lunes, septiembre 02, 2019

​DESPAREJA “FLAUTA MÁGICA” EN JUVENTUS

            Es bien sabido el entusiasmo de Juventus Lyrica por el Mozart de la trilogía Da Ponte y por "La Flauta Mágica": las han repuesto con diversa suerte a través de 20 temporadas.  En el caso de la extraña comedia de Schikaneder "Die Zauberflöte" hubo puestas de la fundadora Ana D´Anna; la actual es de su hija, María Jaunarena. Que éstos son años difíciles para compañías privadas es evidente; ya quedó por el camino Buenos Aires Lírica. La breve temporada de Juventus es una clara señal de la limitada financiación forzada por las circunstancias y la escasez de mecenas: sólo dos óperas muy populares (la otra, por supuesto, "La Traviata") en el Avenida, y luego dos funciones de Gala Lírica en el Colón, cosa que me sorprende (no la veo muy altruista a María Victoria Alcaraz).

            Expresé otras veces mi enojo por el pésimo libreto de "La Flauta Mágica" y lo corroboro brevemente: tremendas contradicciones (el Mal entrega la flauta a Tamino y el Glockenspiel a Papageno) y un machismo masónico repugnante. Años atrás tuve oportunidad de ver el DVD de la puesta de Ponnelle en la Felsenreitschule de Salzburgo donde  todo el texto hablado (casi siempre se lo corta y mucho) me puso ante la evidencia de la desastrosa mentalidad de los masones vieneses; y pese a que en general no me gustan los cortes, me di cuenta de que cuanto más se corte de lo hablado mejor en este caso: en cierto modo se le escatima la verdad al espectador pero se salva en parte la estupenda música, aunque no del todo: hay partes incluso cantadas que no pueden eliminarse. ¿Sarastro sabio? Por cierto que no, y eso lo entendió Bergman en su film, la única puesta inteligente que conozco. Lo que no quita la maldad de la Reina de la Noche. Otro aspecto negativo es el suicidio: tanto Pamina (en un personaje dramático) como Papageno (cómico, por supuesto) lo consideran una salida a sus problemas; en ambos casos los tres Genios los disuaden; ellos sí son buenos, si bien el libreto los hace depender de la Reina…Y si Sarastro es sabio, ¿porqué tiene al Moro Monóstatos a su servicio, un violador salvaje? Aunque al menos, raro para esa época, se queja de que lo discriminan porque es negro. 

            En estas últimas décadas se instaló una idea absurda: que "La Flauta Mágica" es una ópera para niños. Sólo Papageno y Papagena condicen con ese enfoque y la ópera es mucho más: dos tercios de ella tienen que ver con el bien y el mal y las negativas ideas masónicas, y hay un solo personaje respetable: Tamino, el Príncipe de ignota procedencia. Por supuesto, Papageno era el personaje de Schikaneder y se trata de un muchacho de pueblo, simple, con sólo dos deseos: tener una mujercita y comer y beber bien. Si se va a hacer una adaptación para niños, ante todo debe ser traducida al "argentino" (ni siquiera al castellano) y reducirla a no más de una hora, sólo con escenas donde está Papageno, con todo lo masónico eliminado; puede ir la Reina si se la conceptúa como bruja. Se han hecho adaptaciones, sobre todo en Ciudad Konex; no fui, no me interesan.

            Ya yendo al "casting", tengo una fuerte diferencia de opinión con Juventus, que ha promovido en los últimos años a Gabriel Carasso, para mí un prototipo de humor grotesco (por supuesto, estuvo también en las adaptaciones mencionadas). Se han visto grandes versiones de "La Flauta Mágica" en el Colón y mi favorita es la de 1968; no fue la mejor dirigida (Suitner) pero tuvo un incomparable Papageno, Hermann Prey (otros muy buenos: Walter Berry y nuestro Gui Gallardo); más notables en esa versión: Peter Schreier (Tamino), Mady Mesplé (Reina de la Noche), Franz Crass (Sarastro), el lujo de Renate Holm como Papagena, y el mejor Monostatos imaginable, Gerhard Unger (volveré sobre él) con una inventiva puesta de Pöttgen y Bauer-Ecsy. Mi otra favorita es la de Beecham de 1958, con Dermota, Lorengar, Streich, Berry, Lorengar y un gran Orador (Sprecher): Paul Schoeffler. Por supuesto que no pretendo que Juventus pueda tener ese nivel, pero sí que no se equivoque tan rotundamente en cuanto al enfoque que debe tener Papageno. Y en esto hago responsable tanto a Jaunarena como al director de orquesta Hernán Schvartzman. No es necesario tener mi edad para saber cómo debe hacerse el personaje: hay DVDs. Y entre los recientes, Markus Werba lo hace muy bien. Ante todo Papageno canta Mozart y es el compositor el que manda. Prey no sólo era muy divertido, sino que su timbre de barítono lírico era de gran belleza y su fraseo ideal. Hubo cuatro funciones en esta reposición de Juventus y por razones de agenda sólo pude estar presente en la última, pero en todas estuvo Carasso; fue el 3 de Agosto. La razón tirada de los pelos de la presencia de Papageno en la ópera es que debe  capturar pájaros que serán llevados  a la Reina de la Noche mediante las Tres Damas; es el Pajarero ("Vogelhändler", como expresa en su primera canción estrófica). Claramente, su traje debe responder a esa idea; me pareció poco logrado el que imaginó Jaunarena, también diseñadora de vestuario, un rubro donde suele ser muy eficaz. Papageno debe ser directo y parlanchín, sin duda; así lo plantea el libreto y por algo le ponen las Damas un candado en la boca; también es cobarde y mentiroso pero sin maldad. Cuando lo obligan a ser el compañero de Tamino lo hace porque teme las consecuencias si no cumple, pero no pueden ser más opuestos. En un solo momento Papageno  canta seriamente, su dúo con Pamina, "Bei Männern", y allí su línea debe ser impecable. Sin embargo, las melodías de sus canciones deben ser expresadas con naturalidad pero respetando lo escrito en todo momento, y si más o menos eso ocurrió en "Der Vogelhändler", fue calamitoso hacer de "Ein Mädchen oder Weibchen" el relato de un borracho perdido que en cada estrofa arruina más la melodía mientras toca el Glockenspiel y luego le pasa la botella a un Schvartzman cómplice. En suma, el "estilo Carasso" me parece inaceptable, incluyendo una gestualidad muy excesiva y tosca.

            Hay otro cantante cuya interpretación rechazo totalmente, la de Patricio Oliveira como Monóstatos. Mozart no escribía en vano: la arietta de Monóstatos, orquestada con una liviandad exquisita, pide del tenor una articulación exacta de una melodía rápida con fiorituras; Unger, que era el mejor David y Jaquino de la época, nos dio la prueba cabal de cómo actuar y cantar esa parte. Escuché a varios, incluso Cassinelli, lastimar bastante la música, pero nunca como Oliveira, que la destrozó hasta hacerla ininteligible. Por otra parte, Jaunarena como puestista decidió que fuera obeso y le hizo un traje muy exagerado. También, lo muestra como sádico con los esclavos bajo su mando, a puro latigazo, pero eso está de acuerdo con el libreto. En la escena realmente cómica en la que Papageno logra con su Glockenspiel que Monóstatos y los esclavos bailen y no los ataquen alguna licencia es permisible pero no movimientos casi de cumbia, como se vieron.

            Vayamos ahora al desarrollo del Primer Acto. Hace varios años que Schvartzman colabora con Juventus con el criterio de incorporar ideas historicistas a sus versiones, ya que estudió en Holanda con especialistas como Ton Koopman y formó la compañía OPERA2DAY. Trabajó con muchas compañías europeas en años recientes y sus conocimientos son indudables. La Orquesta esta vez fue bastante nutrida (39) con notables ejecutantes locales tales como Geldymuradov y Olcese (violines), Carnero (contrabajo), Dottori (oboe), Werner Mengel (tompeta), Fenoglio (trombón), Arauco Yepes (timbal) y algunos que probablemente fueron importados para la ocasión, como hizo en otros años. Estuvo muy bien la obertura, salvo que les faltó más definición a las fanfarrias, pero la contrapuntística sección principal rápida fue  grata y precisa. Pero al levantarse el telón empezaron los problemas. La escenografía e iluminación es de Gonzalo Córdova; al principio estuvo poco iluminado y apareció Tamino pidiendo auxilio porque lo persigue una gran serpiente; fue muy decepcionante verlo agarrándose de un largo tubo: está bien claro que la serpìente se le va acercando ("schon nahet sie sich"); aparecen las tres Damas y expresan: "Muere, monstruo, ante nuestro Poder" (tienen poderes, muy de moda ahora en los films de Hollywood); él cayó desmayado. Se vanaglorian de su triunfo (Primera: Laura Penchi, soprano; Segunda: Verónica Canaves, mezzosoprano; Tercera: Rocío Arbizu, contralto). Las tres lo consideran muy bello; "si pudiera consagrarme al amor él sería elegido". "Debemos avisar a nuestra Reina", pero las tres quieren quedarse con el muchacho. Extenso Trío hasta que parten juntas. Las voces, bien elegidas, son de cantantes avezadas y de medios considerables; muy exacta afinación. En suma, son vírgenes con ganas de perder esa condición y eso está muy bien reflejado en texto y música.

            Se despierta Tamino y encuentra muerta la serpiente, no sabe porqué. Y aparece Papageno con su jaula de pájaros. Innovación errónea: efectos sonoros simulando pájaros que sólo molestan la música (hay nada menos que nueve personas que figuran en el programa haciendo efectos sonoros, algunos lógicos y otros no; uno de ellos, Luciano Slaibe, también está en la orquesta como percusionista agregado, no está en partitura). Tras su canción, dialoga con Tamino, que se declara Príncipe, y le menciona a la Reina  de la Noche (al parecer Tamino ha oído hablar de ella); al ver a la serpiente se asusta pero pretende que él la mató de un golpe. Entran las Damas y por mentir le ponen un candado en la boca y dicen a Tamino que ellas la mataron. Le muestran el retrato de Pamina; si le gustan sus rasgos "estás destinado a la felicidad, honores y fortuna". Al irse las Damas, les marcaron que se despidan con risotadas baratas. Tamino canta su admirable aria, "este retrato es maravillosamente hermoso": Tamino fue el uruguayo Nazareth Aufe, alto y fuerte de aspecto y seguro en el canto, pero más un tenor spinto que un lírico, como requiere Tamino. Las Damas vuelven y le cuentan que la chica del retrato es Pamina, hija de la Reina, y que un malvado, Sarastro, la raptó. Fuertes ruidos (aquí sí los efectos son útiles), las montañas se abren y aparece la Reina en su Recitativo y aria, donde ataca a Sarastro y  dirigiéndose a Tamino asegura que él será quien rescate a Pamina y ella será suya. En la época de Mozart los compositores escribían según las habilidades del o de la cantante; obviamente la intérprete de la Reina era capaz de perfectos sobreagudos y de canto florido y sin embargo de dar a su canto intensidad dramática; por eso este rol, breve (sólo dos intervenciones como solista y luego en conjunto hacia el final) es de los más difíciles del repertorio. El día de la cuarta función lo cantó Laura Pisani e hizo un muy buen  trabajo; tiene un timbre intenso, llega a las notas muy correctamente y luce atrayente, en un lindo vestido oscuro. Me enteré que días antes la titular del primer reparto, Oriana Favaro, había sufrido una inesperada indisposición y fue necesario esperar hasta que se repuso. La Reina vuelve a entrar en la montaña, que se cierra. De inmediato entran las Damas y tras un minuto de Papageno cantando con la boca cerrada lo perdonan y le sacan el candado. Amplio Quinteto de las Damas con los dos hombres. Empiezan con una positiva declaración masónica (qué raro que provenga de las Damas opuestas a Sarastro): "Si todos los mentirosos recibieran un candado en su boca, en vez de odio, calumnia y negra bilis reinarían el amor y la fraternidad". La Primera Dama entrega a Tamino una flauta de oro: "La flauta mágica te protegerá". En cuanto a Papageno, que debe acompañar a Tamino: la primera Dama le entrega el Glockenspiel (juego de campanillas) que será su protección. Además, "tres niños, jóvenes, hermosos y sabios serán vuestros guías, seguid solamente sus consejos".

            Cambio de escena a una habitación del Castillo de Sarastro. Esclavos encadenan a Pamina por orden de Monóstatos: "¡Mi odio te destruirá!"; Pamina se desvanece, los esclavos se van. Entra Papageno, no sabe dónde está (presumiblemente los Genios lo llevaron allí) ve a Pamina, la cree dormida, "hermosa joven, más blanca que la tiza", pero al ver a Monóstatos los dos se asustan y creen que el otro es el diablo; Monóstatos huye, Papageno se queda. Reconoce a Pamina (vio el retrato, entonces) y dice que lo manda la Reina y pronto llegará Tamino, que se enamoró de ella; pero el pajarero no tiene Papagena. En el bello dúo "Bei Männern" ("A los hombres"): ensalzan el amor; marido y mujer llegan a la divinidad. Salen juntos. Pamina fue cantada por Romina Jofré, una voz chilena bastante nueva aquí, aunque cantó Valencienne en "La viuda alegre", Alice en "Le Comte Ory" y Clotilde en "Norma" para Juventus. Lamenté no escuchar a Jaquelina Livieri, que cantó las otras tres funciones, ya que la considero la mejor soprano joven que tenemos, pero me interesó aquilatar los méritos de Jofré, que son considerables. Menuda, su voz es de buena calidad y cantó el dúo con justa afinación (menos mal, fue el mejor momento de Carasso).

            Cambio de decorado: bosque y al fondo los templos de la Sabiduría, de la Razón y de la Naturaleza. Inicio del gran Finale. Los Tres Niños (Genios) conducen a Tamino: "Este sendero te conduce a la meta: sé firme, paciente y discreto". Un acierto de Juventus: respetar que sean niños (en este caso niñas) y no adultas haciendo de niños, solución a la que se echa mano a veces porque no es fácil conseguir niños o niñas que canten bien y afinados y que tengan encanto en escena. Las elegidas con lindos trajes de genios fueron positivas tanto en su gracia escénica como en su límpido canto: Sol Sánchez Arteaga, Micaela Sánchez Artega y Abril Roitman (supongo a las dos primeras hijas del Director del Coro de Juventus, Hernán Sánchez Arteaga). Además en cada aparición estuvieron muy bien marcadas por Jaunarena, ya que están siempre saliendo de lugares que los amparan; no deben ser vistos por otros salvo a quien están ayudando; y además fueron ágiles y simpáticos como corresponde según la idea de Mozart y la deliciosa música que les asigna. "Actúa como un hombre y vencerás como un hombre"; y se retiran. Sus palabras son de acólitos de Sarastro, no de la Reina.

            Sigue un muy extenso recitativo accompagnato; Tamino solo se dice: "mi propósito es noble, alto y puro, salvar a Pamina". En dos de los templos lo rechazan, en el del medio aparece el Orador (Sprecher), bajo-barítono, mano derecha de Sarastro. Tamino expresa que busca "el reino de la virtud y el amor", pero el Orador le dice que lo "animan el odio y la venganza".  Sarastro "reina dentro del Reino de la Sabiduría". Entonces Tamino  cree que "todo es falso", que Sarastro es un tirano, "demostrado por una desgraciada mujer agobiada por el dolor". El Orador, machista, canta: "Una mujer hace poco y habla mucho". Cuando Tamino pregunta por Pamina, el Orador expresa que  su lengua "está atada por el juramento y el deber"·, pero se despide con palabras consoladoras: las tinieblas se disiparán "cuando la mano de la amistad te conduzca al santuario para cimentar una unión eterna"; y se retira. El rol del Orador, si bien breve y en recitativo, debe ser cantado por un bajo barítono  de sonido amplio y expresivo y en los grandes teatros suelen hacerlo artistas veteranos famosos; lo hacía Hotter, por ejemplo. El joven bajo Felipe Cudina Begovic es, como paradójicamente son los bajos, muy alto, y tiene medios vocales atrayentes; fraseó con buen alemán y clara afinación, dando dignidad a su intervención.

            Tamino se queda solo; monologa: "¿cuándo encontrarán mis ojos la luz?" Y voces dentro del templo le contestan: "Pronto o nunca más"; y cuando pregunta por Pamina, le aseguran que ella vive.  Tamino toca la flauta y de inmediato aparecen animales para escucharlo, según el libreto; pero aquí no ocurrió…Es la magnífica aria "Wie stark ist nicht dein Zauberton" ("Cuánto poder el de tu magia sonora, amada flauta"). En varias puestas he visto imaginativas maneras de evocar a los animales, p.ej. la del  Colón de Beni Montresor; en este caso no pasó nada… Le contesta Papageno con su flauta de Pan; Tamino sale tratando de encontrarlo; sin embargo, Papageno y Pamina entran por el otro lado; vuelven a escucharse y se alegran pero justo entonces entra Monóstatos con los esclavos. Su intención es atarlos con cadenas, hasta que Papageno toca el Glockenspiel y los malintencionados tararean, se ponen a bailar y se van. Exquisito humorismo el de Mozart. Pamina y Papageno cantan alegres hasta que se escucha al coro:"¡Viva Sarastro!"  Pamina: "le diremos la verdad".  Canto de alabanza del coro. Pamina: "Señor, soy culpable, quise huir de tu poder. Pero también porque el malvado moro exigía amor": Sarastro: "Conozco el secreto de tu corazón: amas apasionadamente a otro" (y aquí puede uno puede decir en base a qué ella ama a un Tamino que no conoce) "pero no te pondré en libertad". Pamina: "Me llama el deber filial pues mi madre…" Sarastro: "Está en mi poder" (o sea que a Sarastro afirma que controla a la Reina a distancia). Es "una mujer soberbia". Y otro machismo: "Un hombre debe guiar vuestro corazón pues sino toda mujer tiende a sobrepasar sus límites".

            Monóstatos logró encontrar a Tamino y lo trae; Tamino y Pamina se reconocen y se abrazan aunque les sea fatal. Monóstatos protesta y también señala que Papageno quería raptar a Pamina. Pide una recompensa pero Sarastro lo condena a 77 latigazos (un hombre puede morir de ese castigo). "Conducid a estos dos extranjeros a nuestro templo de pruebas: cubrid sus cabezas pues deben ser purificados". Grandes alabanzas del coro  y fin de acto. Sarastro es teóricamente para un bajo profundo ya que en el Segundo Acto debe llegar cómodamente al fa grave; también debe ser un artista de gran autoridad y muy musical, por las dos arias que luego tendrá. Walter Schwarz, todavía joven pero de amplia experiencia, tiene la presencia, un grato timbre y buena línea de canto; carece en cambio de graves bien sonoros y con volumen. El coro no es grande, de 24 voces, pero estuvo muy bien preparado por Sánchez Arteaga y cumplió con creces. Siempre que aparezcan los templos la escenografía será fija: un gran diseño geométrico con símbolos varios y una estética que parece tener algo de Klee.

            El Segundo Acto es relativamente menos bello en lo musical (demasiado canto masónico) y tiene mucho relleno hablado. No está de más mencionar dos cosas: la ópera se estrenó en un teatro popular en las afueras de Viena, "Auf der Weiden" ("En los pastos"). Y Mozart, masón como Schikaneder, compuso una cantidad considerable de música  masónica aparte de esta ópera: un excelente disco dirigido por Kertesz con la Sinfónica de Londres con el coro del Festival de Edimburgo incluye cuatro cantatas, 4 Lieder, un Himno, y una pequeña obra maestra, la "Maurerische Trauermusik" ("Música fúnebre masónica"). Otro asunto: no se aclara ni cuándo ni dónde sucede la ópera, pero Sarastro invoca a Isis y Osiris; es fácil pensar en el Egipto antiguo, donde el Gran Sacerdote tenía tanto poder como el Faraón y abundaban los esclavos. Jaunarena en el programa escribió un ensayo, "El Príncipe y la rosa". Aparte de comparar a los protagonistas con dioses de la antigüedad tanto egipcios como griegos o persas, se refiere a los masones de la logia Rosicruciana (la de Mozart) y a sus alegorías alquímicas, y también a la proliferación del número 3 y a las rosas y sus espinas. Son teorías interesantes, pero no quitan que es una ópera de magnífica música y muy dudoso argumento; creo imposible hacer una régie que resuelva sus profundos errores. Conviene mencionar también que esta masonería tiene muy poco que ver con la que cultivaron nuestros próceres.  Y que con perfil muy bajo sigue habiendo masones en Argentina.

             Acto Segundo. Se supone que la primera escena ocurre en un bosque de palmeras; nada de eso apareció en la escenografía, imprecisa y oscura. Sarastro y los sacerdotes entran en solemne procesión, mientras suena la Marcha de los sacerdotes. Se escucha el acorde  solemne de la obertura por tres veces (en el original incluye dos corni di bassetto, más graves). Hablado: Sarastro: "los dioses han destinado a Pamina, la dulce y virtuosa muchacha, a Tamino, que  es virtuoso, bueno y sabe guardar silencio. La madre de Pamina quiere destruir nuestro templo; Tamino nos ayudará a protegerlo. Que Tamino sea conducido con su compañero al atrio del templo". Y al Orador: "enséñale a reconocer el poder de los dioses". En su aria con coro Sarastro pide a Isis y Osiris que envíen el espíritu de la sabiduría a la pareja y si deben ir a la tumba, "llevadlos a vuestra morada".

            Atrio del templo, de noche, muy oscuro. Resuenan fuertes truenos (buenos efectos), Papageno se asusta, habla con Tamino. Entran dos sacerdotes; Tamino  está dispuesto a luchar por la amistad y el amor aunque le cueste la vida, Papageno no, pero si no se somete a las pruebas no tendrá una Papagena. Un pequeño dúo de los Sacerdotes es grato como música y detestable como texto: "desconfiad de la perfidia de las mujeres; éste es el primer deber de nuestra orden".  Tamino podrá ver a Pamina pero no hablarle; esa es la prueba. Tamino y Papageno se quedan solos; largo pasaje hablado, pese a que Papageno prometió no hacerlo para poder ver a Papagena. Aparecen las Tres Damas saliendo de la Tierra por magia y les asegura en un quinteto que la Reina está en el templo y que tanto Tamino como Papageno están perdidos; Tamino reconviene a Papageno y niega lo que les dicen. Desde lejos los Sacerdotes cantan que el lugar sagrado ha sido profanado. "¡Al infierno con estas mujeres!"  Y las Damas se van como llegaron. Los Sacerdotes se llevan por separado a cada uno.

            En un jardín duerme Pamina. Monostatos canta su sutil y difícil arietta en la que afirma que "una blanca es hermosa y debe besarla". Pero justo al terminar la arietta aparece la Reina y Monóstatos se esconde. Hablado: la Reina entrega una daga a Pamina para que mate a Sarastro. La Reina canta su terrible aria (por lo difícil y por el contenido) "Der Hölle Rache" ("La venganza del Infierno"), donde larga todo su odio; "Que sean destruídos los lazos naturales  si no matas a Sarastro! Dioses, ¡escuchad el juramento de una madre". Y se hunde en la Tierra.  Cantada con notable vigor y seguridad por Pisani. Hablado: Monóstatos le quita el puñal a Pamina y le requiere amor; ella se niega, él está por clavarle el puñal cuando aparece Sarastro; Monóstatos le dice: "¡Quise vengarte!" Sarastro: "Lo sé"; y Monóstatos huye. Son mucho más sanas las ideas de Sarastro en su segunda aria, de bella melodía y estrófica: "In diesen heil´gen Hallen" ("En estos lugares sagrados") "no se conoce la venganza"; "aquí se perdona al enemigo".

            Una gran sala. Entran Tamino y Papageno conducidos por los dos Sacerdotes, que se retiran.. Larga escena hablada; Tamino se calla, Papageno no. Aparece una vieja que dice tener 18 años y 2 minutos y estar de novia con alguien que tiene 10 años más; le da agua; él pregunta cómo se llama; ella huye. Aparecen los Genios; traen la flauta y las campanillas y una mesa con manjares. Delicadísimo trío; "cuando nos veamos por tercera vez la alegría recompensará vuestro coraje". Y se van. Tamino toca la flauta, aparece Pamina, Tamino le indica que se vaya (¿porqué? Está obligado a no hablar, ¿pero echarla?) También Papageno le hace gestos para que los deje. Pamina se angustia y canta su triste aria "Ach, ich fühl´s" ("Ah, siento") "que todo se desvanece…Si no sientes los anhelos del amor la muerte me dará la paz"; y se retira. ¿No podía con gestos hacerle entender Tamino que no le está permitido hablar, pero  sí ser afectuoso? Me parece un error de libreto. Jofré lo cantó correctamente pero sin sutilezas.

            Una extraña bóveda. El Coro de sacerdotes cree que el noble joven conocerá una nueva vida y estará totalmente dedicada a "nuestra orden". Traen velados a Tamino y Pamina y Sarastro (hablado) con crueldad indica a la muchacha que "éste es su último adiós"; buena manera de incitarla al suicidio…¿Y porqué Tamino le habla y dice "¡No te acerques!"? El Trío siguiente es muy atrayente en lo musical y contradictorio: Sarastro les dice: "volverán a verse en la felicidad". Ella: "¡no podrás escapar a la muerte!" Ellos: ¡Que se cumpla la voluntad de los dioses!" ¿Qué sentido tiene que estos dioses, presuntamente justos, los lleven a la muerte? Tamino: "siempre te seré fiel".  Sarastro: "Tamino debe partir".  "Nos volveremos a ver". En suma, más ambiguo imposible.

            Papageno quiere seguir a Tamino, lo rechazan; tampoco le permiten salir de dónde está. Entra el Orador: "no podrás compartir la celeste felicidad de los elegidos". Papageno: "para mí la felicidad es un buen vaso de vino"; y una gran copa surge del suelo. Orador: "¿y qué más quieres?" Y es entonces cuanto canta Papageno su tan divertida aria "Ein Mádchen oder Weibchen" ("Una doncella o una mujercita"). Ya comenté cómo quedó destrozada en esta versión. Hablado: aparece la vieja y le dice que si promete serle fiel eternamente su mujercita lo amará; sino deberá quedarse encerrado para siempre; él piensa: mejor una vieja que nada…mientas no encuentre otra; pero la vieja se convierte en una joven mujercita vestida como pajarera. El Primer sacerdote dice a la chica que debe irse, y Papageno exclama "que me trague la Tierra!" y la Tierra se lo traga…

            Y se inicia el Finale en un jardín. Aparecen los genios, que desean la paz en el corazón de los seres humanos, pero se preocupan porque Pamina está fuera de sí y la quieren observar. Entra ella con un puñal en la mano diciéndole "¿Serás tú mi novio?"  Los Genios:"Dios castigará tu suicidio". "Te mostraremos a Tamino y verás que te ha consagrado su corazón"; y ella los acompaña.

            Dos grandes montañas: en una hay una cascada y en la otra una gran hoguera. Música severa y contrapuntística previa al dúo de los Hombres en arnés (tenor y bajo con el mismo coral, "Ach Gott, vom Himmel sieh´ darein"): "El que pase por este sendero lleno de peligros será purificado por el fuego, el agua, el aire y la tierra". Tamino: "Abridme las puertas del terror, con alegría tomaré el peligroso sendero". Pero llega Pamina, y él decide que ella lo acompañe; curioso deseo el que expresa: "el destino no podrá separarnos incluso si estamos condenados a muerte". Están apoyados por los Hombres en arnés. Dúo de los enamorados: Pamina asegura  que "esparcirá rosas en la senda porque tiene espinas". Y demuestra saber algo muy importante: la flauta es mágica porque su padre la talló en una hora mágica, "utilizó las raíces más profundas de un roble milenario mientas rugía una tempestad" (por una vez, un buen toque en el libreto). Y es entonces cuando tocando la flauta (una Marcha Adagio) entran ambos y pasan por las llamas y luego por el torrente. Debo decir que la música no hace sentir que haya ningún peligro; es muy bella pero nada trágica. Por otra parte en esta puesta la sugerencia de peligro fue escasa: los efectos fueron poco interesantes. Desde adentro el Coro de Sacerdotes canta: "¡Triunfo, noble pareja! Venid y entrad al templo". Cantaron bien los Hombres en arnés Rodrigo Olmedo y Cudina Begovic (que también habían cantado el Dúo de Sacerdotes). Y muy asentados Aufe y Jofré.

            Papageno llama con su flauta de Pan a Papagena, que no contesta, en un Allegro en 6/8 que se mantiene con el mismo impulso incluso cuando piensa en suicidarse; sólo cuando cuenta hasta tres y nadie contesta  se queja en un breve Andante, que termina "Buenas noches, Mundo falso", y nuevamente son los Genios los que intervienen  y le dicen que toque las campanillas. Él lo hace, en un "Allegro" jubiloso en 2/2 y los genios anuncian la llegada de Papagena. Y allí ocurre ese famoso dúo (el momento más infantil de la ópera) con los enamorados empezando con sus "Pa-pa" antes de cantar jubilosos que tendrán muchos Papagenos. Estuvo muy bien Victoria Sambuelli, un nombre nuevo para mí (las otras tres funciones la tuvieron a Ana Sampedro).

            Bóveda subterránea. Monóstatos se unió a la Reina y las Tres damas. El Moro ayuda a la Reina por la promesa de ella de entregarle a Pamina como esposa. "Oigo ruidos terribles", dice el Moro (pero fue muy débil lo que se oyó): los sorprenderemos en el Templo. Pero en diez segundos y muy abruptamente cantan: "¡Nuestro poder ha sido aplastado, desapareceremos en la noche eterna!"  Muy mediocre la resolución del complot tanto en la música como en el texto. En la escenografía aparece el Sol  y su templo y Sarastro canta: "Los rayos del Sol han echado a la noche y derrotado la fuerza de los demonios". Coro de Sacerdotes final: "¡Gloria a vosotros, iniciados! ¡Gracias Isis y Osiris! ¡Los fuertes triunfan y son coronados por la belleza y la sabiduría con una corona eterna!". Primero Andante, luego Allegro, brillante fin de fiesta. En la puesta de Jaunarena se agregan como mera presencia las dos parejas de enamorados y como innovación tres Papagenitos picarones, biológicamente imposible pero divertido.

            Como me pasó tantas otras veces, al final me quedo con la música y relego los disparates de libreto. Y en este caso recalco la muy positiva tarea del coro y la orquesta y la dirección de Schvartzman. Más allá de las reservas que tuve, siempre me gusta la calidez y amor por la ópera de Juventus Lyrica. Les deseo un mejor 2010 con mayor apoyo de mecenas y más títulos, incluso alguno no tan trillado.

Pablo Bardin

           

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