miércoles, mayo 25, 2022

RALPH VOTAPEK EN EL SALÓN DORADO DEL COLÓN

               No hay ni hubo un pianista extranjero de primer orden que viniera tanto a la Argentina como Ralph Votapek. Lo escuché en 1966 por primera vez; él y yo teníamos 28 años; ahora llegamos a los 83, y lo asombroso es que su recital, cerrando los ojos, fue idéntico en firmeza y seguridad que el de aquel lejano año. Premio Naumburg y Medalla de Oro en el Primer Concurso Internacional Van Cliburn. La Gacetilla de Prensa coincide con mi opinión al referirse a que "Su estilo de interpretación combina la fuerza, la poesía y la calidez sonora de los grandes pìanistas de nuestros tiempos". No pude verlo, sólo escucharlo, porque el Salón Dorado es chato y hay que estar muy cerca para ver a los artistas, pero el placer fue inmediato y no tuvo ningún momento dudoso. A diferencia de otros artistas, Votapek no sólo demostró su arte a través de tantas décadas en la Ciudad de Buenos Aires, sino que visitó numerosas provincias, con frecuencia avalado por el Mozarteum; por ejemplo Jujuy (la Sra Silvia Cornejo estuvo presente y rememoramos la actividad en la capital de esa provincia donde tantos artistas se presentaron). Yo mismo tuve la experiencia de invitarlo a dar un concierto en el Teatro Argentino de La Plata cuanto todavía no existía el actual teatro; cambiar ideas con él evidenció su natural simpatía.

               "Actuó 16 veces con la Orquesta Sinfónica de Chicago" (¡nada menos!). También tocó con la Orquesta de Filadelfia, las Filarmónicas de New York y Los Angeles, la Boston Pops con Fiedler, las Sinfónicas de Pittsburgh y San Francisco". Se presentó "en diferentes países europeos y de Oriente, como así también en Latinoamérica". Dio "recitales en el Carnegie Hall y el Lincoln Center. Como camarista, recordar los siguientes grupos: Juilliard Quartet, Fine Arts, New World y Chester String Quartet". Conviene agregar que su mujer también es pianista y tocaron juntos en Buenos Aires (los ví y eran impecables) y que hijos de ellos también fueron músicos (justamente uno de ellos formó parte del Chester String Quartet y tengo un disco de música de Estados Unidos). En Buenos Aires fue muy apreciado en gran cantidad de obras de Gershwin interpretadas con absoluta frescura y conocimiento de estilo. Grabó en varios sellos, como RCA, London, Cambridge, nuestra EDUL y Pickwick.

               Los conciertos en el Salón Dorado tienen un estricto límite de una hora y eso obliga al artista a atenerse a ese criterio. Él también es notable en Beethoven o Schumann, pero no cabían y el programa fue dedicado a Francia (Debussy y Ravel), España (De Falla) y Rusia (Prokofiev). La calidad de estilo e interpretación no flaqueó en ningún momento.

               Claude Debussy: "Estampes":  1903; "Pagodes", "Soirée dans Grenade" y "Jardins sous la pluie" ("Jardines bajo el agua". Más "Masques" ("Máscaras"), brillante y difícil, 1904. El Debussy impresionista en su mejor etapa interpretado con sensibilidad y comprensión.

               Maurice Ravel: "Valses nobles y sentimentales", título tomado de Schubert que así nombró a una bella obra suya; 8 piezas que alternan entre rápidas y lentas, siempre con refinados acordes donde suaves disonancias nos llevan al siglo XX; la obra es de 1911, antes de la guerra, y muy distinta que "La Valse". Votapek dio su exacto sentido a cada vals.

               "Cuatro piezas españolas" de Manuel De Falla: Les puso título francés ("Quatre pièces espagnoles") y las compuso entre 1902 y 1908, dándole especial carácter a cada  pieza: "Aragonesa", más bien rápida y con la gracia de esa zona; "Cubana" (no olvidemos que Cuba fue española largo tiempo aunque ya Estados Unidos la había invadido, pero De Falla le da un clima caribeño lejano a toda guerra); "Montañesa" no aclara de dónde es la montaña; la música es más bien lenta y nostálgica; y "Andaluza", rápida y tensa, de la zona que más comprendió el compositor. Votapek se sintió muy cómodo en los climas de cada pieza.

               La última obra fue una Sonata breve pero muy característica del estilo de Prokofiev: la Nº 3, en La menor, Op.28. En apenas 8 minutos contrastan un material rápido y disonante y una melodía lenta. La conocí de niño en un 78 rpm de Sigi Weissenberg y me entusiasmó; por cierto la versión de Votapek me hizo el mismo efecto tantos años después: fue perfecta.

Una sola pieza fuera de programa pero fue un bello "Nocturno" de un compositor muy querido por Votapek: Francis Poulenc; ubiqué la obra pero no el número (los Nocturnos son 8 y los compuso entre 1929 y 1938). Votapek los grabó, también Tharaud y Rogé.

               En suma, un concierto memorable para quien ha seguido la carrera tan extensa (en Argentina, 56 años) de este gran pianista; los que no lo han visto antes se habrán sorprendido, pero obviamente muchos lo recordaban: las entradas estuvieron agotadas.

Pablo Bardin

 

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