día, que nos sea útil". Ory les dice ahora: "Retirémonos y busquemos cómo conquistar de noche"; aunque Isolier medita: "Sabré parar sus golpes". Adèle: "Ya nada hay que me alarme", y enseguida un nuevo concertante con distintas reacciones: Adèle: "La esperanza me hace palpitar de alegría"; Ragonde: "Mi corazón bate de amor y felicidad"; Raimbaud: "Meditemos en silencio nuestra venganza, desafiemos al Señor Castellano"; y El Tutor: "Con prudencia hay que evitar la venganza del Señor Castellano". Frase  de todos. "Vamos, entremos" (implícito: a nuestras casas o al castillo). Breve coro final: Adèle,  Ragonde, Isolier y el Coro festejan la gloria de los valerosos mientras Raimbaud, Ory, el Tutor y los Compañeros aseguran que también hay gloria en sus conquistas galantes.  En este Acto se pudo apreciar el estilo y la concertación del Maestro Benini, habitual colaborador del Met en repertorio italiano (aunque en este caso, la obra tenga libreto en francés): es un artista muy ortodoxo y seguro y por supuesto cuenta con la excelencia de la Orquesta y del Coro dirigido por Donald Palumbo). El decorado es un amplio patio cerca del castillo, los trajes de época están bien resueltos y la marcación de actores resulta adecuada, partiendo de la base de que se trata de un pueblo fácil de engañar y que hasta la nobleza es crédula; es un mundo feudal. Diana Damrau, de buena presencia, domina la técnica del bel canto y así como resuelve fácilmente el canto florido sabe colorear su timbre según la emoción que debe reflejar. Degout se reveló buen actor y cantante como Raimbaud, el aventurero compinche del Conde.  Dame Ragonde, madura pero abierta a la sensualidad, estuvo interpretada con naturalidad y grata voz por Susanne Resmark, nueva para mí. Alice fue interpretada con fresca juventud por Monica Yunus.
El Segundo Acto transcurre dentro del Castillo. Gran Sala de muros elevados sin ventanas; en el fondo un pasillo alto; funcional, sin belleza. Tras breve Introducción orquestal, Adèle y Ragonde cantan a dúo simultáneo, acompañadas por Damas de Honor, "En esta mansión calma y tranquila pasamos días inocentes y desafiamos en este asilo las aventuras de los malvados". Luego Adèle se refiere a ese enemigo de la virtud que es el Conde Ory; estas paredes nos protegen. Pero se escucha el fragor de los truenos y de inmediato esa misma Adèle se aterroriza: "Lluvia y granizo quiebran los vitrales de este noble castillo; apacigua tu enojo, Gran Dios", exclaman tanto ella como las Damas, Ragonde en cambio agradece al Cielo porque están protegidas. Qué contradictorio; y uno se hace preguntas sobre Adèle: ¿se siente culpable porque le gusta el paje isolier? ¿Las Damas engañan a sus esposos? ¿Cómo es ese marido que la obligó a encerrarse y ser siempre viuda si él muriese? ¿Por qué no nos dan ni siquiera su nombre? ¿Cuántos años de edad los separan? ¿Es bueno para ella que él retorne? Y nada de esto queda aclarado al final. Además, ¿tan débiles son los vitrales? Porque tormentas hay muchas. Aunque ésta es falsa: un ruido similar preparado por Ory y sus compinches. Adèle se compadece de las Peregrinas que puedan estar a la intemperie…y segundos después esas presuntas Peregrinas están llamando a la puerta, muertas de frío (dicen) y huyendo del Conde Ory y sus compañeros. Ni se les cruza a las Damas que pueda ser una estratagema. Además, ¿tan mal hecho está el castillo que desde alguna torrecilla no logre comprobarse si realmente hay tormenta? Ragonde llega a la puerta de entrada y al retorno le cuenta que esas Peregrinas están huyendo de Ory y sus compañeros y sin autorización de Adèle ya las dejó pasar al locutorio, pero la Condesa aprueba: "esta mansión jamás dejó sin asilo a nadie" (presumiblemente las admite porque cree que son mujeres, no hay asilo para los hombres según especificó el Cruzado; sin embargo ella estaba dispuesta a que el Ermitaño entrara…). Y llegamos al inadmisible error del libreto: es totalmente inverosímil que un coro de voces masculinas -y el mismo Ory- sea confundido como de mujeres; por cierto la puesta de Sher empeora el asunto ya que ni siquiera los compañeros esconden sus bigotes y barbas; sólo con la cabeza gacha y capucha pueden disimularlo. Vamos a lo que dice Ragonde ante las preguntas de Adèle: "Son catorce, de aire modesto, unos 40 años, sus rostros horribles" (lo atribuye al frío y el terror). "Una de ellas pide verla para darle las gracias por su hospitalidad; pero allí viene" (o sea que no esperó la autorización). Sigue el Dúo de Ory y Adèle (sin la presencia de Ragonde) derivado del de Corinna y Belfiore en "Il viaggio a Reims". Ory Peregrina es apasionado de entrada (no disimula ni tantea, lo que ocasiona reacciones de ella): "¡Cuánto respeto por sus virtudes me inflama! ¡Permitidme expresar el fervor de mi alma!". Condesa: "¿Fervor?". Él: "Vuestra prudencia y benevolencia nos salvó el honor". Ella: "Me alegro y me enorgullece haber evitado el ataque de un aventurero y conservado la virtud de las mujeres" y él reacciona: "¿Virtud?" (es como si pensara que quienes lo consultaron como "ermitaño" no eran virtuosas y que los talentos sensuales del ermitaño fueron compartidos). "Nada puede borrar de mi corazón tanta gracia y le beso la mano con gratitud" (pero lo hace como amante…). Adèle: "¿Qué hace?". Él: "¿Cómo, encuentra excesivo mi reconocimiento? Cuando pienso de qué nos salvó todavía tiemblo de miedo". Ella: "¿De dónde viene tanta ternura? Aquí podéis desafiar al Conde Ory". Ory para su coleto: "(Debo controlarme; sentí realmente una dulce ternura" -o sea que se siente enamorado; parece el Duque de Mantua). Ory: "¿Qué haríais si Ory se arrodillara ante usted?". Ella: "Lo recibirían la vergüenza y el desprecio". Ahora cada uno canta por su lado: Ella: "Yo prefiero el amante sincero que sabe esconder su tierno ardor; el temerario en vano espera vencerme"; Él: "(Belleza tan orgullosa, espero tocar tu corazón; ya cederás)". Se acercan "las Peregrinas", ella les dará leche y frutas, y se va a dar instrucciones. En la siguiente escena vemos a los Compañeros actuando como son, compinches de placer, y observamos que el Tutor también participa; no está en contra de Ory pero debe evitar que el Duque se entere. Se bajan la capucha y en jubiloso y rápido Coro exclaman: "¡Ah, qué buena locura! El placer nos convoca a este alegre festín!" (pero no es tal: sólo leche y frutas…). Dialogan Ory y el Tutor; Ory le dice: "Supe elegir a mis compañeros para el placer, mi Tutor para la prudencia". El Tutor lamenta que falte vino, y entonces aparece Raimbaud con botellas. Canta una extensa y vertiginosa aria derivada de la estupenda de Don Profondo en "Il viaggio a Reims". Degout la cantó con total dominio del rapidísimo texto y mucha gracia. Los Compañeros lo comentan. "Estaba dormido en algún lugar del castillo; me desperté y decidí recorrerlo. Primero encontré una habitación, la del trabajo: una bella arpa, una tapicería, encontré un libro" (manuscrito) "y también, creo, un cuento sobre Tyran-le-Blanc" (alguno de los relatos sobre héroes guerreros, que abundaban). Luego fui a un oratorio y al refectorio, que no parece contener un festín. Y en la caminata entreví la apertura de un horrible subterráneo: quizás contenga cautiva a una damisela inocente. Bajé y me encontré con una enorme bodega: un formidable arsenal para tener el coraje necesario para atacar al Sarraceno. Cerca de los vinos de Turena veo los de Aquitania; allí los de Alemania; allá, los de España; y también tiembla el Champagne. Ataco 20 países a la vez, pero oigo que alguien me sigue y corro, aunque me gritan que no me escape; no hago caso y aquí estoy con los frutos de mi conquista". Se colije que hay considerable personal en el castillo, todo femenino: presas para los Compañeros. Coro: "¡Bebamos este jugo divino hasta la mañana! Celebremos por turno el vino y el amor". Ory: "¡Viene la portera! Empiecen a rezar". Coro (mientras mira la portera y tras ocultar las botellas): "Oh Dios tutelar, ven a salvar la inocencia y que Tu poder recompense la hospitalidad". En cuanto sale vuelven a cantar sobre el vino, pero alguien viene y nuevamente se interrumpen; esta vez es la Condesa. Para sí ("¡Qué dulce recogimiento, cómo las admiro!"). A "ellas": "Ha llegado el momento del reposo; Damas, descansad en vuestros departamentos". Se van "todas". Suena la campanilla, llega Isolier. Adèle: "¿Quién es el audaz que llega a un lugar prohibido para los hombres?". Isolier: "Soy yo, bella prima, y no merezco ese enojo orgulloso. El Duque les transmite que esta misma noche llegan sus maridos y vuestro hermano" (¡no menciona al Conde Formoutiers!; parece confirmar que murió). "Vuelven de Palestina y secretamente quieren sorprenderlas esta noche; pero el Duque cree que un marido prudente previene a su mujer" (o sea, pueden tener un amante; equivale a que no creen en la fidelidad de sus mujeres). Ragonde: "Avisaré a nuestras huéspedes"; e Isolier denuncia a las Peregrinas y al Conde Ory… Todas se asustan; Isolier expresa: "Dentro de sólo una hora estarán aquí vuestros maridos; debemos ganar tiempo". Adèle: "Pero el más terrible es el Conde Ory y oigo que viene": Isolier: "la defenderé con mi vida". Se retira Ragonde e isolier deja el ambiente en penumbra; están en la habitación de la Condesa (no es muy convincente el cambio de una sala a la habitación en la régie de Sher). El Trío es una obra maestra, sin duda lo mejor de la ópera. Al principio sólo Ory, luego un breve trio, él e isolier, y después la Condesa completa el trío. Ory se confiesa enamorado y cree que podrá sin despertarla tener relaciones con la Condesa. Cantan brevemente en trío: Ory: "La noche y el silencio aseguran mi felicidad"; Isolier (se ha puesto un velo femenino): "La noche y el silencio redoblan su error"; Adèle: "La noche y el silencio redoblan mi terror". Isolier oculta a Adèle y pide que ella lo llame (lo cual destruye el deseo de Ory de encontrarla dormida). Adèle: "¿Quién viene?". En un alarde de caradurismo, canta Ory: "Soy la hermana Colette; estoy asustada, déjeme estar cerca suyo" y se acerca a isolier, creyendo que es la Condesa: "¡Oh momentos de delicia! No se tiene miedo estando juntas". Pone la mano de Isolier sobre su corazón; la Condesa le dice: "Hermana Colette, ya puede retornar a su habitación". Ory se saca la máscara: "¡Conozca el fuego que me devora! Es un amante que le implora". Adèle: "¡Traición!". Ory: pasa su mano sobre el pecho de Isolier; Adèle: "¡Cómo me presiona! Déjeme". Ory, abrazando a isolier: "¿Acaso no puedo amarla?". Y sucede el anuncio de la llegada de los cruzados: Adèle: "Escucho el ruido de armas, acaba de sonar el clarín". Los tres cantan juntos, ellas contentas, él lamentando dejar sus placeres. A su vez Isolier se saca el velo y le dice: "Es hora de irse, Señor". Ory reconoce a su paje. "Aquel que la Hermana Colette abrazaba". Él: "¡Teme mi cólera!". Isolier: "¡Temed la de vuestro padre, él está por llegar!". Adèle: "Vosotros que ´guerreaban´ con mujeres, ahora son nuestros prisioneros!" (jamás se sabe si los compañeros tuvieron aventuras nocturnas con las damas de compañía o el personal de servicio). Ory: "Pido merced para mis caballeros; ¿cuál es el rescate?". Adèle: "Vuestra partida; evitad la ira de nuestros maridos" (extraño: ¿también el de ella?). Isolier: "Usando un pasaje secreto guiaré vuestros pasos y cerraré la puerta del pasaje". Ory: "´Él es quien nos engañó a todos", y es así. Escena admirablemente jugada y cantada por los tres, pero especialmente por Di Donato, magnífica en la actuación y el canto, ágil y audaz. Y aquí sí buen trabajo de Sher y del iluminador. Breve Finale: Adèle celebra la legada de los cruzados, Ory admite que la victoria es de ellos, todos para terminar cantan: "¡Que el amor y la gloria los ha traído a nuestros hogares!". Desaparecen rápidamente Ory y sus Caballeros-Compañeros y llegan como figurantes los cruzados, incluyendo al hermano de Adèle (si hubieran cantado obligaba a incluir más personajes y resultaba costoso). "Le Comte Ory" sin ser una obra maestra (demasiadas fallas de libreto) se oye y se ve con placer en una buena versión, y ésta fue muy buena.
Pablo Bardin